Crónica de una muerte, ¿anunciada?

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La peor de las pesadillas para España se dejó caer por Salvador de Bahía. Y no era precisamente esa Selección de color azul que todos sabemos que en realidad viste de “Oranje”, que también. Era en cambio ese viejo recuerdo, esa vieja sensación que la Roja no sentía desde que aquel desastroso partido frente a Irlanda del Norte. Sí, aquel encuentro en 2006 que le costó la internacionalidad a Raúl González y por poco el puesto a Luis Aragonés.

El problema ayer no fue la humillante derrota (que un poco sí) porque es evidente que no existe esa diferencia entre España y Holanda. Ya quisieran. Lo problemático de verdad fue las carencias, esas sensaciones incómodas que hasta ahora se comentaban entre los pasillos en voz baja para que nadie de fuera se enterase. Cansancio, desidia en ciertos casos, malas decisiones y cambios tácticos son algunas de las cuestiones que deben preocupar y mucho en los próximos días. El equipo salió con una cara medianamente reconocible y terminó sin alma, con los holandeses jugando a otro ritmo, con una facilidad que asustó a propios y extraños. La primera parte se salvó. No era la España que suele acostumbrar al público español: tocaban menos y llegaban más a portería. Vale, luego se echaba de menos el remate pero bueno, era algo distinto a lo visto anteriormente. La Selección buscaba acostumbrarse a buscar a un nueve arriba, Diego Costa. No era su estilo pero terminó funcionando en cierta manera. El hispano brasileño acabó teniendo oportunidades, aunque marradas, e incluso se llevó de premio un no penalti y el 1-0. Pero lo siguiente fue el paso al purgatorio con un balón tremendo que Iniesta filtra entre líneas para Silva que pica ante la salida de Cillessen en vez de optar por una opción más sencilla y el esférico se marcha fuera.

Y a partir del minuto 44, llegó el infierno, disfrazado de Robin Van Persie surcando el cielo de Brasil. Van las claves:

1. Defensa. Ese balón cae a Van Persie sin ninguna oposición. Primer índice de que algo va mal. Ni rastro de los centrales, ni rastro de los laterales, primera ocasión de varias en la que Holanda va a buscar la espalda de España y la va a encontrar en unos huecos monstruosos. Ramos y Piqué horrorosos ayer. Del sevillano, cuesta entender cómo fue superado de esa manera por Robben, de Piqué se evidenció enseguida el flojo nivel de toda la temporada. Pero no eran los únicos que debían estar y no lo estaban. Azpilicueta y Jordi Alba aportaron en las jugadas de ataque pero desaparecieron como por arte de magia a la hora de replegarse. Ramos y Piqué tienen su parte de culpa pero la defensa de España también fue de dos, y no de cuatro como hubiera debido ser.

2. Busquets. Desaparecido en su conexión con los centrales. Suyo es la labor de filtrar el fútbol ofensivo de España en la transición ataque-defensa pero también ha de ser fundamental en el factor defensa. Y no lo fue. Al igual que Azpilicueta y Jordi Alba, Busquets no apareció atrás. Los resultados se tradujeron en huecos inmensos y galopadas increíbles de uno de los mejores extremos del mundo, Arjen Robben.

3. Casillas. El santo, san Iker. Ayer no lo fue. Hay que ser honestos. Su partido fue desastroso. Dos pasos atrás en el remate de Van Persie y ese balón no habría entrado. El segundo gol del holandés llega precedido de otro error garrafal en el control del español. Y por último, en el tercer gol, aun existiendo falta en el salto, Iker mide mal y se come el balón. En definitiva, no estuvo a la altura, al margen por supuesto de su nivel etc, que es indiscutible, pero no, ayer Iker no fue Iker.

4. Mala gestión de los cambios. Una de las claves de la debacle en la segunda parte fue la salida de Xabi Alonso del campo. Nunca fue más holandés el medio que desde el momento en el que el tolosarra dejó el terreno de juego. Con Busquets desubicado, ese cambio fue la perdición. El momento de Pedro llegó tarde, igual que el de Torres que, para colmo, volvió a desesperar con un fallo garrafal en un momento en el que, con el partido perdido, el golaverage se convertía en asunto de estado.

5. Nivel físico. Íntimamente relacionado con lo anterior, Xabi Alonso fue sustituido porque tampoco daba más. Era necesario pero no estaba al cien por cien. Y Holanda mientras, corriendo como una exhalación hasta el minuto 90. La sensación de sentirse superados fue creciendo con el paso de los minutos hasta convertirse en una situación alarmante.

6. El efecto Martino. En sintonía con la temporada del Barça, los jugadores blaugranas, claves siempre en la columna vertebral de esta Selección, estuvieron desenchufados. Dichos ya Piqué, Busquets, y Jordi Alba, Xavi también anduvo muy lejos de su mejor nivel, muy apagado, e Iniesta igual, contagiado por la debacle que se construía a su alrededor, poco o nada podía hacer por revertirlo.

7. Extramuros. Lo peor para España no se encuentra ahora dentro del terreno de juego sino fuera. La presión, las críticas, las burlas incluso, van a caer como una losa en el grupo, guste o no. Aunque sean profesionales como la copa de un pino las críticas duelen, y mucho. Y más después de encajar un resultado así. De ellos mismos depende salir de ésta y volver a la senda de la victoria.

8. Señalados. ¿Los hay? Puede. Sin duda de hecho. Pero el peor momento para apuntar con el dedo es justo ahora. Que del Bosque debe plantearse ciertas demarcaciones y esquemas es algo seguro. Pero también es seguro que falló el colectivo al completo. Si hacen falta cambios será plantearlos con tacto o los jugadores “señalados” quedarán fuerísima del Campeonato a nivel anímico.

9. “Tranquilidad”. Es de largo la peor derrota de España en un mundial desde Brasil 50, cuando los cariocas endiñaron un 6-1 a la Selección comandada por Telmo Zarra. Pero eran otros tiempos. Y lo que es fundamental, da igual uno que cinco, que la derrota vale cero puntos. Dos victorias bien gestionadas ante Chile y Australia y con casi total seguridad la cosa seguirá adelante. No perder el norte, no darse ya por eliminados. El Mundial sigue y falta mucho pescado por vender. El vestuario debe ser una piña más que nunca.

Pero en definitiva, un castañazo colosal. Una derrota que suena a punto de inflexión como lo fue aquella fría noche de 2006 en Belfast cuando David Healy hizo el partido de su vida frente a España. Hay que terminar de recopilar todos los datos y, sobretodo, empezar a actuar en consecuencia. Del Bosque lleva dos años de retraso en el relevo generacional. Y acabe como acabe este Mundial, las consecuencias ya se han puesto en marcha. Pero eso después. Ahora toca Chile.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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