La maldición de “Babe” Ruth

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Corría el año 1920, los Boston Red Sox vendían a un chaval de veinticinco años, George Herman Ruth, mejor conocido como “Babe Ruth”, a su mayor rival, los New York Yankees, por 100.000 dólares. Lo que en ese tiempo podía parecer un buen precio, no fue ni mucho menos una decisión acertada y hoy en día es considerada una de las peores ventas en el deporte americano. En sus años en Boston, Babe Ruth jugaba curiosamente de pitcher y ayudó a los Red Sox a ganar tres series mundiales en los años 1915, 1916 y 1918. En los dos últimos campeonatos estableció un récord de picheo de casi treinta entradas seguidas sin permitir una carrera en los dos partidos que le tocó lanzar, récord que se mantuvo vigente durante 43 años. Los entrenadores de los Red Sox fueron relegando a Ruth a una posición de outfielder puesto que veían en él espléndidas condiciones de bateo y también muy buenas aptitudes para jugar de “jardinero”. No se equivocaban.

Una vez en los Yankees, la actuación de Babe Ruth marcó una época en el béisbol. Consiguió con los Yankees los primeros cuatro títulos de la franquicia, en los años 1923, 1927, 1928 y 1932. Asimismo, llegó a batir todos los récords en cuanto a home-runs se refiere y las cifras marcadas por él tardaron mucho tiempo en ser superadas. En la temporada de 1927 llegó a alcanzar la marca de 60 home-runs en 154 partidos, algo que no fue mejorado sino hasta 1961, año en el que Roger Marris consiguió 61 home-runs, aunque aún entonces se consideraba que esto no superaba la hazaña de Ruth dado que lo había hecho en un mayor número de partidos, en 162. Tuvo que ser hasta el año 1998 cuando se considera que este logro fue superado, pues Mark Mcguire, en una férrea competencia con Sammy Sosa, consiguió 70 home-runs. Sin embargo, posteriormente se vio envuelto en un escándalo de dopaje con lo cuál hubo de esperar 3 años más para que Barry Bonds lograra una cifra de 73 home-runs, sin estar envuelto en polémica relacionada con el dopaje, aunque hoy en día existen investigaciones que pueden implicarle. Esto da una idea de la magnitud de la hazaña de Ruth a principios de siglo. A su vez, también Babe Ruth estableció un récord de cifra total de home-runs, llegando a alcanzar los 730 durante toda su carrera. Este récord no sería superado sino hasta 1974 cuando lo batió Hank Aaron.

 En cuanto a los Red Sox, la marcha de Ruth dio paso a lo que se conoce como “La maldición de Babe Ruth” y se corresponde con un periodo de sequía de títulos importante. Al marcharse Babe Ruth, los Red Sox fueron colistas de la Liga Mayor de Béisbol (MLB) en nueve de los doce años siguientes. En 1933 adquiere la franquicia Tom Yawkey, quien presidió el equipo durante cuarenta y cuatro temporadas y aún hoy da nombre a la calle en la que se encuentra el mítico estadio de los Red Sox, el Fenway Park, conocido como “el monstruo verde” por su inmensa pared verde en uno de los costados en donde se alcanzan los home-runs. Dicho Estadio tiene más de cien años de existencia. Las cosas mejoraron cuando Yawkey tomó las riendas del equipo y fichó a jugadores de la talla de Jimmie Fox y Ted Williams, obteniendo temporadas aceptables de más victorias que derrotas y alcanzando en varias ocasiones la post temporada,  aunque sin llegar a disputar la serie mundial. Sin embargo, en los años en que duró la segunda guerra mundial algunos jugadores profesionales de béisbol se alistaron en el ejército. Entre ellos estuvo Ted Williams, con lo cual el nivel de los Red Sox sufrió mucho su pérdida y no se clasificó a la post temporada. Con la vuelta de Williams, los Red Sox alcanzaron en 1946 sus primeras series mundiales desde la marcha de Ruth. Tocaba enfrentar a los St. Louis Cardinals. Parecía que la maldición llegaría a su fin ya que los Red Sox vencían 3 a 2 en las series y sólo necesitaban ganar un juego más. Sin embargo, perdieron los dos siguientes, el último con una jugada impresionante de Enos Slaughter que consiguió correr de primera base a home. La maldición de Ruth se prolongaba.

Los Red Sox entrarían en un nuevo letargo de temporadas discretas hasta que aparecería cual oasis en el desierto la temporada de 1967, conocida como el “Sueño Imposible”. Tras ocho temporadas obteniendo un registro de más partidos perdidos que ganados, la temporada de 1967 veía a los Red Sox en una pelea por clasificar junto con otros tres equipos. Las esperanzas de los aficionados parecían desvanecerse cuando el héroe local Tony Conigliaro recibía un impacto de la pelota en la cara lo que le provocaba una severa lesión que le dejaba fuera de lo que restaba de temporada. Sin embargo, Carl Yastrzemski, mejor conocido como Yaz, ocupó su lugar y llevó a los Red Sox a creer en ese “Sueño Imposible”. El equipo mejoró su juego para ganar 23 de los últimos 44 partidos, quedando un juego por encima de sus rivales los Detroit Tigers y los Minnesota Twins para clasificarse a la post temporada. En el último partido de temporada regular, los Red Sox perdían por dos carreras cuando apareció Yaz en escena y conectó un doblete para empatar el partido en la quinta entrada. Los Red Sox finalmente vencerían con un marcador de 5 carreras a 2. Ya en post temporada, los Red Sox alcanzarían las series mundiales, en donde se volverían a ver las caras con los St. Louis Cardinals. Tras alcanzar una vez más el empate a tres juegos ganados, después de ir perdiendo por 3 a 1, los Red Sox sucumbieron en el séptimo y definitivo juego ante el magnífico picheo de Bob Gibson y el “Sueño Imposible” en efecto, llegaba a su fin.

Tras otras tantas temporadas obteniendo más victorias que derrotas y sin embargo no pudiendo clasificarse para la post temporada, los Red Sox lo hicieron en el año 1975 de la mano de dos novatos llamados Fred Lynn y Jim Rice. Además de estos dos, se contaba con los lanzamientos del pitcher Louis Tiant. Fred Lynn consiguió llevarse el título de novato del año a la par que el de MVP. En el primer partido de post temporada, los Red Sox dieron la campanada de forma magistral tras no sólo vencer a los campeones en las tres últimas campañas, los Oakland Athletics, sino que arrasarían con un contundente cuatro partidos a cero. Las Series Mundiales las disputarían con los Reds de Cincinnati. El primer partido lo vencerían con un espléndido lanzamiento del pitcher Louis Tiant. Las esperanzas de romper el maleficio cobraban vida. Sin embargo, los Reds le darían la vuelta a la serie y se colocarían tres juegos a dos, cuando se disputaba el sexto partido en Fenway Park. Este partido será recordado como uno de los más dramáticos en la historia de las series mundiales. Louis Tiant sería de nuevo el encargado de lanzar para los Red Sox. Al llegar a la última entrada, los Red Sox perdían de tres carreras y se aproximaba a la caja de bateo Bernie Carbo como bateador designado. Con la cuenta de cero bolas y dos strikes, las esperanzas parecían pérdidas, cuando Carbo acertó un home-run de tres carreras que consiguió empatar el partido y mandarlo a la prórroga. En la doceava entrada Carlton Fisk conectaba nuevamente un home-run para ganar el partido y mandar la serie a un definitivo séptimo partido. Los Red Sox empezaron ganando 3 carreras a 0, hasta que los Reds consiguieron empatar la serie en la séptima entrada y posteriormente dieron el golpe definitivo en la novena, llevando la desilusión a los aficionados de Boston, que comenzaban a pensar que jamás conseguirían ganar unas series mundiales debido a la maldición de Babe Ruth.

En el año 1984, los Red Sox se hacían con Roger Clemens, considerado uno de los mejores pitchers en la historia del beisbol. El 29 de abril de 1986 ante los Seattle Mariners, Clemens lograría la hazaña de eliminar mediante strikes un total de veinte jugadores en un solo partido. Algo que solamente ha sido igualado por otro pitcher más, Kerry Wood. Clemens se convertiría en el pitcher de la liga americana con más victorias en la temporada, un total de 24, ganando además el MVP esa temporada. Ya en la post temporada, los Red Sox se enfrentarían en las series de la liga americana, la antesala de las series mundiales, a los Anaheim Angels. La serie se ponía cuesta arriba al llegar al quinto partido con un marcador de 3 partidos a uno y se tenía que jugar en Anaheim. Sin embargo, el quinto partido sería ganado por los Red Sox y la serie volvería a Fenway Park, en donde estos se harían fácilmente con la victoria en los dos últimos partidos. En las Series Mundiales, los Red Sox se verían las caras con los favoritos New York Mets. Los Red Sox vencerían los dos primeros partidos en Nueva York, pero perderían los dos siguientes en Boston. Sin embargo, volverían a vencer el quinto en Nueva York y para el sexto podían utilizar a Roger Clemens como pitcher, lo que alentaba las esperanzas de llevarse la serie mundial. El partido llegaría a la prórroga. Los Red Sox se conseguían poner por delante en el marcador. A falta de dos outs para el triunfo de los Red Sox, los ánimos empezaron a hacerse notar en el Estadio. Todo el mundo creía que los Red Sox serían por fin campeones y se rompería el maleficio de Babe Ruth. El champán se comenzaba a descorchar. Incluso el marcador reflejaba un mensaje en el que se felicitaba a los Red Sox por ser campeones de las series mundiales de 1986. Sin embargo, los jugadores de los Angels comenzaron tímidamente a ocupar las bases mediante bateos. De repente, los ánimos de los aficionados se tensaron cuando vieron que los jugadores de los Angels llegaban a tercera base, empataban el partido consiguiendo una carrera, y finalmente conseguirían otra más y ganarían. Las caras de los aficionados de los Red Sox eran un poema. El séptimo y definitivo encuentro sería fácilmente ganado por los Angels, dado que el partido anterior había supuesto un golpe de efecto que minó los ánimos de los jugadores los Red Sox.

Pasaban los años y la afición de los Red Sox perdía toda esperanza de poder celebrar algún día una victoria en Series Mundiales. Creían fervientemente que su equipo estaba maldito por haber vendido en su momento a la superestrella Babe Ruth. En el año 2002, las cosas empezaban a cambiar. Se hacía con el control de la franquicia un grupo de empresarios liderado por John Henry aportando una importante cantidad de dinero para traer jóvenes promesas y poder conseguir el tan ansiado y resistido título. Los primeros fichajes de los Red Sox ese año fueron Johnny Damon y John Burkett. Sin embargo, este año los Red Sox no alcanzarían la post temporada. Al año siguiente, conseguirían contratar jugadores clave en el futuro como Kevin Millar, Bill Mueller y el dominicano David Ortiz. A ellos se unían los jugadores que ya se encontraban en el equipo como Manny Ramirez y el pitcher Pedro Martínez, dando a los Red Sox una alineación de mucha calidad. Los Red Sox harían una magnífica temporada, aunque finalizarían un lugar por debajo de sus acérrimos rivales de todos los tiempos, los Yankees de Nueva York, con quienes había habido cierta polémica antes del inicio de la temporada, y a los que el dueño de los Red Sox denominaba “el imperio malvado”. Ya en la post temporada, ambos equipos se verían las caras en las series de campeonato, un peldaño antes de las series mundiales. En los duelos entre ambos saltarían chispas. La “batalla” alcanzaría su máximo apogeo cuando en el tercer partido, y con la serie empatada a una victoria, tocaría el turno de lanzar a Pedro Martínez por los Red Sox y a Roger Clemens, ex jugador de los Red Sox, por los Yankees. Ambos equipos estuvieron a punto de llegar a las manos varias veces. La victoria se decantaría del lado de los Yankees poniendo la serie en ventaja 2 a 1. Los Red Sox empatarían la serie en el siguiente partido, pero los Yankees se adelantarían una vez más. Los Red Sox no querían rendirse y volvieron a empatar la serie mandándola a un séptimo partido, en el cuál se volverían a ver las caras Pedro Martínez y Roger Clemens. Los Red Sox mantenían la ventaja de 5 carreras a 2 llegada la octava entrada pero Pedro Martínez mostraba señales de fatiga. Sin embargo, el entrenador Grady Little no le sustituyó y los Yankees lograron empatar el partido mandándolo a la prorroga, en la cuál se adelantarían y ganarían el partido en la decimoprimera entrada. El entrenador, Grady Little sería destituido. 

Al año siguiente, los Yankees se cruzarían en el camino de los Red Sox una vez más. En un partido de la temporada regular incluso ambas escuadras se enzarzaron en una pelea. El destino parecía escrito y ambos equipos se volverían a ver las caras en las series de campeonato de la Liga Americana. Las series comenzaron de manera desastrosa para los intereses de los Red Sox ya que perdían los tres primeros juegos. Los aficionados creían que, una vez más, este no sería el año en el que se rompiese la maldición. Nunca antes un equipo había dado la vuelta a un marcador adverso de tres partidos a cero. En el cuarto juego, los Yankees vencían 4 carreras a 3 en la novena entrada y parecía que la serie llegaba a su fin cuando Bill Mueller conectó un hit que aportó la carrera del empate forzando la prórroga. En ella, David Ortiz conectaba un home-run en la décimosegunda entrada para ganar el partido. Los Red Sox seguían con vida. En el quinto juego la historia tomaba un guion parecido y, tras venir de atrás, los Red Sox forzaban la prórroga y vencían en la misma con un hit de David Ortiz en la decimocuarta entrada. Los Red Sox se harían también con la victoria en el sexto partido y forzarían el séptimo y definitivo. Este juego no podía escapársele de las manos a los Red Sox y con la motivación en alza luego de venir de atrás en la serie, arrasaron a los Yankees con un marcador final de 10 carreras a 3, y calificándose para sus quintas series mundiales desde la venta de Babe Ruth. Pero esta vez, no pensaban bajo ningún motivo, volver a fracasar en el intento. Además, el rival era un viejo conocido, que ya les había ganado en dos Series Mundiales y en el séptimo partido, los St. Louis Cardinals. El primer partido fue muy reñido y aunque los Red Sox se pusieron por delante por un marcador de 7 carreras a 2, los Cardinals supieron remontar para empatar el partido por dos veces, hasta que finalmente Mark Bellhorn dio la ventaja final para los Red Sox y consiguieron ganar el partido. El siguiente partido también lo ganaron los Red Sox y la serie viajó a San Luis, aunque esta vez tocaba el turno de lanzar a Pedro Martínez. Martínez no permitió una sola carrera en las siete primeras entradas y los Red Sox ganaban tres carreras a cero. El marcador final fue de cuatro carreras a una. El 27 de Octubre de 2004 Keith Foulke lanzaba la pelota a primera base para convertir el último out del cuarto juego con el marcador de tres carreras a cero a favor de los Boston Red Sox, logrando ganar las Series Mundiales y llevando el júbilo a los aficionados de Boston que veían como después de 86 años se proclamaban campeones de la MLB. Algo que la gran mayoría nunca había visto en su vida. El MVP de las series fue Manny Ramírez. El momento había llegado. Por fin se conseguía lo muchas veces ansiado. Se rompía la maldición de Babe Ruth.

ANDER JAVIER AGUIRRE CARRIÓN

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3 thoughts on “La maldición de “Babe” Ruth

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