La azarosa y contradictoria magia del último minuto

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Decía Juanito de aquellas remontadas mágicas de los ochenta que “Noventa minuti en el Bernabeu son molto longos”. Y vaya si lo eran. Que se lo digan al Anderlecht, al Inter o al Gladbach. Eran la muestra más evidente de lo larguísimo que se puede hacer un partido para cualquiera.

También dijo en su día Fernando Marcos, un popular comentarista mexicano, que “el último minuto también tiene sesenta segundos”. Y no por evidente resultaba menos obvia esta frase. Los más precavidos tendemos a pensar que hasta que no pita el árbitro el final de un partido no puedes echar las campanas al vuelo, al menos no salvo que ganes por un resultado abultado. Si algo tiene de bonito el fútbol es precisamente esa emoción tan poderosa que supera cualquier sentimiento racional y que te embriaga alejándote de esa gran verdad, que es tan obvia por otra parte: sin pitido final no hay resultado definitivo.

Si alguna persona piensa aun que en el último minuto no pueden suceder cosas o haber giros radicales de la historia debería echar un vistazo en las hemerotecas. Cual sorprendente giro final, al más puro estilo hollywoodiense, la tortilla puede dar la vuelta a centímetros de la orilla. Lo interesante de todo ello es que sólo hay dos bandos: vencedores y vencidos, los que se llevan la gloria y los que no recogen más que lágrimas. No se puede entender de otra manera. Tan cerca y de repente tan lejos o quizá viceversa. Cualquier aficionado al esférico ha sentido esa sensación en el estómago en alguna ocasión.

La Champions de los 101 segundos

No fueron sesenta segundos pero como si lo hubiesen sido. El Manchester United, que parecía tocado y hundido, dio la vuelta al marcador en el descuento con dos goles y destrozó el sueño alemán en un abrir y cerrar de ojos. Quince años después, la Champions volvía a tierras inglesas de la forma más increíble. Mario Basler en la primera parte adelantó al Bayern de Munich cuando apenas se llevaban cinco minutos de juego. Una gran casi vaselina de Effenberg y dos remates al palo de Jancker y Scholl dejaron vivo al United y los alemanes lo pagaron caro.

Ferguson cambió sus piezas y entraron en el campo el veterano Sheringham y el noruego Solskjaer. El partido agonizaba y en el último momento llegó el delirio inglés. Beckham, con su fantástica diestra, cuelga un balón al área desde el corner que es rechazado por la defensa teutona. Giggs sin pensar golpea con la derecha de primeras y Teddy Sheringham en boca de gol remata de nuevo consiguiendo el empate. Todo el equipo y la grada roja se vienen abajo. Como mínimo, el partido llegará a la prórroga pero… ¿Seguro? Con el United venido totalmente arriba, se produce un nuevo corner en la siguiente jugada. Beckham otra vez cuelga un exquisito balón al área chica que en primera instancia remata Sheringham y bajo palos empuja Solskjaer. ¡Increíble!. En 101 segundos, el Manchester levantó un partido que tenía perdido durante ochenta y cinco minutos para finalmente escribir el mejor final que se recuerda en estos últimos años de competición. La cara del gran Lothar Matthäus lo decía todo. Sabía ya que se retiraría del fútbol sin conseguir el máximo trofeo continental que minuto y medio antes ya acariciaba con los dedos. La magia de la Champions.

Dicen que Ferguson utilizó como amuleto los días previos una camiseta del equipo que él mismo vistió cuando los red devils ganaron su primera Copa de Europa. Parece que les vino bien.

La Copa de Europa que casi pierden antes de empezar

La historia le debía una al F.C Barcelona. Dos finales perdidas y cero títulos eran ya un castigo excesivo para un equipo con ese palmarés. Por eso mismo, el 20 de mayo de 1992 en Wembley, el zambombazo de Ronald Koeman se colaba por la escuadra de Pagliuca y le daba a los blaugranas el ansiado trofeo. Lo que pocos recuerdan de aquella época es que el Barça estuvo a sesenta segundos escasos de ser eliminados a las primeras de cambio de aquella competición. En segunda ronda debían medirse al Kaiserlautern alemán, un equipo que a priori no suponía un esfuerzo excesivo. De hecho, la ida en el Camp Nou había terminado con un cómodo 2-0 con doblete de Begiristian que en nada hacía presagiar lo que iba a ocurrir en el partido de vuelta. Los alemanes salieron a tumba abierta y el encuentro se convirtió en un infierno para los culés. En el minuto 76 ya perdían por 3-0 y se encontraban eliminados. Pero claro, ya lo hemos dicho. Hasta que el colegiado no pita el final… En el minuto 44 Koeman pone un balón al área y Jose Mari Bakero con un excelente cabezazo escorado marca el gol que da el pase al F.C Barcelona por el valor doble de los tantos fuera de casa.

De aquel partido, Pep Guardiola lo tenía claro: “Nos pasaron por encima y lo normal era haber vuelto a Barcelona con un claro 6 – 0 en contra. Fueron mejores por arriba, por abajo, por la derecha y por la izquierda, pero el fútbol tiene estas cosas“. Pues sí, las tiene… El mayor logro del F.C Barcelona hasta aquella fecha bien pudo haberse quedado en la cuneta por tan sólo un minuto. Fútbol…

Palop también quería su pedazo de gloria

Corrían buenos tiempos en Nervión, posiblemente los mejores de su historia. Campeones de la Europa League en 2006, defendían su Título al año siguiente. Los Kanoute, Puerta, Alves y compañía con Juande Ramos al mando querían más y se encontraban de nuevo en los octavos de final de la competición. Enfrente el siempre complicado Shakthar Donestsk ucraniano. De hecho, la ida se había complicado más de lo que nadie podía pensar con un 2-2 un tanto agónico conseguido de penalti por Maresca en el último suspiro. Jugar en Ucrania no lleva la palabra sencillo escrita en ningún lado. No obstante, los sevillistas se hicieron los dueños del partido desde el comienzo y no soltaron las riendas del encuentro. El Sevilla fue el de la Liga, muy bien plantado en el terreno de juego y sin dejar hueco en sus líneas. En el descanso las tornas cambiaron y Matuzalem ponía el 1-0 dejando la eliminatoria muy cuesta arriba. Maresca empataba poco después pero Elano hacía sonar todas las alarmas en el 83 poniendo el 2-1. Las cosas se torcían por momentos.

Con el tiempo reglamentario más que cumplido quiso la divina providencia que un espectador de excepción se erigiese en protagonista y marcase el gol de su vida, no se si por ser el único o por su importancia vital, o ambas cosas. El caso es que Andrés Palop, portero del Sevilla también había subido a rematar un corner de un partido que deambulaba en el minuto 93 con el colegiado ya mirando su reloj. Los de Juande recurrieron a la heroica. Y sucedió lo que casi nunca sucede. Palop subió a rematar a la desesperada. El portero, sin oposición, cabeceó a la red con una facilidad digna de Cristiano Ronaldo o Santillana y puso el empate en el marcador.

La prórroga fue un paseo para el Sevilla que culminó Chevantón en el minuto 106. Ese día, un poco habitual protagonista en el arte del gol salvó al equipo de una derrota segura y finalmente fueron de nuevo campeones de la Europa League frente al Espanyol en un duro partido culminado en los penaltis en donde de paso, Palop fue el auténtico héroe deteniendo tres penas máximas.

Éxtasis maño en la Recopa

Nadie en Zaragoza olvidará aquel 10 de mayo de 1995 en el Parc des Princes de París ni aquella parábola interminable de Nayim que congeló el tiempo cuando el partido agonizaba en el último minuto de la prórroga. Esta vez ni siquiera sesenta segundos separaban el encuentro de un desenlace fatal en la línea de penalti.

Aquel conjunto, los Esnaider, Poyet, Aguado, Pardeza, Belsué etc. llevaban año y medio de ensueño: terceros en liga, catorce meses sin perder en la Romareda y grandes goleadas como el 6-3 frente al F.C Barcelona o un 0-4 frente al Atlético de Madrid. Ahora tocaba Europa, en la extinta Recopa en donde habían alcanzado la final por primera vez en su historia. Sin embargo, la aventura no era nada sencilla para un equipo no acostumbrado a esas cotas y frente a un todopoderoso Arsenal que incluso defendía Título.

Los maños golpearon primero de la mano de Juan Eduardo Esnaider, su goleador estrella, pero poco duró la alegría pues John Hartson puso el empate pocos minutos después. Veinte mil zaragocistas en la grada iban a tener que sufrir un final de partido agónico que se prolongó hasta el minuto 119 de la prórroga. Andoni Cedrún se prepara para sacar de puerta, quedan 45 segundos y la afición maña es el único eco que se escucha en todo el Estadio. Poyet pugna por el balón de cabeza pero no llega, Andy Linigham llega antes e intenta controlar de cabeza pero con dificultades por la oposición de Miguel Pardeza. El balón bota hasta Nayim que acomoda con el pecho, mira fugazmente a la porteria contraria y…

Sensacional, increíble, espectacular. No hay calificativo. Jugándose un título internacional, Nayim se atreve con una volea imposible desde el centro del campo que entra finalmente en la portería, ayuda mediante de David Seaman que se come el balón aéreo. Es el gol de la historia del Real Zaragoza. Ni siquiera quedaba tiempo para una jugada más. Se lo jugaron todo a una carta y salieron vencedores. Lo que es el fútbol… Desde entonces se les conoce como los “Héroes de París”. Merecido sin duda.

La magia de Iniesta por toda la escuadra

La Copa de Europa parecía deberle una al Chelsea desde el resbalón de Terry en Moscú y durante un buen rato se la cobró a costa del Barça. Eran los tiempos de la efervescencia del fútbol de los blues que empezaban a impacientarse de no cerrar con una Champions su inversión millonaria.

Estamos en plenas semifinales, 6 de mayo de 2009 y los ingleses dominan en el marcador por 1-0 con gol de Essien, resultado que con el empate sin goles de la  ida les vale para acariciar la final. A un lado, el gran juego combinativo del F.C Barcelona, y a otro, el fútbol rápido y directo del Chelsea, un auténtico producto Premier League. En 182 minutos de eliminatoria los culés no han abierto la lata de un equipo que ha sabido a qué jugar obligando a Iniesta a escorarse más a la banda y a Xavi a retroceder varios metros igual que Messi. Seguramente el resultado no es el justo ni con el juego mostrado por ambos ni por la calidad inherente a cada uno de ellos, pero el planteamiento táctico es el que es y ha funcionado sin grietas dejando al Barça a un minuto de la eliminación. Sin embargo, el lector a estas alturas ya sabe que como el colegiado no ha decretado el final del partido mil cosas pueden suceder todavía. Y, en efecto. Un balón colgado al área cae finalmente en los pies de Messi que trata de encarar pero le salen tres rivales a tapar el hueco así que opta por combinar con otro compañero. Y ahí está Iniesta, libre de marca en la frontal del área que de primeras empalma el balón que entra rozando el larguero y ante el que nada puede hacer Petr Cech. Un auténtico golazo. 

El partido, sumido ya en el más absoluto descontrol por infinidad de protestas de los blues contra la actuación del colegiado, termina con empate a uno certificando el pase del Barça de nuevo a la final de la Champions que vencería frente al Manchester United de Cristiano Ronaldo. Como siempre, Iniesta apareció en el momento clave. Un genio.

Mbia y de nuevo el espíritu de la Europa League

El ejemplo más reciente de cómo no perder la esperanza hasta el último segundo. Hoy el Sevilla se juega la Europa League, la tercera en diez años que no está nada nada mal. Vamos que es un exitazo. El sorteo de la semifinal fue caprichoso y quiso juntar a los dos españoles que quedaban en liza y de esa manera, las cosas quedaban dentro de las fronteras. En la ida, los goles de Bacca y Mbia habían dejado la eliminatoria bastante encarrilada pero Mestalla aun aguardaba una reacción de los suyos.

Y no se hizo esperar. Más bien al contrario. La vuelta fue un calvario para los sevillistas. Pizzi planteó un partido muy serio, sin prisas, con mucha cabeza. Y de esa forma en sólo veinticinco minutos Feghouli y Jonas habían empatado la eliminatoria y en el 65 Mathieu había llevado el éxtasis a la grada naranja con el tercero. El Sevilla, muy apagado, había sido desarbolado por un conjunto muy superior. Sin embargo, cuando el partido llegaba a su final, en el 93 llegó otra vez la magia del fútbol, esa que justifica frases como la de Fernando Marcos. Un saque de banda lateral, cuando ya se llevaban cuatro minutos de la prolongación, lo aprovecha Mbia para cabecear y clasificar a su equipo cuando ya se veía fuera de la final. La imagen de Unai Emery, en plena locura recorriendo la banda era la fiel estampa de la alegría en contraposición a un Mestalla que se vino abajo en medio minuto para olvidar cuando ya olían la final.

Cuarenta y cuatro años de historia condensados en el tiempo de descuento

Era lo que los citizens llevaban buscando con ahínco toda la temporada, el petardazo final de un equipo pequeño sometido durante incontables años a la sombra siempre de su hermano mayor en Manchester. Pero en cambio ahora el City es grande, tiene millones en su cuenta corriente, un proyecto interesante y grandes jugadores para alcanzar cotas superiores. Sin embargo, han metido la pata pero bien. Se están jugando la Premier League en la última jornada frente al Manchester United y los red devils están haciendo sus deberes y ganan a domicilio al Southampton. Les vale pero sólo si el City pincha en casa frente al Queens Park Rangers. Y sorprendentemente así es. Zabaleta había adelantado a los suyos en la primera parte, pero Cisse primero y Mackie después han volteado el partido dejando mudo el Etihad Stadium que no se lo puede ni creer.

Mancini, un entrenador que nunca supo sacar lo mejor de su equipo durante su estancia en la ciudad, se traga su habitual orgullo y da entrada a Dzeko y Balotelli que, junto al Kun Aguero, cimentan la gesta. Con el tiempo cumplido Dzeko logra el gol del empate con un cabezazo en el área chica que pone el 2-2 en el luminoso. La gente había comenzado a abandonar el estadio entre lágrimas. Seguramente el empate no hace sino alimentar la frustración de todos aquellos que pensaron que el partido tenía que haberse encarrilado mucho antes dado lo que había en juego. No hizo falta. Con el tiempo practicamente cumplido y con el United como virtual campeón, un centro al área colgado de forma desesperada, es luchado por Balotelli que alcanza a ceder con el pie a Aguero y éste cruza el balón sin miramientos anotando el gol de la victoria. Un gol que vale una Premier y el título más importante del último cuarto de siglo para los citizens. Maravilloso. Un final digno de película. Tan bueno que no hizo falta secarse las lágrimas de la tristeza porque se transformaron automáticamente en lágrimas de felicidad. Aguero se convirtió en el ídolo de la afición y de paso el QPR mantuvo finalmente la categoría a pesar del resultado por lo que todo fueron sonrisas aquel día en el Etihad Stadium, aunque no en todo Manchester…

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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