El fútbol, una afición de riesgo… en demasiadas ocasiones

“Le odio. ¿Por qué? Porque sí. Ojalá se lesione de por vida. ¿Le conoces? No. ¿Entonces? Es del equipo rival… ¿? ¿En serio?” La cultura del odio, como si fuese el título de un aburrido ensayo de psicología. Definitivamente es eso. Es lo que posiblemente representa la parte más negativa del deporte en general, y del fútbol en particular: el odio. Después de haber reescrito este post en un par de ocasiones mientras veo cómo en apenas dos semanas fallece un aficionado de una paliza, se produce una batalla campal en pleno Madrid, y dos aficionados del PSG son acuchillados en las cercanías del Camp Nou, se da uno cuenta de que el odio visceral no se ejercita sólo en los terrenos de juego. Hay más. Es algo que va dentro de las propias personas. En España al de derechas le odias por ser fascista, al de izquierdas por ser comunista. Los que apoyan a la Corona detestan a los que no lo hacen y viceversa. El rico mira con altanería al pobre y el pobre con desprecio al rico. ¿Por qué será que casi nadie encuentra el término medio?

Lo que en definitiva se aprende desde pequeño es que el que está al otro lado de tus ideas o sentimientos es una especie de enemigo, alguien que ni cree ni comparte lo que para ti es blanco y en botella y  sólo puede ser así. Aun siendo una teoría algo extrema dudo que esté exenta de cierta verdad. Si eres del Real Madrid, Messi es de todo menos guapo, al igual que si eres del Barça, Cristiano Ronaldo es poco menos que retrasado. “¿Pero le conoces? (Pregunto de nuevo). ¡No!” Claro que no pero dentro bulle un odio que te llega a las entrañas. Es el enemigo vestido de corto. Una sensación mezclada con dosis muy altas de adrenalina.

El fútbol es un mundo complicado, un lugar en el que flota en el ambiente radicalismo y violencia a partes iguales. El por qué de todo ello no es quizá solamente una cuestión cultural, es una tendencia también. Cuando estas en un estadio te arropa tanta gente que puedes gritar que tal o cual es un payaso o un imbécil. La gente te sigue y hasta te vitorea. ¿Por qué no seguir haciendo algo que me une al grupo y aprueba la multitud? Y si soy un chico joven, de ideas indefinidas, fácilmente maleable o fácil de deslumbrar, ¿por qué no? Un estadio y sus aledaños son barra libre para soltar esa mencionada adrenalina mezclada con odio. Lo curioso es que en la mayor parte de las ocasiones se construye alrededor del invidividuo un odio ficticio, que no es real. El 99,9 por ciento de los aficionados no conoce a la madre del árbitro y seguro que a un 90 por ciento le caería de maravilla. Sin embargo, siempre que las decisiones de su hijo no sean acordes a lo que uno desea para el equipo de su corazón, ese árbitro será un “hijo de puta”.

Cuando se trata de los grupos ultra, el radicalismo y la violencia pasan de lo verbal que se puede considerar “normal”, a un nivel extremo del insulto, y en segunda instancia, a la violencia física. Estos colectivos son seguramente tan antiguos como el fútbol mismo pero es cierto que su existencia real proviene quizá de Italia en los años 60, y de forma generalizada por Europa a partir de los 70. El error inicial de su existencia nació en los propios clubes que apoyaron incluso con financiación la fundación de los distintos grupos que existen en la actualidad: Ultras Sur (1980), Frente Atlético (1982), Boixos Nois (1981), Brigadas Blanquiazules (1985), o Biris Norte (1975), considerado el grupo ultra más antiguo de España. En sus inicios, en un fútbol como el de los ochenta, en el que se permitía el exceso de aforo, gradas enteras de pie, introducir bengalas en los estadios, y que, en general, eran un género desconocido de violencia en España, el apoyo de sus respectivos equipos les dio poder y sus propios actos posteriores les dieron ya la notoriedad que tienen hoy en día. El problema de esta tipología de grupo radical ha sido hasta hace bien poco la facilidad con la que se permitía (y permite) su existencia. Si eres un grupo neonazi, estás mal visto e incluso prohibido por ley. Si eres una peña futbolística llena de gente afín a esa tendencia, realizas saludos fascistas en los partidos, exhibes pancartas con símbolos nazis y realizas cánticos homofóbicos y que incitan al odio y la violencia, te puedes permitir el lujo de poblar las gradas de los estadios durante más de treinta años con total impunidad. En efecto, si a la cultura del odio no le pones trabas, si consideras que cuando rueda el balón de por medio todo vale porque es fútbol, se pierde el control de la situación, si es que, en cierta manera, puede ser controlable. Es algo tan serio en sí mismo como tener el problema delante durante tanto tiempo y no hacerle frente: Aitor Zabaleta, Jimmy etc… y ahora llevarse las manos a la cabeza porque nuestro fútbol es violento y para un padre es inseguro ir al estadio con sus hijos. ¿Ahora sí y antes no? Los grupos ultras siempre han sido del agrado de los clubes, escueza o no escueza. Siempre han tenido el trato de favor de los presidentes. Con ellos se ganan incluso elecciones internas, han sido o son peñas oficiales, reciben entradas desde la Directiva, facilidades, recintos dentro de los campos para guardar material. Y lo que es peor, financiación para su existencia. El método más habitual ha sido siempre la cesión de entradas para que los ultras puedan revenderlas y hacer negocio con ellas.

Si sumas todo ello, aparece un panorama afín al hooliganismo, que desde luego no llega a los niveles de otros países de Sudamérica o incluso Europa, pero que deja destrozos y lo que es peor, víctimas. En el sentido literal, siendo tan grave matar en nombre del fútbol como por cualquier otro motivo, puede que incluso más irónico dada la naturaleza del mismo. No es necesario distinguir la motivación política, deportiva o personal de todo aquel que forma parte activamente de esta situación. La violencia es siempre violencia independientemente de su origen. Puesto que, como he dicho, ha llegado el momento de rasgarse las vestiduras nuevamente con esto, la gente agudiza el ingenio, como en el caso de Almería: “Este portugués, no nos cae bien”…. Qué considerados. Cuando se pase el revuelo de estas semanas veremos en qué queda todo esto de nuevo (En el saco del olvido en cuestión de meses ¿Apuestas?). Encantado de ver fuera al Frente Atlético, a Ultra Sur, a los Riazor Blues etc. Así siempre gana el fútbol, aunque sea un poquito. Pero hace falta más. Desde el mullido sofá de casa o un caro asiento de diseño de un despacho Art Decó la grada y los problemas quedan muy lejos. Tan lejos como se encuentran aquellos que pueden resolver estas situaciones y no lo hacen porque les pilla demasiado ajeno todo esto (Salvo cuando temen por su estatus).

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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