Porteros con mucha pegada

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Dice la Regla núm. 10 de la FIFA que: Se habrá marcado un gol cuando el balón haya atravesado completamente la línea de meta entre los postes y por debajo del travesaño, siempre que el equipo anotador no haya cometido previamente una infracción a las Reglas de Juego”.

Con mucho criterio explica cómo pero no quién. Y es que cualquiera de los once jugadores de cada equipo está habilitado para marcar un gol, incluidos los porteros, cuestión que a muchos no se les pasa a menudo por la cabeza por parecer una empresa casi imposible. Pero, de hecho, sorprendería saber el protagonismo oportuno que en ciertas ocasiones los cancerberos han tenido en un partido. A veces, cuando la necesidad aprieta y el cronómetro corre peligrosamente en contra, su aportación se vuelve necesaria por no decir indispensable. Aquí van unos cuantos ejemplos de ese héroe, normalmente inesperado y no muy puesto en la faceta atacante, que más bien por lógica se diría que es el más acérrimo enemigo del gol, y que por un momento cambia de rol para sentirse el delantero más poderoso del mundo.

El máximo goleador de todos los tiempos… siendo portero

Con Rogerio Ceni puedes estar seguro de dos cosas: una, su fidelidad a los colores de Sao Paulo durante la friolera cifra de veinticuatro temporadas y con más de mil partidos oficiales a sus espaldas (Un auténtico One Club´s Man como suele decirse en Inglaterra y jugador brasileño con más partidos disputados, por encima de Pelé). Otra, su asombrosa facilidad para ver puerta, tanta que la FIFA le ha nombrado como el portero más goleador de todos los tiempos con más de cien goles oficiales en diversas competiciones. Ya sea desde la línea de penalti o de tiro libre directo, sus números resultan excepcionales. En su haber hay incluso un empate a dos del Sao Paulo con dos tantos suyos e incluso en 2005 se convirtió en el máximo goleador de la plantilla de aquel año. Impresionante.

En abril de 2014 anunciaba su retirada definitiva. No lo voy a postergar. Este es mi último año como atleta profesional de fútbol”. Durante sus veinticuatro temporadas, el capitán del Sao Paulo ha conseguido 115 goles oficiales hasta la fecha gracias a su extraordinario golpeo con la pierna derecha, que le ha llevado a convertirse en un verdadero especialista en el lanzamiento de faltas y penaltis pese a que asumir ese papel en el equipo le costó lo suyo. De hecho, tardó siete temporadas en estrenarse como goleador, en 1997, pero a partir de ahí…

Cuentan de Rogerio que iba para jugador hasta que siendo un chaval el portero de su primer equipo se lesionó y el mister lo vio claro. Él sería el sustituto. De sus primeros años se recuerdan también sus dificultades a la hora de sacar de puerta, no tenía la fuerza suficiente. ¿Solución? Tirar una y otra y otra vez a puerta desde treinta metros intentando siempre golpear el larguero (Patri?). Por fin, un 15 de febrero de 1997, en pleno partido oficial, el aprendizaje recogió sus frutos. Optó por tirar su primera falta y… ¡dentro! Su primer gol y el primero de muchos que estaban por llegar.

Por supuesto que su carrera deportiva no se ha limitado a ser famoso por sus goles, tres Copas Libertadores, dos Intercontinentales y un Mundialito de Clubes adornan su palmarés, al igual que un Campeonato del Mundo en Brasil en 2002, aunque fuese desde la suplencia.

No es fácil escoger un sólo gol pues no le haría ninguna justicia a Rogerio Ceni. Por ello, mejor optar por los treinta mejores. Hasta sorprende escribir algo así.

El día que Aranzubía escribió su pedacito de historia

“Cuando subes a rematar, intentas hacerlo como los delanteros. Afortunadamente me ha salido bien, me llegó el balón y pude anotar. Ha sido una iniciativa mía ir a buscar el gol. Muy pocas veces se da esta suerte y la he tenido”. Así describía Dani Aranzubía su acción con la que momentos antes acababa de escribir su nombre en los libros estadísticos de la Liga Española.

Corría el minuto 94 de un insustancial partido entre el Deportivo de la Coruña y la U.D Almería en el Estadio Juegos del Mediterráneo. El marcador reflejaba un 1-0 de un flojo partido pero que no hacía justicia real a la labor del propio Aranzubía que había sacado ya al menos otras tres ocasiones clárisimas de gol para evitar que los coruñeses se llevasen un duro correctivo. En un gesto poco habitual en un partido de liga regular, decidió que debía subir a rematar la última ocasión del partido.

Aquel Depor necesitaba puntos como el comer (y, pese a todo, terminó por irse a segunda división, acompañado además del propio Almería). Pablo Álvarez lanzó desde la esquina y Aranzubía le gana el salto curiosamente a Diego Alves, portero contrario, para empatar el partido sobre la bocina cuando ya casi se rozaba el minuto 95. Un momento bastante mágico que le permitió ser el primer portero de la liga, después de ochenta años, que conseguía anotar un gol de cabeza. La historia le debía una al Depor tras negarle esa gloria a Jacques Songo´o años atrás al juzgar el árbitro que al rematar había cometido falta sobre el adversario. 

Palop también quería su momento de gloria

Este emocionante gol ya hubo oportunidad de recordarlo en este blog recientemente. Corrían buenos tiempos en Nervión, posiblemente los mejores de su historia. Campeones de la Europa League en 2006, defendían su Título al año siguiente. Los Kanoute, Puerta, Alves y compañía con Juande Ramos al mando querían más y se encontraban de nuevo en los octavos de final de la competición. Enfrente el siempre complicado Shakthar Donestsk ucraniano. De hecho, la ida se había complicado más de lo que nadie podía pensar con un 2-2 un tanto agónico conseguido de penalti por Maresca en el último suspiro. Jugar en Ucrania no lleva la palabra sencillo escrita en ningún lado. No obstante, los sevillistas se hicieron los dueños del partido desde el comienzo y no soltaron las riendas del encuentro. El Sevilla fue el de la Liga, muy bien plantado en el terreno de juego y sin dejar hueco en sus líneas. En el descanso las tornas cambiaron y Matuzalem ponía el 1-0 dejando la eliminatoria muy cuesta arriba. Maresca empataba poco después pero Elano hacía sonar todas las alarmas en el 83 poniendo el 2-1. Las cosas se torcían por momentos.

Con el tiempo reglamentario más que cumplido quiso la divina providencia que un espectador de excepción se erigiese en protagonista y marcase el gol de su vida, no se si por ser el único o por su importancia vital, o ambas cosas. El caso es que Andrés Palop, portero del Sevilla también había subido a rematar un corner de un partido que deambulaba en el minuto 93 con el colegiado ya mirando su reloj. Los de Juande recurrieron a la heroica. Y sucedió lo que casi nunca sucede. Palop subió a rematar a la desesperada. El portero, sin oposición, cabeceó a la red con una facilidad digna de Cristiano Ronaldo o Santillana y puso el empate en el marcador.

La prórroga fue un paseo para el Sevilla que culminó Chevantón en el minuto 106. Ese día, un poco habitual protagonista en el arte del gol salvó al equipo de una derrota segura y finalmente fueron de nuevo campeones de la Europa League frente al Espanyol en un duro partido culminado en los penaltis en donde de paso, Palop fue el auténtico héroe deteniendo tres penas máximas.

Jens Lehmann se disfrazó de “Torpedo” Muller por un día.

Pocos duelos revuelven tanto Alemania como el derbi de la cuenca del Rühr que enfrenta al Borussia Dortmund y al Schalke 04, clásico minero por excelencia. Prácticamente todos los años se fijan las fechas de sus duelos como momentos clave de la Bundesliga. Pero hubo un partido en concreto, uno, que por diversos motivos rompió absolutamente todos los esquemas.

El 19 de diciembre de 1997 se vivió un derbi inolvidable. Tal cual. Ya era histórico de antemano. Aquel año el Borussia Dortmund se había proclamado campeón de la Champions League mientras que el Schalke 04 no se había quedado atrás conquistando la UEFA. Una especie de Supercopa de Europa que cerraba el año, justo antes del parón invernal, y el ambiente en las gradas del Westfalenstadion era inmejorable, como en las mejores ocasiones.

La capacidad ofensiva de ambos equipos estaba fuera de toda duda: Andreas Möller y Lars Ricken por el lado local frente a Marc Wilmots (en su primer año en el equipo) y René Eijkelkamp. Sin embargo, pocos contaban con el hecho de que la resolución del partido no iba a salir de las botas de estos jugadores. El partido parecía ganado para el Dortmund. 2-1 merced a un golazo de falta de Möller y ya en el tiempo de descuento. Sin embargo, con casi todo el pescado vendido, un último intento del Schalke 04 culmina con un corner que finalmente llega hasta la cabeza de… ¡Jens Lehmann! el portero, que remata a bocajarro sin que nada pueda hacer el meta rival Stefan Klos. Gol y empate final para delirio de los de azul que rescataron un punto del infierno de Westfalia de la mano (o la cabeza) del protagonista más inesperado de todos los presentes.

Aquel fue el último derbi de Lehmann con los colores del Schalke 04 pues tras un breve paso por el AC Milan recaló posteriormente en… el Borussia Dortmund donde no fue recibido de forma muy amistosa y aún se le odia. ¿Por qué será?

El gol de ¿Toldo? que chafó la fiesta a la Juventus de Turin

No hay partido en el Calcio que no sea duro. Da igual que jueguen los de abajo o que jueguen los de arriba. Sin embargo, tampoco hay que negar que cuando juegan los grandes hay un sabor muy muy especial y más si el duelo mide a dos equipazos como el Inter de Milan y la Juventus de Turin. Entre sus muchos derbis hubo uno bastante movidito que debe tener cabida aquí.

En octubre de 2002 ambos se enfrentaban en el Giuseppe Meazza de San Siro como máximos contendientes para el Scudetto de aquel año. Ninguno podía regalar un sólo punto. Y eso mismo debió pensar Francesco Toldo cuando el partido agonizaba en un saque de esquina en el minuto 95. Total, pierden 0-1 así que todo el mundo arriba incluido el guardameta que, aparte de su gran calidad, su 1.96 metros no venía nada mal para la ocasión. Emre cuelga el balón de la esquina y… barullo monumental. En tres-cuatro segundos el esférico está dentro de la red, Pierluigi Collina concede el gol, los jugadores de la Juve se lo comen literalmente protestando una posible falta contra Buffon, y los jugadores del Inter celebran el gol como locos y se señalan entre ellos buscando al autor. Parece finalmente que ha sido ¡Toldo! Con la rodilla, eso sí, pero parece que ha sido él. Como alguno todavía no lo veía claro (¿Fue quizás Vieri?) finalmente terminan sacando su propia conclusión: “Non lo so chi ha segnato, ma chi se ne frega!”.

Total, lío y gol en derbi polémico. ¿Se puede pedir algo más? Pues sí. Una narración tan surrealista como la del vídeo que viene a continuación. Brutal.

No sirvió de mucho pero… Schmeichel puso su sorprendente granito de arena.

El Manchester United no tiene un extenso historial en la Europa League ni en la extinta Copa de la UEFA, pero en una de sus contadas participaciones dejó un momento para la historia. Lo cierto es que entonces las cosas no rodaban muy bien para los red devils. Una transición difícil para asentar a la que, en el futuro, sería la mejor generación que ha conocido Old Trafford. Ya era duro haber perdido el año anterior la Premier contra el sorprendente Blackburn Rovers, pero más duro iba a ser el revés frente a un modesto del fútbol ruso.

Como decía, los Beckham, Scholes, Neville, Giggs y compañía crecían como grupo, y se consolidaban como los “Fergie Babes”. Sin embargo, ese punto de escaso rodaje confluyó el 26 de septiembre de 1995 en un Old Trafford medio vacío. El rival de primera ronda era el semi desconocido Rotor de Volvogrado que había conseguido arañar un empate sin goles en la ida que, sin embargo no hacía presagiar lo que venía después. En veinte minutos 0-2 y una terrible sensación de impotencia e insuficiencia en el equipo. Surgió la casta, pero no a tiempo. Scholes recortó distancias y llegaron a los minutos finales con el 1-2. El Manchester apretó para buscar la remontada. El portero Schmeichel puso la primera piedra con un sorprendente remate de cabeza. El centro de Giggs, medido al milímetro como sólo él sabe hacerlo y un remate del danés con una confianza y sobriedad dignas del mejor Santillana. Desgraciadamente nadie le ayudó a culminar la heroicidad y su gol no sirvió para nada quedando eliminados por el doble valor de los goles en campo contrario. Una de las pocas veces que se pudo ver a Ferguson fracasar.

No lo llame patear duro. Llámelo Paul Robinson

No todo iban a ser momentos complicados para Robinson. Cierto que ahora no es titular en el Blackburn jugando además en el Championship, cierto que un par de errores suyos clamorosos como guardameta de Inglaterra le dejaron fuera de la Selección, pero no es menos cierto que anteriormente Robinson fue un buen portero con gran proyección. De sus mejores años, en Tottenham, todavía se recuerda su momento estelar en marzo de 2007 en un partido de la Premier League frente al Watford. Con el partido con 1-0 a su favor, se produce una falta que decide tirar él mismo para que el resto de jugadores suban. Se supone que su intención sería mandar el balón lo más lejos posible del área pero tanto fue que, para delirio de todos, el balón acabó en la portería contraria después de recorrer 85 metros de distancia. Ben Foster, portero rival, no supo leer el bote y se lo terminó comiendo con patatas.

Ese gol convertía Robinson en el tercer portero de la historia de la Premier que conseguía anotar un tanto tras Peter Schmeichel y Brad Friedel, con la diferencia además de ser el único de los tres en obtener la victoria en el mismo partido.

Cobeño fue Paul Robinson por un momento

En esta ocasión hasta el propio goleador se sorprendió. Jugaban el Rayo Vallecano y el Elche su partido de la jornada 38 de la Liga Adelante. No sería más que cualquier otro partido si no fuese porque David Cobeño, portero del Rayo, marcó sin querer el gol de la temporada. Pepe Mel, su mister, le insistía siempre en sacar en largo. Dicho y hecho. El balón sale disparado, cruza el campo, bota cerca de Iván Amaya que no llega hasta él y el bote se envenena tanto que Jaime, portero del Elche, nada puede hacer entrando el esférico mansamente en las redes. Celebración por todo lo alto tanto en el cesped como en las gradas. Sin embargo, de poco sirvió el tanto pues Miguel y Oscar Rubio le dieron la vuelta al partido y el Rayo terminó perdiendo 1-2 aquel encuentro.

“Es algo anecdótico y bonito, pero lo único que importa es que hemos perdido y no sirve para nada. Desde mi meta ví que Amaya la dejó pasar y que Jaime estaba adelantado, pero cuando gritaron gol no me lo creía”, decía Cobeño entonces. Por su parte, Jaime, bastante afligido comentó que “el sol me impidió ver cómo me llegaba y me superaba el balón. Doy las gracias a mis compañeros por los ánimos que me han dado”.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

 

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