Héroes y villanos. Cuidado con los colores (III)

Decía Jorge Valdano, todo un entendido en esto del arte del fútbol, que “Todo equipo que trata bien el balón, trata bien al espectador”. Y no le faltaba razón, pero lo cierto es que el espectador por norma general es exigente y quiere más. No sólo quiere juego, quiere también sacrificio. Y cuando llevas el escudo en el corazón es más fácil darlo todo por tus colores. Así lo entiende también la grada. Después de la primera y segunda parte, cerramos con el último capítulo de héroes y villanos escogidos que cambiaron de aires no dejando así indiferente a nadie.

Robin Van Persie: Arsenal 2005-2012, Manchester United 2012-2014

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Olvidar a Dennis Bergkamp ni más ni menos. Menuda responsabilidad nada más aterrizar en pleno Londres para el joven chaval que llegaba a Inglaterra bajo el ojo de Arsene Wenger. Van Persie fichó desde el Feyenoord con la idea de ir a un grande. Y desde luego el salto era evidente. Llegar a un equipo en su cenit futbolístico, con una Premier en el bolsillo obtenida sin conocer la derrota en una temporada para el recuerdo. Llegó barato y la intención de Wenger era la de situarle en la mediapunta, escorado si fuese necesario, y siempre como el complemento ideal del gran Thierry Henry, auténtico devorador de goles.

Por entonces, años 2004, 2005 etc. el Arsenal era un equipo de títulos, no el equipo puntero que suele ser habitualmente pero sin ese plus de campeón. La hinchada londinense esperaba como agua de mayo el duelo anual contra sus vecinos de fuera de Londres, el Manchester United. Hasta Wenger y Ferguson solían darse cera de vez en cuando en las salas de prensa. Y todo eso era garantía más que suficiente para fichar por el equipo gunner. En sus primeras temporadas, Van Persie crece como jugador, y tras la marcha de Henry madura como goleador y se convierte en uno de los referentes ofensivos, ya no del Arsenal, sino de toda la Premier.

Pero de repente algo falla. Ahora Van Persie tiene veintiocho años y en ocho años con la elástica gunner acumula apenas dos títulos, una Community Shield y una FA Cup, ninguno de ellos de primer nivel. Pero el debate parece mucho más que eso. El Arsenal ha perdido su hueco entre los grandes de la Premier. El Manchester United es el rival a batir, el Chelsea crece y crece y el Manchester City es el nuevo rico de la competición y se encuentra cerca de dar el salto a los títulos. Y mientras tanto, el holandés martillea las redes de las porterías a base de goles de todos los colores y se lleva la Golden Boot inglesa con treinta dianas y el trofeo al mejor jugador de la competición.

Si algo era una realidad en el verano de 2012 era que Van Persie no tenía intención de renovar. F.C Barcelona o Juventus de Turin suenan con fuerza como posibles destinos. Pero durante una rueda de prensa confirma los funestos presagios: el Manchester United también está en la puja por el holandés.  Y en efecto, finalmente el 15 de agosto de ese mismo año se hace oficial, con veinticuatro millones de libras de por medio. Van Persie jugará en Old Trafford las próximas campañas. Y las reacciones no se hacen esperar aunque bien es cierto que son difíciles de catalogar. Un sector importante de la grada comprende la decisión de cambiar de un equipo estancado a otro ganador de títulos. Otros piensan lo mismo pero mascullan entre dientes que bien podría haber sido otro equipo y no los Red Devils. Y por último, el sector de la grada que no dudó en catalogarle de traidor. Igual que pasó con Mario Gotze, la red se llenó de mensajes de odio hacia el jugador e incluso de vídeos de aficionados quemando su camiseta. Incluso en noviembre de ese mismo año, Andre Santos, defensa gunner fue muy criticado por pedirle la camiseta a Van Persie al final del primer duelo de la temporada entre Manchester y Arsenal.

Aún hoy, hay sectores de aficionados a los que les hierve la sangre, aquellos que entienden que mentía al hablar del club de sus amores y que lo abandonó únicamente por dinero.

Andrea Pirlo: Inter de Milan 1999-2001, AC Milan 2002-2012, Juventus de Turin 2012-2014

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Al igual que hiciese Zlatan Ibrahimovic durante su carrera, Andrea Pirlo también puede decir que ha jugado en los tres grandes de Italia en algún momento de su carrera deportiva. En el caso del genial jugador italiano, con sólo diecinueve años salió de Brescia para recalar en las filas del Inter de Milan a finales de los noventa. Quién sabe qué carrera habría podido desarrollar allí. Como afirmó recientemente el propio Pirlo, podría haber llegado a ser una leyenda. Pero no lo fue. Marcello Lippi, su valedor fue destituido en octubre de 2000 y sucedido por el mítico jugador Marco Tardelli. Tardelli no vio en Pirlo las cualidades necesarias (quién lo diría…) y cansado de estar en el banquillo se marchó cedido a Brescia durante el mercado de invierno. El jugador siempre afirmó sentirse muy frustrado en aquella época.

A final de temporada dejó el Inter y firmó sorprendentemente por el rival de la ciudad, el AC Milan por diecisiete millones de euros. Su traspaso no estuvo exento de polémica sobretodo por acusaciones de falseo de cantidades en los movimientos de ciertos jugadores. Pero sea como fuere, su cambio de aires convirtió a Pirlo en el mejor centrocampista italiano de la época pasada con dos Champions y dos Scudettos en su haber. La fidelidad de Pirlo quedó patente cuando tras marcharse Carlos Ancelotti al Chelsea se le ofreció la oportunidad de acompañarle al club londinense y la misma fue rechazada. El propio Berlusconi afirmó que Pirlo terminaría su carrera en Milan.

Sin embargo,  tras diez temporadas, la titularidad del jugador quedó cortada y el 18 de mayo de 2012 anunció que abandonaba el Milan tras llegar a un acuerdo con la dirección del equipo lombardo, con el que aún le quedaba un año de contrato. Uno de los motivos de la marcha de Pirlo del Milan radicaba en las pocas oportunidades concedidas por Massimiliano Allegri, técnico milanista, que parecía preferir a Van Bommel y Ambrossini en esa demarcación. El destino era su rival del norte, la Juventus de Turin que comenzaba una revolución en la plantilla con el fin de alcanzar cotas más altas.

El internacional italiano explicó que se siente “a gusto” en su nuevo club, cuya camiseta “representa años de gloria y de historia”. Por ello, siente “una legítima sensación de orgullo” por vestir de blanquinegro “después de jugar durante tantos años con la del Milan, equiparable en cuanto a historia y tradición”. “Estoy contento. Incluso diría que feliz”

Lo cierto es que, si bien algunas voces le tildaron de traidor, su época en Milan había terminado y era justo concederle el cambio de aires a un equipo donde con la treintena más que superada, sigue rindiendo a un nivel de escándalo. De hecho, la afición rossonera lo que todavía se pregunta es por qué le dejaron marchar. El club argumenta que fue porque quería mucho dinero y muchos años de contrato. La Juventus le pagó los cinco millones que el Milan AC le negó y ahora le parece barato. Más de uno aún fijo que se tira de los pelos.

Luis Enrique: Real Madrid 1992-1996, F.C Barcelona 1997-2004

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La traición por excelencia en España. Seguramente nadie ha despertado un odio tan exacerbado en un equipo como Luis Enrique para los aficionados del Real Madrid. Una historia diríamos de amor – odio – odio – odio, que se fraguó con su marcha al F.C Barcelona. Pero antes de eso, fue un canterano notable que empezó a destacar en el Sporting de Gijón cuando apenas era un chaval. Tras una buena temporada con buenas cifras goleadoras y una clasificación para la UEFA bajo el brazo, recaló en el Real Madrid por 250 millones de pesetas.

No es que fuese el crack de aquella plantilla pero con Jorge Valdano en el banquillo, Luis Enrique adquirió el nivel que no había conseguido previamente con Benito Floro y Radomir Antic, quizá porque ellos le obligaron a jugar en demarcaciones que no eran la suya natural. Su clímax madridista llegaría en 1995 con el famoso 5-0 al Barça en el Bernabeu en donde anotó el último de los goles celebrado además con una espectacular efusividad.

Pero al año siguiente, su progresión se cortó en un año difícil para el madridismo que vio como su rival local, el Atlético de Madrid levantaba Liga y Copa, mientras en el conjunto blanco Jorge Valdano y Ramón Mendoza salían por la puerta de atrás y el Madrid ni siquiera se clasificaba para Europa. Luis Enrique finalmente no fue renovado y firmó por el F.C Barcelona, el archienemigo. “Estoy muy ilusionado. Estamos todos muy felices. Es una nueva etapa para mí y para el club”. “He concluido un ciclo que respeto hasta finales de junio y luego empezaré otro”. Johan Cruyff avaló su fichaje y se concretó finalmente con Bobby Robson, su sustituto. “No le conozco (a Robson), pero yo ficho ante todo por la institución”.

Muy rápido comenzaba a olvidar su etapa en el Real Madrid, algo que a su antigua hinchada comenzaba a mosquear enormemente. Pero es que en efecto, así fue. Su rendimiento y entrega creció de forma exponencial lo que también también enfadó a su antigua afición que empezó a sentir un odio en expansión hacia él. Dos goles anotó frente a los blancos durante su carrera blaugrana, goles que fueron celebrados como si no hubiese un mañana. También se recuerdan sus palabras tras el famoso 2-6 en el Bernabeu en donde no dudó en calificarlo como un orgasmo futbolístico.

Pero su verdadero orgasmo futbolístico llegó en su primer clásico como jugador blaugrana frente al Real Madrid en el Bernabeu. Aquel partido fue una caldera y Luis Enrique pudo comprobar de primera mano el “cariño” que le profesaba la afición. Pero lo que incendió a la grada fue su propio gol celebrado estirando la camiseta para que se viese bien y finalizado con su gesto torero. Escupitajos y botellas llovieron al césped. La imagen dio la vuelta al mundo. Un escenario de odio sólo comparable al de la hinchada culé  contra Figo años después. Y por si no fuese suficiente, llegaron las famosas butifarras de un Giovanni, que contagiado por el ambiente y por el 2-3, dedicó a la grada. Dos partidos de sanción le cayeron por ello. Si no lo había hecho antes, aquel día Luis Enrique selló su relación de odio con el Madrid convirtiéndose en el chaquetero por excelencia.

Luis Enrique jugó unos cuantos años en el Real Madrid y nunca lo hizo con la entereza y calidad que empleó posteriormente en el F.C Barcelona. Ni tampoco con el corazón que le ponía a los colores blaugranas. Y eso le convirtió en el traidor por antonomasia para los madridistas en donde muy muy pocas voces entre la afición guardan alguna palabra minimamente de cariño.

Y así termina esta pequeña saga de héroes y villanos (que seguro que hay más, tantos como las aficiones consideren) y que agradezco un montón a Patri Galiana por haberme inspirado a escribirla.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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