El fútbol, una afición de riesgo… en demasiadas ocasiones

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“Le odio. ¿Por qué? Porque sí. Ojalá se lesione de por vida. ¿Le conoces? No. ¿Entonces? Es del equipo rival… ¿? ¿En serio?” La cultura del odio, como si fuese el título de un aburrido ensayo de psicología. Definitivamente es eso. Es lo que posiblemente representa la parte más negativa del deporte en general, y del fútbol en particular: el odio. Después de haber reescrito este post en un par de ocasiones mientras veo cómo en apenas dos semanas fallece un aficionado de una paliza, se produce una batalla campal en pleno Madrid, y dos aficionados del PSG son acuchillados en las cercanías del Camp Nou, se da uno cuenta de que el odio visceral no se ejercita sólo en los terrenos de juego. Hay más. Es algo que va dentro de las propias personas. Continue Reading

Futbolistas nacionalizados. El moderno eterno debate

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Vestir la camiseta de una selección nacional es algo parecido a un matrimonio: en el momento que te comprometes con una de ellas ya no tienes opción de cambiar. Vestirás esos colores “hasta que la muerte” o quizá mejor la retirada, os separe. En la práctica significa que la FIFA viene estableciendo que existen una serie de reglas que determinan las posibilidades de que un jugador no nacional en un principio del país al que pretende representar, pueda llegar a hacerlo observando ciertos criterios:

  • Como es obvio, podrá hacerlo si ostenta entre otras, la nacionalidad del país o Asociación en la que juega.
  • Si su padre/madre, abuelo/abuela, o combinación de ambas personas, nacieron en el territorio en cuestión.
  • Si ha residido en el país durante un periodo de al menos cinco años desde que cumplió la mayoría de edad.

Cuando se cumple cualquiera de esas posibilidades se abre la vía de la internacionalidad a los que se conocen en el fútbol como los “nacionalizados”. Cierto que es un debate que está muy de actualidad, pero no es menos cierto también que es uno de los debates más antiguos del fútbol profesional. Desde aquella Selección de Italia de 1934 rellena de argentinos nacionalizados por orden de Mussolini hasta más recientemente Diego Costa en España, el debate sigue abierto y muy vivo.

Son muchos los interrogantes que la utilización de jugadores nacionalizados plantea. Hay que partir de la base de que el fútbol se encuentra entre los deportes más sobreprotectores en esta faceta. No en vano, existen ejemplos en otras disciplinas deportivas que serían concebidos casi como un escándalo en el mundo esférico. Véase el caso de la Selección italiana de fútbol sala que ha llegado a convocar a más brasileños que italianos para competiciones oficiales, o la Selección española de rugby con más de diez hispanofranceses en el XV titular. El fútbol once, en su categoría de deporte rey, mantiene más reservas al respecto, principalmente a través de cupos y las mencionadas restricciones.

En España, descontando los tiempos de Kubala, Di Stefano y compañía en los que incluso el primero llegó a jugar en tres selecciones distintas, los últimos tiempos han conocido a varios jugadores, la mayoría de ellos brasileños en origen: Donato, Catanha, Marcos Senna, que han tenido cierto protagonismo, principalmente éste último en la Euro 2008 pero quizá ha sido Diego Costa el que ha elevado el debate un peldaño por encima, sobretodo por ser quizá el único de ellos del que se esperaba algo más, ser un referente en un momento delicado en el que España carece de una referencia arriba como había tenido hasta ahora.

Sin embargo, las cosas no han salido como se esperaban, ni a nivel de juego ni a nivel de resultados. En el caso del hispanobrasileño se han escrito ríos de tinta que no han hecho sino desembocar en océanos tras el escaso resultado de su elección. Y por ello se plantea de nuevo la idoneidad de elecciones así por encima de posibilidades más locales. Es un debate espinoso y complicado que cae con facilidad en el terreno de lo extradeportivo. Todavía se recuerdan las recientes palabras de Jack Wilshere, jugador del Arsenal, respecto de la posibilidad de seleccionar al belga de origen Adam Januzaj con Inglaterra (que por cierto es seleccionable con Bélgica por nacimiento, Albania por ascendencia, Turquía por sus abuelos, Serbia por la disputa territorial que existe con Kosovo, el lugar de nacimiento de su padre, y con el propio Kosovo si algún día es admitido por la FIFA): “Tenemos que recordar qué somos. Somos ingleses. La selección inglesa debería estar formada sólo por ingleses. Si tú has vivido en Inglaterra durante cinco años, para mí, eso no te hace inglés. No debería jugar”. Al margen de la identidad nacional, una selección se compone de los mejores jugadores que, en opinión de su seleccionador, puede disponer. Pero, ¿dónde se encuentra la unión o separación de una cosa u otra? Y no son pocos los países que conviven con ello. Alemania nutre sus filas con asiduidad de jugadores de origen tanto turco: Ozil, Khedira, Gundogan, como polaco: Podolski, Trochowski o su máximo artillero, Miroslav Klose. O Francia, que por su historia colonial reciente, nutre sus filas de jugadores de origen norteafricano: Zidane, Djorkaeff, Desailly, Vieira etc.

En ambos casos, el debate es siempre muy vivo aunque sin llegar a los tintes que, en ocasiones, ha alcanzado en Italia en donde los sectores más conservadores o, por qué no decirlo, fascistas de los tiffosi, han manifestado en varias ocasiones su rechazo a los jugadores no oriundos como por ejemplo Balotelli, Amauri u Osvaldo, mediando motivos poco éticos. Pero volviendo al ámbito deportivo, al jugador nacionalizado se le suele exigir un extra que constituye ese “favor” de conseguir la posibilidad de jugar en una selección que por pasaporte no le correspondería. Justo o no lo cierto es que suele constituir una conditio sine qua non para poder enfundarse la camiseta. Así se vio en España recientemente. Diego Costa no pudo dar en la Selección el nivel que atesora en el Atlético de Madrid, cuando incluso era más que evidente su poca adaptación al juego del Equipo nacional. Ello unido a la aparente obsesión por su convocatoria puso en el disparadero al jugador, a del Bosque y a la Federación de forma evidente e innecesaria. La cuestión era por tanto pensar en si tal vez existía la posibilidad de no rizar el rizo en exceso tirando de la nómina de jugadores nacionales. Al no optar por ello la herida sólo se hizo mayor.

Lo interesante de un post sobre esta temática es el debate que genera, imposible de cerrar pues ambas posibilidades; nacionalizados o no, generan suficientes argumentos a favor y en contra. Como ya he dicho, en España siempre funcionaron hasta fecha reciente (un total de cuarenta jugadores a lo largo de su historia) pero en un país con unas bases y unas categorías inferiores tan numerosas y suficientemente dotadas de talento, el debate es imposible de cerrar definitivamente, y así va continuar con total seguridad.

Como curiosidad final, añadir que entre las grandes selecciones mundiales sólo Brasil y Argentina suelen guardar con mucho celo el origen nacional directo de sus jugadores convocados.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

Llamémoslo el “Síndrome Dortmund” por ejemplo

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Fichaje arriba, fichaje abajo. Rumores y más rumores. Es verano y lo interesante todavía no está en los terrenos de juego sino fuera de ellos, en los periódicos y telediarios. De momento, los Carranza, Teresa Herrera, giras americanas y tal, sirven de relleno para el espectador y de rodaje para los equipos que empiezan a engrasar la maquinaria de cara al nuevo curso.

Como suele ser habitual, es la época del cambio de cromos, algo lógico y necesario en la estructura deportiva de cualquier equipo profesional. Cubrir carencias, reforzar posiciones y dar salida a los jugadores descartados. Sin embargo, no es tan simple como eso ni tan mecánico como debiera ser. Existen tendencias, intereses ocultos extradeportivos, marketing, ejercicios de poder, que influyen notablemente en el trasiego de jugadores de unos equipos a otros. Una de esas tendencias que me apetece mencionar aquí es lo que llevo tiempo denominando el “síndrome Dortmund”. Dicho síndrome, que desde luego no aparece en ningún tratado médico por supuesto, nos dice que los pequeños y medianos equipos que consiguen despuntar en las competiciones (tanto nacionales como internacionales) son automáticamente carne de cañón de los equipos poderosos siendo desmantelados apenas meses después de tocar su techo personal y deportivo.

Significa en la práctica que los equipos punteros (y con potencial económico) pescan en los equipos medianos que han destacado notablemente en sus competiciones domésticas e incluso europeas. Por eso hago referencia al Borussia Dortmund, porque hasta la reciente irrupción del Atlético de Madrid, del que ahora comentaremos, ha sido el máximo exponente de lo que supone crear un proyecto deportivo, a veces casi de la nada, y que llegado su culmen es imposible darle la necesaria continuidad. El factor preponderante por supuesto, es el dinero. La calidad de los grandes equipos siempre seduce al perfil de jugador pequeño, desconocido hasta la fecha que de repente es el foco de atención de media Europa. Pero no es menos cierto, que esos “grandes” ofrecen cantidades que los equipos pequeños no pueden ni siquiera plantear. Ahí reside el poder real del mercado.

Centrándome en el equipo alemán, Dortmund vivió hace bien poco grandes años reverdeciendo los éxitos de mediados de los noventa. Dos Bundesligas consecutivas anunciaban el resurgimiento del equipo del Ruhr que en 2013, saltaba a las portadas fuera de las fronteras alemanas tras destrozar al Real Madrid en las semifinales de la Champions League. Aunque no pudo cerrar su temporada con la segunda Copa de Europa de su historia, medio mundo se hizo eco del excelente (y económico) proyecto deportivo comandado desde el banquillo por el excéntrico Jürgen Klopp. Pero con ello, algunas de sus piezas esenciales hicieron las maletas. Y lo que es peor, de la manera más sangrante posible con Robert Lewandowski y Mario Götze poniendo rumbo a Munich, al archienemigo Bayern. Previamente Kagawa y Nuri Sahin entre otros ya habían puesto rumbo a diversos destinos. Y en el verano actual, jugadores como Reus, Gundogan o Hummels son objeto de constantes rumores de traspaso. Lo cierto es que la contención económica del Borussia, (alrededor de 50 millones de euros anuales en fichas), si bien no sirve para retener jugadores, consigue mantener las cuentas del Club en números positivos, cuestión que a la larga es fundamental. En Dormund lo saben y asumen esa forma de trabajar. Son grandes gestores deportivos y económicos con gran facilidad para fichar jugadores de perfil alto por poco dinero.

Pero lo cierto es que esa tendencia causa pesar en el aficionado que llega a ver cómo sus ex jugadores engordan su palmarés en otros clubes. El ejemplo más actual de esta tendencia es el Atlético de Madrid. Cierto es que los fichajes que está realizando pueden cubrir con creces lo perdido. Pero hasta que lo demuestren en el campo la pérdida es palpable. El Cholo Simeone y su famosa mano ha conseguido poner al Atlético en lo más alto de España y, por los pelos casi consigue colocarlo en lo más alto de Europa. Sólo ha sido una temporada (por el momento) pero ya ha servido para convertir a la plantilla en otro objeto de deseo de medio continente. Y la verdad es que, de momento, las bajas han sido importantes, principalmente: Villa, Diego Costa, Filipe Luis, Courtois y Adrián. Tiago no se ha marchado finalmente por la espantada del Chelsea que por cierto sí se ha hecho sorprendentemente con los servicios de dos de estos jugadores. No es de extrañar teniendo en cuenta el estilo tan rocoso de Jose Mourinho, que ha visto en el defensivo Atlético de Simeone las cualidades necesarias para reforzar el equipo inglés (63 millones de euros en las arcas atléticas). En todo caso, los rojiblancos lo tienen algo complicado a pesar de los excelentes refuerzos. La sensación general es de ruptura del bloque y por tanto de la continuidad en la misma linea, algo que finalmente se confirmará o no con el paso de los meses.

Un año atrás había sido el Málaga el equipo revelación del año llegando incluso a cuartos de final de la Champions League a un suspiro de dejar en la estacada al Borussia Dortmund. A finales de temporada, los problemas económicos y las expectativas levantadas hicieron que sus jugadores franquicia: Isco, Toulalan, Demichelis o Joaquín, abandonasen el equipo rumbo a ofertas más tentadoras con el consecuente descenso en los resultados.

De la misma forma, otro equipo víctima de sus éxitos ha sido el Athletic de Bilbao que ha visto como varias de sus piezas clave de los últimos años abandonaban la entidad. Tal es el caso de Llorente, Ander Herrera o Javi Martínez que ficharon por equipos punteros del viejo continente.

Fuera de España el caso más común es del Ajax de Amsterdam, equipo con una de las mejores canteras de Europa y que es víctima siempre del flojo nivel del fútbol doméstico holandés. La lista de jugadores salidos de su cantera es inmensa, por nombrar algunos de la última década: Ibrahimovic, Sneijder, Van der Vaart, Van der Wiel, Huntelaar, Chivu, Luis Suárez o Eriksen. Pero lo cierto es que durar en el equipo, duran poco. La última época dorada se cerró a mediados de los noventa con las dos finales de Champions consecutivas jugadas en 1995 y 1996 bajo el mando de Louis Van Gaal. Su marcha supuso el desmantelamiento paulatino del último gran Ajax que practicamente acabó jugando de nuevo de la mano del holandés, pero en el F.C Barcelona a donde llegaron un gran número de integrantes de aquel equipo Campeón de Europa (Los De Boer, Kluivert, Litmanen, Reiziger etc). Hoy día sigue siendo un equipo vendedor, muy bueno en ese aspecto, pero incapaz de mantener un bloque ganador.

En definitiva los (des) equilibrios de poder perjudican a los equipos que tienen menos frente a los equipos que tienen más. No es una invención actual pero con la globalización del fútbol y la incursión de nuevos factores como son los grandes inversores, principalmente de Oriente Medio, las diferencias se vuelven en algunas casos insalvables para el pequeño club, afectados muchos por la crisis económica. La actitud del jugador frente a esta situación sigue siendo fundamental y la tendencia suele ser bastante evidente. Como dice el refranero, poderoso caballero es Don Dinero, y aunque hay jugadores que cambian de aires exclusivamente por metas deportivas más altas, lo cierto es que no suele ser la tónica habitual. Ojo, no es algo criticable siempre que el rendimiento del jugador sea siempre acorde a lo que se espera de él en cada equipo y nunca menos que eso. El problema quizá se queda en el aficionado medio, ajeno en la práctica a todos estos movimientos pero curiosamente más unido que nadie por el vínculo emocional que se genera con su equipo. Este año quizá ha sido el aficionado rojiblanco. Quién sabe cuál será el año que viene.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

Crónica de una muerte, ¿anunciada?

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La peor de las pesadillas para España se dejó caer por Salvador de Bahía. Y no era precisamente esa Selección de color azul que todos sabemos que en realidad viste de “Oranje”, que también. Era en cambio ese viejo recuerdo, esa vieja sensación que la Roja no sentía desde que aquel desastroso partido frente a Irlanda del Norte. Sí, aquel encuentro en 2006 que le costó la internacionalidad a Raúl González y por poco el puesto a Luis Aragonés.

El problema ayer no fue la humillante derrota (que un poco sí) porque es evidente que no existe esa diferencia entre España y Holanda. Ya quisieran. Lo problemático de verdad fue las carencias, esas sensaciones incómodas que hasta ahora se comentaban entre los pasillos en voz baja para que nadie de fuera se enterase. Cansancio, desidia en ciertos casos, malas decisiones y cambios tácticos son algunas de las cuestiones que deben preocupar y mucho en los próximos días. El equipo salió con una cara medianamente reconocible y terminó sin alma, con los holandeses jugando a otro ritmo, con una facilidad que asustó a propios y extraños. La primera parte se salvó. No era la España que suele acostumbrar al público español: tocaban menos y llegaban más a portería. Vale, luego se echaba de menos el remate pero bueno, era algo distinto a lo visto anteriormente. La Selección buscaba acostumbrarse a buscar a un nueve arriba, Diego Costa. No era su estilo pero terminó funcionando en cierta manera. El hispano brasileño acabó teniendo oportunidades, aunque marradas, e incluso se llevó de premio un no penalti y el 1-0. Pero lo siguiente fue el paso al purgatorio con un balón tremendo que Iniesta filtra entre líneas para Silva que pica ante la salida de Cillessen en vez de optar por una opción más sencilla y el esférico se marcha fuera.

Y a partir del minuto 44, llegó el infierno, disfrazado de Robin Van Persie surcando el cielo de Brasil. Van las claves:

1. Defensa. Ese balón cae a Van Persie sin ninguna oposición. Primer índice de que algo va mal. Ni rastro de los centrales, ni rastro de los laterales, primera ocasión de varias en la que Holanda va a buscar la espalda de España y la va a encontrar en unos huecos monstruosos. Ramos y Piqué horrorosos ayer. Del sevillano, cuesta entender cómo fue superado de esa manera por Robben, de Piqué se evidenció enseguida el flojo nivel de toda la temporada. Pero no eran los únicos que debían estar y no lo estaban. Azpilicueta y Jordi Alba aportaron en las jugadas de ataque pero desaparecieron como por arte de magia a la hora de replegarse. Ramos y Piqué tienen su parte de culpa pero la defensa de España también fue de dos, y no de cuatro como hubiera debido ser.

2. Busquets. Desaparecido en su conexión con los centrales. Suyo es la labor de filtrar el fútbol ofensivo de España en la transición ataque-defensa pero también ha de ser fundamental en el factor defensa. Y no lo fue. Al igual que Azpilicueta y Jordi Alba, Busquets no apareció atrás. Los resultados se tradujeron en huecos inmensos y galopadas increíbles de uno de los mejores extremos del mundo, Arjen Robben.

3. Casillas. El santo, san Iker. Ayer no lo fue. Hay que ser honestos. Su partido fue desastroso. Dos pasos atrás en el remate de Van Persie y ese balón no habría entrado. El segundo gol del holandés llega precedido de otro error garrafal en el control del español. Y por último, en el tercer gol, aun existiendo falta en el salto, Iker mide mal y se come el balón. En definitiva, no estuvo a la altura, al margen por supuesto de su nivel etc, que es indiscutible, pero no, ayer Iker no fue Iker.

4. Mala gestión de los cambios. Una de las claves de la debacle en la segunda parte fue la salida de Xabi Alonso del campo. Nunca fue más holandés el medio que desde el momento en el que el tolosarra dejó el terreno de juego. Con Busquets desubicado, ese cambio fue la perdición. El momento de Pedro llegó tarde, igual que el de Torres que, para colmo, volvió a desesperar con un fallo garrafal en un momento en el que, con el partido perdido, el golaverage se convertía en asunto de estado.

5. Nivel físico. Íntimamente relacionado con lo anterior, Xabi Alonso fue sustituido porque tampoco daba más. Era necesario pero no estaba al cien por cien. Y Holanda mientras, corriendo como una exhalación hasta el minuto 90. La sensación de sentirse superados fue creciendo con el paso de los minutos hasta convertirse en una situación alarmante.

6. El efecto Martino. En sintonía con la temporada del Barça, los jugadores blaugranas, claves siempre en la columna vertebral de esta Selección, estuvieron desenchufados. Dichos ya Piqué, Busquets, y Jordi Alba, Xavi también anduvo muy lejos de su mejor nivel, muy apagado, e Iniesta igual, contagiado por la debacle que se construía a su alrededor, poco o nada podía hacer por revertirlo.

7. Extramuros. Lo peor para España no se encuentra ahora dentro del terreno de juego sino fuera. La presión, las críticas, las burlas incluso, van a caer como una losa en el grupo, guste o no. Aunque sean profesionales como la copa de un pino las críticas duelen, y mucho. Y más después de encajar un resultado así. De ellos mismos depende salir de ésta y volver a la senda de la victoria.

8. Señalados. ¿Los hay? Puede. Sin duda de hecho. Pero el peor momento para apuntar con el dedo es justo ahora. Que del Bosque debe plantearse ciertas demarcaciones y esquemas es algo seguro. Pero también es seguro que falló el colectivo al completo. Si hacen falta cambios será plantearlos con tacto o los jugadores “señalados” quedarán fuerísima del Campeonato a nivel anímico.

9. “Tranquilidad”. Es de largo la peor derrota de España en un mundial desde Brasil 50, cuando los cariocas endiñaron un 6-1 a la Selección comandada por Telmo Zarra. Pero eran otros tiempos. Y lo que es fundamental, da igual uno que cinco, que la derrota vale cero puntos. Dos victorias bien gestionadas ante Chile y Australia y con casi total seguridad la cosa seguirá adelante. No perder el norte, no darse ya por eliminados. El Mundial sigue y falta mucho pescado por vender. El vestuario debe ser una piña más que nunca.

Pero en definitiva, un castañazo colosal. Una derrota que suena a punto de inflexión como lo fue aquella fría noche de 2006 en Belfast cuando David Healy hizo el partido de su vida frente a España. Hay que terminar de recopilar todos los datos y, sobretodo, empezar a actuar en consecuencia. Del Bosque lleva dos años de retraso en el relevo generacional. Y acabe como acabe este Mundial, las consecuencias ya se han puesto en marcha. Pero eso después. Ahora toca Chile.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

Que ruede ya el balón, por favor

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Quedan horas escasas, apenas medio día. Después de cuatro años que hasta hace un suspiro se antojaban una eternidad, y de repente ya está aquí, ya está llamando a la puerta Brasil 2014, el Torneo deportivo más importante del mundo. Se disparan los nervios.

No ha sido un camino sencillo. Brasil, un país que huele a fútbol por sus cuatro costados no ha tolerado esta vez las desigualdades sociales que oprimen a buena parte de su población. Ese típico olor a competición ha sido sustituido en esta ocasión por cargas policiales, huelgas y mucho malestar social ante lo que consideran tanto despilfarro innecesario (diez mil millones de euros aproximadamente, un noventa por ciento de ellos del dinero público). Y puede que no les falte razón pero en todo caso parece que todo está listo, o casi, para que suene el pitido inicial y dentro de un mes de competición sepamos cuál será el nuevo rey del fútbol mundial. Y aquí no existen las casualidades. Difícilmente no ganará la selección que más lo merezca. Es un camino tan largo y tan empinado que sólo el alumno más aventajado levantará el trofeo, la Copa del Mundo, en su día el Trofeo Jules Rimet. Pero ojo, en el fútbol se da una característica que no existe en otros muchos deportes: ganará el mejor…preparado, el más…acertado de cara a puerta, el más…beneficiado de los errores propios y ajenos, etc etc, pero no necesariamente el mejor sobre el papel. Todo requerirá una alta combinación de factores, algunos de ellos tan azarosos casi como elegir entre cara y cruz.

En el camino quedarán repartidas las demás selecciones en una mezcla de rabia, insatisfacción y objetivos incumplidos (o cumplidos, quién sabe). Pero, ¡qué sería de un Mundial de fútbol sino precisamente eso! Esa sensación de que cada paso es un salto de gigante, de sentirse mejor que los demás ¡por qué no decirlo!, aunque sea a nivel estrictamente deportivo. ese deseo irrefrenable de abrazarte con gente que no conoces pero que comparte la misma camiseta. Todo ello es el Mundial de fútbol, el coto privado de los mejores pues no en vano sólo ocho países de las doscientas nueve federaciones que incluye la FIFA han levantado el trofeo a lo largo de más de medio siglo. Hay demasiado gallo en el mismo gallinero.

Este año parece difícil hacer un nuevo pronóstico. Se supone que Brasil parte como favorita pero la historia nos dice que los mundiales son crueles con sus anfitriones. Sólo cinco en diecinueve ocasiones han conseguido tal honor ante su público, y quedaría por ver el rendimiento de sus, en teoría, más inmediatos rivales que la mayoría señalan en España, Alemania y Argentina. Como suele ocurrir en estos casos, los pronósticos no servirán de mucho y las sorpresas llenarán portadas de medio mundo. Los brasileños defienden que todos los mundiales celebrados en latinoamérica han caído en manos de selecciones sudamericanas: Uruguay, Brasil y Argentina, pero la realidad recuerda a menudo que esa estadística es bastante obsoleta y que la aclimatación y preparación de las selecciones europeas en terreno americano es ya como mínimo tan buena como las selecciones de dicho continente.

En contrapartida, la cada vez más deficiente planificación de los calendarios mundiales, sobrecargados por motivos extradeportivos: televisiones y patrocinadores principalmente, que se están cebando lógicamente con la condición física de los jugadores. Cuesta creer que jugadores como Falcao, Ribery, Gundogan, Reus, Navas, Van der Vaart o Walcott se queden fuera de la cita. Dinero, dinero, dinero. Es lo único que parece importar últimamente en Zurich, sede de la FIFA. Veremos si, tras la resaca mundialista se toman decisiones de calado o se sigue esta misma linea. Por el bien del fútbol que sea lo primero, pero no es momento de tratarlo aquí.

Y resta decir, ya el plano estrictamente deportivo, que cada partido de la Copa del Mundo escribe y reescribe la historia de este deporte, no importa incluso que sea en la fase de grupos: Oleg Salenko anotando cinco goles frente a Camerún en el 94. Italia, con Paolo Rossi mediante, derrotando de forma prematura a la posiblemente mejor Selección brasileña de la historia en el 82 en aquel memorable partido jugado en el demolido Sarriá. La Mano de Dios de Maradona en el 86. El gol más veterano de la historia gracias al camerunés Roger Milla con 42 años, o el golazo de un jovencísimo Michael Owen con sólo 18 años ante Argentina. Y un largo etcétera. Nunca sabrás si el siguiente encuentro que sintonices pasará a los libros de historia o al olvide según termine.

Hoy, 12 de junio de 2014, comienzo un nuevo capítulo, el vigésimo de la enciclopedia del fútbol. Así que, lo dicho. Que ruede ya el balón, por favor.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

La Champions, cosa de uno, sueño de todos

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Seguramente lo único malo de una final de la Champions es que sólo la puede ganar uno. Da igual cuánto la puedan merecer ambos contendientes que uno de ellos caerá de rodillas al césped envuelto en lágrimas de impotencia y a su lado su rival lo hará pero empapado en alegría.

Así tenía que ser el sábado en un acontecimiento futbolístico inédito en los libros de historia con dos equipos de la misma ciudad disputando el trofeo de clubes más importante del mundo. Real Madrid y Atlético tenían motivos de sobra para considerarse merecedores de llevarse la “orejona” a casa pero sólo cabe por la puerta de la Sala de Trofeos de uno de ellos. Tampoco se puede trocear ni repartir. Y puesto que no existe la justicia divina en estos casos sino veintidós jugadores en un rectángulo de 105×70 metros peleando por ella, el golpe sobre la mesa lo tuvo que dar el últimamente elegido para esta clase de trabajos, Sergio Ramos, con un cabezazo inapelable ajustado al marco izquierdo al que saben los porteros, incluido el pequeño Courtois de 1.99 m que no pueden llegar aunque les vaya la vida y los sueños en ello.

Y en ese momento terminó todo, cambió un chip, una sensación extraña que le susurraba al Atlético: sólo has planteado el partido para noventa minutos. No era un error del Cholo ni mucho menos sino el sistema táctico de trabajo elaborado durante la temporada para convertir al equipo en una roca, un diamante que no ofrece un fútbol champagne pero que levanta un muro a los rivales que se vuelve tan agobiante que los termina por engullir. Pero había tres jokers en la baraja: Arda lesionado, Costa lesionado (y provocando un cambio en el minuto 9), y un planteamiento que exige un punto de físico mayor que el del rival. Si lo sumas al testarazo de Ramos en el último suspiro se cuadra un círculo de treinta minutos llamado prórroga en el que el Atlético dijo basta, se desinfló y pareció buscar los penaltis desde el primer instante. Esa combinación de factores le costó la Champions a los rojiblancos.

Al otro lado del área técnica, en los terrenos de Ancelotti, experto ya en estos trabajos (dos trofeos como jugador, tres como entrenador), las cosas no fueron una alegría digna de la ocasión. Casillas no fue santo esta vez y el descanso, con gol de Adrián perdonado incluido, anunciaba nubes de tormenta. Sin embargo, una buena lectura del partido por parte del italiano le llevó a a sacar con mucho acierto a Isco, Marcelo y Morata, que a la postre darían el plus necesario para llegar vencedores a la meta.

Pero antes de atravesar la bandera a cuadros, quedaba empatar y, por extensión, luchar contra la historia de un Real Madrid que ha absorbido e interiorizado la cruel evidencia de que o gana o fracasa. La palabra “Décima” era el mayor objetivo del madridismo y a su vez la mayor losa que podía tener. Es el único equipo de Europa que cuenta con los dedos sus Champions y añade deliberadamente uno más porque terminado uno, nace automáticamente el siguiente objetivo, la siguiente, la undécima en este caso. Es como poner un contador a cero. Han sido doce años y 120 minutos de juego, y una vez finalizada la resaca de la victoria, y cuando pase el Mundial y llegue la pretemporada, ahí estará, como un chiquillo impaciente esperando su oportunidad, el reto de la siguiente Copa de Europa. Si pudiese ser objetivo con lo que escribo apuntaría a decir que es un poco insano vivir así pero luego uno se da cuenta de que lo que mantiene vivo al Real Madrid es precisamente eso, ganar porque lo desea tanto que hasta enferma si es necesario con tal de conseguirlo generando un éxtasis que no sería posible sin ese sufrimiento previo.

Y en la vertiente atlética, la suerte quiso ser esquiva con ellos otra vez. Eso no le quita un ápice de éxito y méritos a lo que han realizado pero deja un regusto amargo que cualquier aficionado percibe. Hace cuarenta años fue un central alemán de nombre impronunciable con el dorsal 4 a la espalda el que les arrebató la gloria. El chico que lo hizo este mismo sábado también es central, lleva el 4 pero nació algo más cerca, en un pueblo de Sevilla. Cerraron Bale, Marcelo y Cristiano Ronaldo (un excesivo castigo quizá) pero el daño lo había hecho Ramos.

En sólo tres minutos repartidos entre dos partidos separados por cuarenta años de diferencia, el Atlético se ha dejado dos Champions. Pero de eso trata el fútbol. “Fútbol e fútbol e gol e gol” como decía Vujadin Boskov en chapurrero castellano. Sólo así se escribe la mística de esta Competición. Igual el año que viene es la primera, la undécima, o la equis de alguién. Habrá que esperar.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

Yago Lamela, el rey español de la longitud, nos ha dicho adiós. D.E.P

ATENAS (Grecia) 24-08-04.- El saltador español Yago Lamela en su primer intento en la prueba de clasificación de salto de longitud de los Juegos Olímpicos Atenas 2004, hoy, en el estadio olímpico de la capital griega.- EFE/EDUARDO ABAD

No estaba acostumbrado Ivan Pedroso a que le hiciesen sombra en su especialidad, máxime cuando poseía, y posee el récord no oficial de salto de longitud con 8.96 metros. Sin embargo, aquel año 1999 un chaval español de apenas veintidós años y no demasiado conocido hasta ese momento (8.12 metros era su carta de presentación) estaba destinado a ponerle las cosas muy muy difíciles. Continue Reading

Héroes y villanos. Cuidado con los colores (III)

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Decía Jorge Valdano, todo un entendido en esto del arte del fútbol, que “Todo equipo que trata bien el balón, trata bien al espectador”. Y no le faltaba razón, pero lo cierto es que el espectador por norma general es exigente y quiere más. No sólo quiere juego, quiere también sacrificio. Y cuando llevas el escudo en el corazón es más fácil darlo todo por tus colores. Así lo entiende también la grada. Después de la primera y segunda parte, cerramos con el último capítulo de héroes y villanos escogidos que cambiaron de aires no dejando así indiferente a nadie.

Robin Van Persie: Arsenal 2005-2012, Manchester United 2012-2014

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Olvidar a Dennis Bergkamp ni más ni menos. Menuda responsabilidad nada más aterrizar en pleno Londres para el joven chaval que llegaba a Inglaterra bajo el ojo de Arsene Wenger. Van Persie fichó desde el Feyenoord con la idea de ir a un grande. Y desde luego el salto era evidente. Llegar a un equipo en su cenit futbolístico, con una Premier en el bolsillo obtenida sin conocer la derrota en una temporada para el recuerdo. Llegó barato y la intención de Wenger era la de situarle en la mediapunta, escorado si fuese necesario, y siempre como el complemento ideal del gran Thierry Henry, auténtico devorador de goles.

Por entonces, años 2004, 2005 etc. el Arsenal era un equipo de títulos, no el equipo puntero que suele ser habitualmente pero sin ese plus de campeón. La hinchada londinense esperaba como agua de mayo el duelo anual contra sus vecinos de fuera de Londres, el Manchester United. Hasta Wenger y Ferguson solían darse cera de vez en cuando en las salas de prensa. Y todo eso era garantía más que suficiente para fichar por el equipo gunner. En sus primeras temporadas, Van Persie crece como jugador, y tras la marcha de Henry madura como goleador y se convierte en uno de los referentes ofensivos, ya no del Arsenal, sino de toda la Premier.

Pero de repente algo falla. Ahora Van Persie tiene veintiocho años y en ocho años con la elástica gunner acumula apenas dos títulos, una Community Shield y una FA Cup, ninguno de ellos de primer nivel. Pero el debate parece mucho más que eso. El Arsenal ha perdido su hueco entre los grandes de la Premier. El Manchester United es el rival a batir, el Chelsea crece y crece y el Manchester City es el nuevo rico de la competición y se encuentra cerca de dar el salto a los títulos. Y mientras tanto, el holandés martillea las redes de las porterías a base de goles de todos los colores y se lleva la Golden Boot inglesa con treinta dianas y el trofeo al mejor jugador de la competición.

Si algo era una realidad en el verano de 2012 era que Van Persie no tenía intención de renovar. F.C Barcelona o Juventus de Turin suenan con fuerza como posibles destinos. Pero durante una rueda de prensa confirma los funestos presagios: el Manchester United también está en la puja por el holandés.  Y en efecto, finalmente el 15 de agosto de ese mismo año se hace oficial, con veinticuatro millones de libras de por medio. Van Persie jugará en Old Trafford las próximas campañas. Y las reacciones no se hacen esperar aunque bien es cierto que son difíciles de catalogar. Un sector importante de la grada comprende la decisión de cambiar de un equipo estancado a otro ganador de títulos. Otros piensan lo mismo pero mascullan entre dientes que bien podría haber sido otro equipo y no los Red Devils. Y por último, el sector de la grada que no dudó en catalogarle de traidor. Igual que pasó con Mario Gotze, la red se llenó de mensajes de odio hacia el jugador e incluso de vídeos de aficionados quemando su camiseta. Incluso en noviembre de ese mismo año, Andre Santos, defensa gunner fue muy criticado por pedirle la camiseta a Van Persie al final del primer duelo de la temporada entre Manchester y Arsenal.

Aún hoy, hay sectores de aficionados a los que les hierve la sangre, aquellos que entienden que mentía al hablar del club de sus amores y que lo abandonó únicamente por dinero.

Andrea Pirlo: Inter de Milan 1999-2001, AC Milan 2002-2012, Juventus de Turin 2012-2014

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Al igual que hiciese Zlatan Ibrahimovic durante su carrera, Andrea Pirlo también puede decir que ha jugado en los tres grandes de Italia en algún momento de su carrera deportiva. En el caso del genial jugador italiano, con sólo diecinueve años salió de Brescia para recalar en las filas del Inter de Milan a finales de los noventa. Quién sabe qué carrera habría podido desarrollar allí. Como afirmó recientemente el propio Pirlo, podría haber llegado a ser una leyenda. Pero no lo fue. Marcello Lippi, su valedor fue destituido en octubre de 2000 y sucedido por el mítico jugador Marco Tardelli. Tardelli no vio en Pirlo las cualidades necesarias (quién lo diría…) y cansado de estar en el banquillo se marchó cedido a Brescia durante el mercado de invierno. El jugador siempre afirmó sentirse muy frustrado en aquella época.

A final de temporada dejó el Inter y firmó sorprendentemente por el rival de la ciudad, el AC Milan por diecisiete millones de euros. Su traspaso no estuvo exento de polémica sobretodo por acusaciones de falseo de cantidades en los movimientos de ciertos jugadores. Pero sea como fuere, su cambio de aires convirtió a Pirlo en el mejor centrocampista italiano de la época pasada con dos Champions y dos Scudettos en su haber. La fidelidad de Pirlo quedó patente cuando tras marcharse Carlos Ancelotti al Chelsea se le ofreció la oportunidad de acompañarle al club londinense y la misma fue rechazada. El propio Berlusconi afirmó que Pirlo terminaría su carrera en Milan.

Sin embargo,  tras diez temporadas, la titularidad del jugador quedó cortada y el 18 de mayo de 2012 anunció que abandonaba el Milan tras llegar a un acuerdo con la dirección del equipo lombardo, con el que aún le quedaba un año de contrato. Uno de los motivos de la marcha de Pirlo del Milan radicaba en las pocas oportunidades concedidas por Massimiliano Allegri, técnico milanista, que parecía preferir a Van Bommel y Ambrossini en esa demarcación. El destino era su rival del norte, la Juventus de Turin que comenzaba una revolución en la plantilla con el fin de alcanzar cotas más altas.

El internacional italiano explicó que se siente “a gusto” en su nuevo club, cuya camiseta “representa años de gloria y de historia”. Por ello, siente “una legítima sensación de orgullo” por vestir de blanquinegro “después de jugar durante tantos años con la del Milan, equiparable en cuanto a historia y tradición”. “Estoy contento. Incluso diría que feliz”

Lo cierto es que, si bien algunas voces le tildaron de traidor, su época en Milan había terminado y era justo concederle el cambio de aires a un equipo donde con la treintena más que superada, sigue rindiendo a un nivel de escándalo. De hecho, la afición rossonera lo que todavía se pregunta es por qué le dejaron marchar. El club argumenta que fue porque quería mucho dinero y muchos años de contrato. La Juventus le pagó los cinco millones que el Milan AC le negó y ahora le parece barato. Más de uno aún fijo que se tira de los pelos.

Luis Enrique: Real Madrid 1992-1996, F.C Barcelona 1997-2004

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La traición por excelencia en España. Seguramente nadie ha despertado un odio tan exacerbado en un equipo como Luis Enrique para los aficionados del Real Madrid. Una historia diríamos de amor – odio – odio – odio, que se fraguó con su marcha al F.C Barcelona. Pero antes de eso, fue un canterano notable que empezó a destacar en el Sporting de Gijón cuando apenas era un chaval. Tras una buena temporada con buenas cifras goleadoras y una clasificación para la UEFA bajo el brazo, recaló en el Real Madrid por 250 millones de pesetas.

No es que fuese el crack de aquella plantilla pero con Jorge Valdano en el banquillo, Luis Enrique adquirió el nivel que no había conseguido previamente con Benito Floro y Radomir Antic, quizá porque ellos le obligaron a jugar en demarcaciones que no eran la suya natural. Su clímax madridista llegaría en 1995 con el famoso 5-0 al Barça en el Bernabeu en donde anotó el último de los goles celebrado además con una espectacular efusividad.

Pero al año siguiente, su progresión se cortó en un año difícil para el madridismo que vio como su rival local, el Atlético de Madrid levantaba Liga y Copa, mientras en el conjunto blanco Jorge Valdano y Ramón Mendoza salían por la puerta de atrás y el Madrid ni siquiera se clasificaba para Europa. Luis Enrique finalmente no fue renovado y firmó por el F.C Barcelona, el archienemigo. “Estoy muy ilusionado. Estamos todos muy felices. Es una nueva etapa para mí y para el club”. “He concluido un ciclo que respeto hasta finales de junio y luego empezaré otro”. Johan Cruyff avaló su fichaje y se concretó finalmente con Bobby Robson, su sustituto. “No le conozco (a Robson), pero yo ficho ante todo por la institución”.

Muy rápido comenzaba a olvidar su etapa en el Real Madrid, algo que a su antigua hinchada comenzaba a mosquear enormemente. Pero es que en efecto, así fue. Su rendimiento y entrega creció de forma exponencial lo que también también enfadó a su antigua afición que empezó a sentir un odio en expansión hacia él. Dos goles anotó frente a los blancos durante su carrera blaugrana, goles que fueron celebrados como si no hubiese un mañana. También se recuerdan sus palabras tras el famoso 2-6 en el Bernabeu en donde no dudó en calificarlo como un orgasmo futbolístico.

Pero su verdadero orgasmo futbolístico llegó en su primer clásico como jugador blaugrana frente al Real Madrid en el Bernabeu. Aquel partido fue una caldera y Luis Enrique pudo comprobar de primera mano el “cariño” que le profesaba la afición. Pero lo que incendió a la grada fue su propio gol celebrado estirando la camiseta para que se viese bien y finalizado con su gesto torero. Escupitajos y botellas llovieron al césped. La imagen dio la vuelta al mundo. Un escenario de odio sólo comparable al de la hinchada culé  contra Figo años después. Y por si no fuese suficiente, llegaron las famosas butifarras de un Giovanni, que contagiado por el ambiente y por el 2-3, dedicó a la grada. Dos partidos de sanción le cayeron por ello. Si no lo había hecho antes, aquel día Luis Enrique selló su relación de odio con el Madrid convirtiéndose en el chaquetero por excelencia.

Luis Enrique jugó unos cuantos años en el Real Madrid y nunca lo hizo con la entereza y calidad que empleó posteriormente en el F.C Barcelona. Ni tampoco con el corazón que le ponía a los colores blaugranas. Y eso le convirtió en el traidor por antonomasia para los madridistas en donde muy muy pocas voces entre la afición guardan alguna palabra minimamente de cariño.

Y así termina esta pequeña saga de héroes y villanos (que seguro que hay más, tantos como las aficiones consideren) y que agradezco un montón a Patri Galiana por haberme inspirado a escribirla.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

Héroes y villanos. Cuidado con los colores (II)

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Da igual que pase uno que diez años. Hay traiciones que no llevan fecha de caducidad y se graban a fuego en una ciudad o peor aun, pueden incendiarla. Después de la primera parte, van aquí tres nuevos ejemplos de esos que ponen a prueba la fe de los aficionados en los jugadores de su club.

Roberto Baggio: Fiorentina 1986-1990, Juventus de Turin 1990-1995

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Aquella fatídica semana de mayo de 1990 fue el desenlace de lo que llevaba ya un largo tiempo fraguándose entre chismes, rumores y susurros. El día 16 de ese mes, el rico vecino del norte de Italia, la Juventus de Turin, había conseguido llevarse la final de Copa de la Uefa haciendo bueno el resultado de la ida (Se jugaba a doble partido). En Florencia no sobraba el dinero pero tenían a un jugador que era puro talento y que bastaba para hacer soñar a la afición, un tal Roberto Baggio, que llegó al equipo viola siendo un completo desconocido y con una gravísima lesión de rodilla que ponía en serias dudas su carrera, y que sin embargo salió adelante para convertirse en uno de los jugadores italianos con mayor talento de aquellos años. Su dupla atacante con Stefano Borgonovo, conocida como B2, había puesto a la Fiorentina en el panorama del fútbol tras muchos años de oscuridad. Sin embargo, las cosas iban a volver a tornarse de ese tono a mediados de ese año.

Los aficionados llevaban cuarenta y ocho horas digiriendo la derrota que hubiera supuesto su segundo gran entorchado europeo tras la Recopa de 1961. Pero para lo que no estaban de humor era para digerir la noticia que se iba a hacer oficial ese mismo día 18: Roberto Baggio ficha por la Juventus de Turin por un precio de trece millones y medio de dólares, récord histórico hasta la fecha. Il Codino, Il Divino les deja para marcharse a otro club, el club rico que le puede ofrecer “todo” lo que no le permite conseguir la Fiore. La radio lo hace público y en apenas unos minutos los tifosi comienzan a llegar a las oficinas del Club y a su Estadio, el Artemio Franchi. No están precisamente de buen rollo. “No mientas Baggio”, habían advertido los medios de prensa locales los días previos. Pero realmente no mentía. La operación se había llevado entre el más absoluto secretismo a pesar de los lógicos rumores. Flavio Pontello, il Conte, un empresario del mundo inmobiliario, tradición familiar, había tomado las riendas del equipo viola en los ochenta y su gestión no había sido todo lo buena que cabía esperar. Vamos que no tenían un duro. Económicamente hablando, esta operación se adivinaba casi necesaria para el Club, o al menos para sus arcas.

Mientras tanto, el caos toma Florencia. Los tifosi agrupados delante de las propiedades del Club comienzan una fuerte trifulca contra los antidisturbios. Van a ser tres días muy largos en la ciudad de Leonardo da Vinci, tres días de cargas, disturbios, más de cincuenta heridos y varios detenidos. Cuando las cosas se pacifican un poco, Baggio declara: “¿Por qué la Juve? Porque lo ha decidido el presidente. No me ha dado otra alternativa”. “Me han forzado a aceptar el traspaso”. El fichaje está cerrado. ¿Traidor? Difícil considerarlo. El propio jugador seguramente era sincero cuando afirmaba que no quería marcharse y el ambiente de crispación fue más culpa de la propia Fiorentina que desmintió sistemáticamente la operación mientras de puertas hacia dentro se cerraba el acuerdo definitivo. Cabe decir que el propio Baggio, un jugador de pocas expresiones faciales, se veía nervioso el día que volvió por primera a la que antaño fue su casa. Es más, él mismo se negó a tirar un penalti pitado a favor de la Juve: “Me he entrenado mucho con Mareggini y sabe muy bien como tiro los penaltis”. No coló. Se negó a tirarlo y cuando fue sustituido un tifosi le tiró una bufanda de la Fiore. Baggio ni corto ni perezoso, la recogió, la besó y se la llevó con él. La afición de la Juventus, que siempre tuvo algunos reservas con él, confirmó sus sospechas aquel partido, aunque la gran carrera deportiva que desarrolló en Turin tapó cualquier atisbo de duda al menos en cuanto a su dedicación y esfuerzo al Club.

Lo dicho, ¿Traidor? u obligado por las circunstancias. Complicado juicio de valor que no empaña la carrera de uno de los jugadores con más talento que ha dado Italia.

Gabriel Omar Batistuta: River Plate 1990, Boca Juniors 1991

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Peligrosa jugada la protagonizada por el goleador argentino a principios de la década de los noventa. Jugaba en Newell´s Old Boys pero era ya demasiado bueno como para no firmar por un grande de Sudamérica. Y así fue. A mediados de 1989, Batistuta dio el salto a uno de los clubes más grandes de Argentina, River Plate, donde no defraudó lo más mínimo. Sin embargo, la llegada del ex mundialista a los banquillos Daniel Passarella mediada la temporada, cortó la progresión del jugador, aparentemente sin ninguna razón específica. De acuerdo con el propio Gabriel nunca tuvieron diferencias. Passarella declaró en ese momento “Cuando Batistuta encuentre un equipo que sea capaz de jugar para él, será mortal”.

Vista la dificultad real de progresar, en 1990, Batistuta cambió de aires, pero no cualquier aire, firmó ni más ni menos por el eterno rival de River, Boca Juniors. Tenía sólo veintiún años pero ya fue capaz de tomar una decisión semejante. ¿Dinero de por medio?, seguramente en parte. Al principio le resultó difícil encontrar su mejor forma, al no jugar en su posición habitual. Sin embargo, a primeros de año de 1991 Oscar Tabárez se convirtió en el entrenador de Boca, y le brindó el apoyo que necesitaba a Batistuta ubicándole en su posición natural en el centro del ataque. Entonces Gabriel se convirtió en el máximo goleador de la liga esa temporada llevando a Boca a ganar el campeonato.

Tampoco duró demasiado en su nuevo destino, una única temporada. Durante la Copa América de 1991, el vicepresidente de la Fiorentina, equipo huérfano de líder tras la marcha de Baggio, se fijó en sus cualidades y lo fichó dando paso a una espectacular carrera deportiva en el equipo viola.

Demasiado joven entonces para levantar ampollas con su traición, lo cierto es que con su edad tomó una complicada decisión que, en todo caso posiblemente le vino bien para lanzar definitivamente su carrera. Por cierto que en 1998, Batistuta sonó con fuerza para fichar por el F.C Barcelona pero su entonces entrenador Louis Van Gaal desechó su fichaje y firmó Sony Anderson con los blaugranas. No acertaron…

Carlos Tévez: Manchester United 2008-2009, Manchester City 2010-2013

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El jugador de la mitad del pueblo. En la temporada 2006/2007 el West Ham, equipo de media tabla inglés, anunció la contratación de dos de las perlas del fútbol argentino: Javier Mascherano y Carlos Tévez por una importante suma económica. Seguramente, tras la doble operación existían intereses ocultos de despachos, ajenos a los terrenos de juego, pero sea como fuere, sirvió para traer a Europa a ambos jugadores, principalmente al segundo.

Aunque en el West Ham no demostrase todo su potencial, Ferguson y el Manchester United se interesaron por él conscientes de que se encontraba en un club por debajo de sus cualidades. Las cosas no fueron fáciles pues el Inter de Milan se interesó por él y el propio West Ham impugnó la oferta del Manchester alegando que poseían un contrato que ataba al argentino al club hammer. Finalmente, se cerró un acuerdo de cesión que finalizaría en compra sí así era el deseo del propio Ferguson. Debutó con los Red Devils el 17 de agosto de 2007.

Sin embargo, ya en el año 2009 en efecto, las condiciones contractuales de Tévez hacían pensar cada vez más al jugador e incluso a la afición, que no se sentía respetado y respaldado por el Club. Y no se equivocaba, Ferguson ante “la saturación de estrellas” en el Manchester (quién lo diría en la actualidad) decidió que no era necesario renovarle. Y de hecho, no lo hizo. Ante tal situación, la afición se puso del lado de Tévez que además había justificado con creces su presencia en los Red Devils.

Y así fue como se convirtió en otro de nuestros “traidores”. El Manchester City, eterno rival de la ciudad, con las arcas repletas de dinero, puso cuarenta y cinco millones de euros sobre la mesa y una jugosa ficha. Para entonces, Ferguson, ahora presionado tras la marcha de Cristiano Ronaldo al Real Madrid, intentó retener al jugador pero ya era tarde. Tévez se negó, a pesar de que la oferta económica era bastante alta, de las más elevadas del Club. Siendo la afición el sector que más le apoyaba, finalmente terminó por ser su mayor detractor al marcharse a su histórico rival de la ciudad, y más aun apoyado por una suculenta oferta económica del nuevo jeque de los blues. Los aficionados de Old Trafford se lo han dejado muy muy claro a Tévez cada que vez que ha pisado el que fuera su terreno de juego.

Continuará…

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

Héroes y villanos. Cuidado con los colores (I)

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El que diga que el escudo no pesa, miente. No es sólo un símbolo bordado en el pecho de una camiseta. Es mucho más que eso. Que esté colocado encima del corazón no es una casualidad, eso seguro. El escudo arrastra la tradición y la historia del Club al que representa. Por eso quien lo lleva y lo pasea por los terrenos de juego de todo el mundo, hace algo más que correr y dar patadas: está reflejando la imagen de un equipo. Tal vez sea por eso que la traición no se tolera, no se permite, no cabe en el imaginario colectivo. Entienden que formar parte de un equipo es un cincuenta por ciento derecho y otro cincuenta por ciento deber.

Sin embargo, en este gremio del balón somos muchos y muy variados, y lo cierto es que el fútbol se ha vuelto un mundo complejo y complicado donde no es oro todo lo que reluce (o sí) y en donde incluso el jugador deja de tener un poder de decisión real sobre lo que acontece a su alrededor. Este post va dedicado a algunos de esos “traidores”, suponiendo que sea justo o ajustado calificarlos así, que cambiaron su escudo y sus colores convirtiéndose en héroes y villanos a partes iguales. Curiosa dualidad. Habrá una segunda parte.

Luis Figo: F.C Barcelona 1995-2000, Real Madrid 2000-2005

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Era más que evidente que Luis Figo estaría en esta primera recopilación. Curiosamente sus orígenes en España se remontan a mediados de los noventa cuando el entonces entrenador culé Johan Cruyff tanteó el mercado para hacer olvidar la marcha del talentoso Michael Laudrup rumbo al Real Madrid. A pesar de que el portugués, que militaba en el Sporting de Lisboa, había firmado precontratos con Juventus y Parma, recaló finalmente en el conjunto azulgrana. Y el resto es de sobra conocido. En Barcelona creció como jugador hasta ser uno de los ídolos de la afición culé siendo recordado su: “Blancos, llorones, saludad a los campeones”, tras ganar la Copa del Rey en el 98. Pero lo cierto es que en el aspecto contractual, Figo instó la revisión en varias ocasiones al alza de las condiciones de su contrato, presionando habitualmente incluso con su marcha.

A mediados de 2000, el panorama de Madrid y Barça era movido a nivel institucional. Nuñez apuraba sus últimos meses de mandato blaugrana tras veintidós años al frente de la entidad, récord absoluto. Al otro lado del Puente Aéreo el Real Madrid buscaba sustituto para hasta el entonces presidente, Lorenzo Sanz. El propio Sanz y un casi desconocido Florentino Pérez se perfilaban para ponerse al frente de la Entidad. Al poco tiempo de empezar, éste último realizaba una sorprendente promesa: si es elegido presidente fichará a Luis Figo de su propio bolsillo. Es más, la promesa no queda ahí, no es sólo un bulo, el precontrato existe como tal y la cosa va en serio. La polvareda empieza a levantarse y los focos apuntan directamente al portugués que durante todo el verano niega tal historia. Pero de puertas adentro la situación es bastante distinta…

Figo, había buscado una mejora de su contrato pero debido al proceso electoral, ésta no podría llevarse a cabo hasta por lo menos el mes de junio. Es entonces cuando Florentino Pérez entabla conversaciones con José Veiga, representante del portugués, y se pacta un pago de diez mil millones de pesetas para liberar al jugador de la entidad blaugrana con una cláusula por la cual si rompían ese acuerdo debían indemnizar al club blanco con la mitad de esa cuantía, tres mil millones. Sólo un notable inconveniente: Figo desconocía ese movimiento previo pues su representante era plenipotenciario para firmar un acuerdo así de forma unilateral. Por esa misma razón, el propio jugador llegó a afirmar ante la prensa que no se marcharía. Pero claro, la maquinaria estaba en marcha. El 16 de julio, Florentino Pérez gana las elecciones. Días antes, él mismo había aireado el preacuerdo y Veiga no lo había desmentido en ningún momento. Mientras tanto, Figo guarda silencio. Con Florentino en el poder, todavía se producen algunos movimientos, el más extravagante el del propio Veiga que llegó a sugerir a Joan Gaspart, nuevo presidente blaugrana la posibilidad de abonar los tres mil millones para deshacer el fichaje. La respuesta es obvia: el día 24 de junio, Figo era presentado como nuevo jugador del Real Madrid siendo el fichaje más caro de la historia del fútbol hasta esa fecha.

Y con su presentación prendió la mecha. Se acuñó la icónica imagen del billetes de diez mil pesetas con la cara de Figo, acusaciones de alta traición etc, y un tiempo después, el 23 de noviembre de 2002, la sublimación del odio más absoluto. En su primer clásico, el portugués recibió una pitada descomunal en el Camp Nou pero para evitar la hostilidad pasó de un puntillas y  la cosa no fue a mayores. No así en su segundo clásico en Barcelona. La presión fue descomunal: botellas, móviles, pelotas de golf cayeron al terreno de juego, y sobretodo lo más rocambolesco, la famosa cabeza de cochinillo, cuya imagen dio la vuelta por todos los medios de comunicación. El colegiado del encuentro, Medina Cantalejo se vio obligado a detener el partido durante un cuarto de hora y los antidisturbios tuvieron que situarse alrededor del terreno de juego en una noche negra para el fútbol.

Tres años después, el F.C Barcelona fue sancionado con cuatro mil euros por aquellos hechos y en general cada visita de Figo fue más tranquila que la anterior. Sin embargo, para los culés Figo está y estará muerto (deportivamente hablando) por su alta, altísima traición al Club que le hizo grande. Es complicado juzgar aquí sus motivaciones personales porque en catorce años ha cambiado su discurso en más de una ocasión, pero…imposible ser imparcial con él, sobre todo si tu corazón va con un equipo u otro.

Zlatan Ibrahimovic: Juventus de Turín 2004-2006, Inter de Milan 2006-2009, A.C Milan

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Que la calidad de Ibrahimovic es inmensa está fuera de toda duda. Que la palabra lealtad a una camiseta no existe en su diccionario es también público y notorio. Ibra ha dejado su huella en unos cuantos equipos de Europa y es que, su fuerte carácter y su específica personalidad le alejan normalmente del vestuario y la directiva y, de hecho, nunca ha estado más de tres temporadas en un mismo club.

Italia ha sido el país que más ha marcado la carrera deportiva del sueco. Tras despuntar de forma espectacular en el Ajax, sólo era cuestión de tiempo antes de que un grande de Europa se hiciese con sus servicios. Y ese grande fue la Juventus que en el verano de 2004, previo deseo expreso de Fabio Capello y diecinueve millones de euros mediante, pudo disfrutar de la calidad de Ibra. No le duró demasiado pues dos temporadas después estalló uno de los conflictos más graves de la historia del fútbol italiano conocido como Moggigate que le costó a la Juventus los títulos conseguidos y el descenso administrativo a la Serie B. Por supuesto, Ibrahimovic abandonó la nave, y recaló en las filas del Inter de Milan por casi veinticinco millones y una ficha de las más altas del mundo.

Allí triunfó, como sólo lo consiguen jugadores con un talento innato como el suyo. Pero se cansó también. Y cerrado el exitoso periplo interista con Mourinho de entrenador, puso rumbo a Barcelona donde su relación con Pep Guardiola, el “filósofo” según sus palabras, no fue demasiado amistosa. Tras una sola temporada, hizo las maletas y, fiel a su linea, firmó con el eterno rival de la ciudad milanesa, el AC Milan. El grado de arrepentimiento o pesar por fichar por el rival por antonomasia de la ciudad milanesa fue nulo: “Los silbidos de los hinchas del Inter de Milan me van a motivar”. Ibra tenía la sensación de que ya no podía progresar en el equipo neoazurro (curioso dado el palmarés cosechado entonces, tres scudettos incluidos). Pero tampoco duró excesivamente. Qatar Investment Authority se cruzó en su camino con un salario escandaloso de catorce millones de euros y recogió las maletas rumbo al corazón de Paris con su nuevo equipo, el nuevo millonario Paris Saint Germain donde aun continúa su carrera.

El gran nivel desplegado a lo largo de su carrera le ha impedido tener demasiados enemigos en la afición. Tal vez sea porque le conocen demasiado bien y saben que dificilmente habrá un equipo del alma para Ibra. Lo mejor que se puede hacer con él es disfrutar de su juego hasta que se canse y firme por otro club. Así funciona la cabeza de uno de los mejores delanteros del mundo.

Mario Gotze: Borussia Dortmund 2010-2013, Bayern de Munich 2013-2014

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“Fick dich, Götze”, o lo que es lo mismo: Vete a la mierda, Gotze. Así de cariñosamente recibió Dortmund al jugador que con anterioridad había sido el ídolo de la afición.

Mario Gotze es una de las jóvenes perlas con más talento de la renovada maquinaria alemana. Y así lo entendían en la cuenca alta del Ruhr en donde fue uno de sus máximos exponentes durante cuatro temporadas llegando incluso a obtener dos bundesligas de forma consecutiva, (algo que no ocurría desde mediados de los noventa). Todo eran sonrisas y buenas noticias hasta que llamaron la atención de sus vecinos ricos del sur, el Bayern de Munich, que vieron en Gotze el refuerzo ideal para volver a una linea ascendente que ya se perfilaba en los meses anteriores. Los rumores fueron cobrando fuerza hasta que, en la víspera de la semifinal de Champions frente al Real Madrid en abril de 2013, se hizo oficioso su fichaje por el propio jugador. La oleada de furia e indignación no se hizo esperar e incluso un aficionado quemó una camiseta del jugador y lo colgó en Youtube. El propio Gotze tuvo que cerrar sus redes sociales en donde estaba recibiendo incluso amenazas de muerte. El Borussia Dortmund emitió un comunicado afirmando sentirse “extremadamente decepcionado” con el jugador, y Marco Reus, compañero suyo, tuvo que salir a pedir comprensión y apoyo a la afición para aplacar un poco los tensos ánimos.

Ese mismo verano se hizo oficial su marcha por treinta y siete millones de euros, su cláusula de rescisión. Su marcha se convirtió en el símbolo de la caída del Dortmund que tampoco ha podido evitar que su otra estrella, Robert Lewandoski, firmase también con el Bayern.

“La búsqueda de dinero muestra el corazón que uno tiene realmente. Vete a la mierda, Götze”. Ese era el mensaje completo que lucía en el Westfalenstadion días antes de que ambos equipos disputasen la final de Champions. Gotze no sufrió en el terreno de juego la dura presión pues se encontraba lesionado. Tampoco llegaría a disputar la final de Champions contra su futuro equipo…

En Dortmund siguen sin perdonarle y dificilmente lo harán. Su fichaje ha representado para ellos muchas más cosas que la necesidad de buscar nuevos aires u objetivos más altos. Entienden que el dinero ha corrompido sus ideas traicionando sus orígenes como jugador en un club al que llegó siendo sólo un crío.

Continuará…

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ