Los Boston Red Sox vuelven a ser grandes

MLB: New York Yankees at Boston Red Sox

Tras una vibrante Serie Mundial, los Boston Red Sox se coronaron campeones de la Liga Nacional de Béisbol, luego de derrotar a los St. Louis Cardinals por cuatro juegos a dos. De esta forma, los de Massachussets conquistan su octavo título de grandes ligas, su tercero en la última década y dejan atrás su oscuro pasado, en donde estuvieron más de ochenta años sin saborear la gloria de ser campeones. Con este nuevo título, los medias rojas vuelven a consagrarse como un equipo grande que estará en todas las quinielas de favoritos en las temporadas venideras. De esta forma, aquel equipo que acarreaba seguidores en todos los rincones de América a principios de siglo, que durante un largo letargo dejó atrás los años gloriosos, ha vuelto a renacer de sus cenizas y hoy en día va camino de convertirse en un equipo de leyenda.

Con jugadores de la talla de Dustin Pedroia, David Ortiz, Jonny Gómez y Shane Victorino, uniendo a ello la calidad de lanzadores como Jon Lester, John Lackey y Koji Uehara, los medias rojas se hicieron con una serie que no estuvo exenta de sobresaltos y remontadas. El partido inaugural parecía presagiar un camino fácil para los de Massachussets, barriendo del campo a los Cardinals y venciendo por un marcador contundente de 8 carreras a 1. Sin embargo, quizás pensando que la serie carecería de dificultad, los de Boston salieron dormidos al siguiente día y cayeron en su campo por marcador de 4 carreras a 2.

Así, la serie se trasladó a San Luis dejando, un día de tranquilidad a los jugadores para que pensaran en el próximo partido.  Cabe aclarar que la serie se disputa al estilo del baloncesto. Los que ya conocen el sistema estarán enterados de cómo funciona, pero para los que no, aquí va una pequeña aclaración. La serie se juega dos partidos en dos días seguidos en el estadio de un equipo, posteriormente se traslada al estadio del equipo rival, dejando un día de descanso. Se juegan tres partidos en tres días seguidos en el otro estadio para posteriormente regresar al estadio del primer equipo. Se deja a su vez un día de descanso y finalmente en donde se juegan otros dos partidos en dos días seguidos. Lo anterior, siempre que un equipo no alcance las cuatro victorias, de lo contrario, la serie habría finalizado y ya no se jugarían más partidos.

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La Serie en San Luis no dejó de ser trepidante, basta simplemente observar el tercer partido, el cual se jugó a cara partida entre ambas escuadras, sabedoras de la importancia que supondría ponerse por delante en la Serie. De esta forma, hubo mucha igualdad durante todo el encuentro, llegando a la novena entrada con marcador de empate a cuatro carreras. Los Cardinals, como equipo local, se jugaban su última oportunidad de ponerse por delante y ganar el partido en la baja de la novena entrada, o de lo contrario el partido se iría a tiempo extra. (Cabe otra pequeña aclaración: las entradas tienen la parte alta, en la que el equipo visitante batea hasta que se le hagan tres outs, y posteriormente toca el turno al equipo local, que tiene también tres outs. Una vez que se acaba el turno del equipo local pasa al del visitante. Sin embargo, al jugarse nueve entradas en total, la baja de la novena entrada es la última oportunidad del equipo local de hacer algo en el partido.) Así las cosas, y con corredores en las bases, acudió al cajón Jon Jay, quien al batear una bola elevada, permitió, aun a pesar de que le hicieran un out fácil, que su compañero Craig tuviera el tiempo suficiente para llegar a home y conseguir la anotación para conseguir la victoria.

Tras el que fuera el partido más emocionante de la serie, los Red Sox no pensaron en ningún momento en darse por vencidos y acudieron con ganas al cuarto partido de la serie. Es aquí donde volvió a aparecer la figura salvadora de Koji Uehara, el pitcher japonés que tantos partidos había salvado para los medias rojas en temporada regular y que otras tantas salvaciones había conseguido en los playoffs, un total de tres hasta llegar a las series mundiales. Así, saltaría a la acción con marcador adverso para permitir que su equipo diera la vuelta al partido y se llevase la victoria, aunque hay que reconocer el mérito también a Jonny Gómez, quien conseguiría un home run en la sexta entrada con el marcador empatado.

En el quinto partido, los seguidores de los Cardinals se llevarían una nueva decepción brindada una vez más por Uehara, quien saltando al campo con marcador empatado, volvió a guiar a los suyos al triunfo con grandes lanzamientos, aunque quizá se notase un poco el esfuerzo del día anterior, ya que la actuación no fue tan dominante. Eso sí, es de destacar la forma en la que acabó el encuentro, esta fue con un lanzamiento a primera base atrapando adelantado a Wong, que en una ocasión anterior había conseguido robar una base al propio Uehara. Así las cosas, con marcador de 3 a 2 para los medias rojas, la serie se trasladaba una vez más al estado de Massachussets, en donde los seguidores del equipo aguardaban para dar paso a la celebración pues el título de campeones se veía cada vez más cerca.

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El mítico estadio de Fenway Park es conocido como el monstruo verde puesto que como se podrá apreciar de la fotografía anterior, en la esquina del jardín izquierdo se encuentra una espectacular pared que está completamente pintada de verde y en donde los home runs no se cuentan a menos que se consiga sobrepasar la misma. Dicho lo cual, resulta todo un desafío para los jugadores conseguir un cuadrangular en la mencionada esquina. Por ello, el estadio ha adquirido una condición de mito y el nombre que se la ha brindado no es ninguna casualidad. Hemos mencionado que los Red Sox pasaron una sequía de más de ochenta años sin conseguir un título de liga hasta principios de los años 2000 en donde fueron campeones y más tarde revalidaron el título. Sin embargo, cabe mencionar que en ambas ocasiones, el partido final fue ganado en el estadio del rival. Por lo tanto, esta ocasión se convertía en la posibilidad de celebrar la consecución del campeonato en el mítico estadio de Fenway después de casi un siglo. Por ello, los seguidores de las medias rojas esperaban con impaciencia el triunfo de su equipo en la vuelta de la serie a Massachussets.

Aún a pesar de que se contaba con dos partidos para conseguir la tan ansiada victoria, la ocasión no se hizo esperar. Igual que lo hicieran en el primer partido de la serie, los Red Sox salieron con mucho empuje y tras unas primeras dos entradas de sequía, la tercera y la cuarta fueron una pesadilla para los Cardinals, viendo como los jugadores de las medias rojas les bateaban todo tipo de lanzamientos y avanzaban corredores hasta conseguir carreras. Como ya lo hiciera en el último partido de la serie de campeonato, mención especial adquiere Shane Victorino, pues consiguió impulsar dos carreras en la tercera entrada y una más en la cuarta. De esta forma, los Red Sox conseguirían un total de seis carreras que supusieron una loza para los Cardinals quienes a pesar de no darse por vencidos y conseguir una carrera, no impidieron caer derrotados en el partido y por tanto en la serie.

Así, los seguidores de los Red Sox de Boston pudieron por fin celebrar un partido que les daba un nuevo título de la Serie Mundial en el mítico estadio de Fenway, algo que supuso una novedad para la inmensa mayoría de ellos ya que la anterior ocasión ocurrió a principios del siglo XX. Los medias rojas, con este nuevo campeonato, el tercero en la última década, se convierten en una hegemonía del presente, lo cual es un buen anuncio para la Liga Mayor de Béisbol, que recupera a uno de sus mitos en la figura de los Red Sox de Boston, en especial con la gran rivalidad que existe con los Yankees de Nueva York, vecinos estatales. De esta forma, los seguidores del equipo deben estar contentos, los Boston Red Sox vuelven a ser grandes.

red-sox-ballANDER JAVIER AGUIRRE CARRIÓN

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Comienza el Clásico de Otoño. Las Series Mundiales de Beisbol

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La temporada de beisbol llega a su fin y por ello ya no queda nada para conocer qué equipo se alzará con el título de campeón. Tan sólo pueden serlo dos: los Red Sox de Boston, quienes tras la sequía de más de 80 pueden conseguir su tercer título de campeones en los últimos diez años, y los St. Louis Cardinals, quienes tan sólo hace dos años se encontraban celebrando el campeonato. Por lo tanto, esta final se presenta como una confirmación de ambas escuadras demostrando ser unas de las mejores franquicias de los últimos años.

El camino de ambos equipos ha sido dominante, siendo líderes de su división durante buena parte de la temporada y terminando como tal. Los Red Sox de Boston han terminado en lo más alto de la conferencia este de la Liga Americana con un record de 97 victorias y 65 derrotas con un porcentaje de bateo de .599. Por su parte, los St. Louis Cardinals han terminado en lo más alto de la conferencia central de la Liga Nacional con un récord idéntico de victorias y derrotas y un porcentaje de bateo también idéntico al de las medias rojas.

El camino a la Serie Mundial de los de Boston les llevó a enfrentarse en las series divisionales contra los Tampa Bay Rays, a quienes derrotaron por tres partidos a uno. Posteriormente, en la serie por el campeonato de la Liga Americana se vieron las caras contra los Detroit Tigers, a quienes vencieron cuatro juegos a dos. En estos partidos destacaron las figuras de Shane Victorino, con un espectacular home run en el último partido contra los tigres de Detroit, poniéndolos por delante, lo que posteriormente dio pie a la victoria, y la del pitcher Koji Uehara, quien consiguió tres salvaciones en estas series (la salvación tiene lugar cuando un pitcher entra al partido en un momento en el que su equipo va por detrás en el marcador y consigue que al terminar el partido su equipo se alce con la victoria).

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Por su parte, los St. Louis Cardinals enfrentaron en las series divisionales de la Liga Nacional a los Pittsburgh Pirates, a quienes vencieron por tres juegos a dos. En las series de Campeonato se vieron las caras con los Dodgers de Los Angeles, derrotándolos por cuatro juegos a dos. La principal virtud de este equipo es el bloque, con varios jugadores que ostentan porcentajes de bateo de más de .300, como lo son el puertorriqueño Yadier Molina y el texano Matt Carpenter, así como algunos que cuentan con un buen número de cuadrangulares, como los 22 de Matt Holiday o los 24 de Carlos Beltrán.

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En la historia de las Series Mundiales, estas dos escuadras se han enfrentado un total de 3 ocasiones. La primera vez que se vieron las caras fue en el año 1946, en la cual los Cardinals derrotaron a los Red Sox por 4 partidos a 3. La siguiente ocasión tuvo lugar en 1967, en donde una vez más, los Cardinals se impusieron a los Red Sox por idéntico número de victorias y derrotas. Finalmente, en el 2004, los Red Sox por fin obtuvieron la victoria, esta vez con un contundente marcador de cuatro partidos a cero, rompiendo con el maleficio de más de 80 años sin conseguir un título de la Liga Mayor de Beisbol. La historia de estos enfrentamientos la hemos contado anteriormente en Con D de Deporte en el artículo La Maldición de Babe Ruth.

Así pues, el miércoles todo el universo beisbolístico estará pendiente de dar comienzo a una gran Serie Mundial, que enfrentará a dos equipos históricos que se encuentran en un buen momento de forma, dejando atrás años de penurias deportivas y peleando por ampliar su historial de campeonatos, el cual últimamente se ha visto incrementado considerablemente. Para los Boston Red Sox, esta es la oportunidad de conseguir su octavo título de la Liga Mayor de Beisbol, mientras que los St. Louis Cardinals se encuentran ante la ocasión de conseguir su décima segunda corona. Estar atentos y como se dice en este deporte: ¡Play Ball!

Opening Ceremony - 2011 College World Series  June 17, 2011ANDER JAVIER AGUIRRE CARRIÓN

Joe DiMaggio. Ejemplo de humildad

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Giuseppe Paolo DiMaggio, conocido mejor como Joe DiMaggio, nació el 25 de noviembre de 1914 en una pequeña ciudad californiana llamada Martínez, ubicada en el Condado de Contra Costa. Octavo de nueve primogénitos de Giuseppe y Rosalie, un humilde matrimonio de inmigrantes italianos que tuvieron que salir de su Sicilia natal en el año 1898 en busca de un futuro mejor. Al año del nacimiento de Joe, la familia se trasladó a la localidad de North Beach, situada al norte de la ciudad de San Francisco, conocida por su alta población de inmigrantes italianos. El oficio de Giuseppe, padre de Joe, era la pesca. En ocasiones intentaba estimular a sus hijos para que continuaran su legado, aunque Joe jamás se interesó por ello. Sin embargo, esta labor tan humilde fue quizás el germen del carácter de Joe, quien nunca se sintió atraído ni por los focos de los periodistas ni por obtener ingentes cantidades de dinero.

La vida de Joe estuvo ligada al béisbol desde pequeño. Su hermano mayor Vince fue beisbolista y llevaba al pequeño Joe a los campos de San Francisco, en donde éste rápidamente adquirió una gran habilidad para este deporte. En el año 1930, DiMaggio dejaría los estudios de bachillerato cursados en el colegio Galileo para dedicarse enteramente al béisbol. Competiría en primer lugar en la liga local, ganando el campeonato, para posteriormente recalar en los Seals de San Francisco de la Liga de la Costa Pacífica por recomendación de su hermano Vince. En este equipo semi profesional, DiMaggio registraría buenos números, destaca especialmente una racha de 61 partidos consecutivos conectando por lo menos un hit. Con buenas actuaciones, Joe llamaría la atención de los clubes de la Liga Mayor de Béisbol (MLB), pero serían los Yankees de Nueva York los que finalmente se harían con sus servicios tras pagar 25.000 dólares.

El 3 de mayo de 1936 Joe DiMaggio vestiría por primera vez el jersey de los Yankees de Nueva York en un partido contra los Browns de San Luis. Hacía dos años que Babe Ruth se había retirado y la hinchada de los Yankees necesitaba una nueva estrella. El equipo que conformaba aquellos Yankees estaba compuesto por nombres de gran entidad, como lo eran Lou Gehrig, Tony Lazzeri, Red Ruffing o Lefty Gomez. Joe inmediatamente dio buenas sensaciones en su nuevo equipo ayudándolo a alcanzar las Series Mundiales por primera vez en cuatro años. Sin embargo, no le valió con eso y en la serie contra los Gigantes de San Francisco tuvo una estelar actuación, incluyendo una valiosa atrapada en el jardín central. Esta actuación, junto a la de sus compañeros, le valió a los Yankees para conseguir el campeonato en lo que suponía la primera temporada de Joe DiMaggio en las grandes ligas.

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En el año 1939, DiMaggio fue coronado  por primera vez como Jugador Más Valioso de la Liga (MVP) gracias al porcentaje de bateo que alcanzo, que fue de .381 (el porcentaje de bateo se adquiere de dividir las veces que se está en disposición de batear entre las veces que efectivamente se consigue conectar la pelota). El 15 de mayo de 1941 Joe comenzaría a dejar su sello en la historia. A pesar de que el equipo perdiese 13 – 1 contra los White Sox de Chicago, Joe conectaría un hit al jardín izquierdo que daría lugar a una racha de conectar hits en partidos consecutivos que nunca ha vuelto a ser igualada conocida comúnmente como “La Racha”. DiMaggio seria seguido muy de cerca por todos los aficionados al béisbol del país que verían como conectaría hits en un total de 56 partidos consecutivos. La racha finalizaría el 17 de julio cuando ante Cleveland se iría sin conectar ningún hit. Aun así, tras terminar esta racha, Joe conectaría hits en los siguientes 17 partidos consecutivos. Esa temporada coronaria a Joe DiMaggio con su segundo título de Series Mundiales y su segundo MVP.

A pesar de los éxitos deportivos que estaba consiguiendo, DiMaggio no era ajeno a los acontecimientos que rodeaban a su país y, tras finalizar esta temporada, decidió participar en la Guerra Mundial que estaba aconteciendo. Si bien su participación en la Guerra no fue la de combatir en el frente sino la de entrenar físicamente a los soldados, su presencia en los territorios en guerra durante tres años supuso una inyección de moral para los soldados. Tras el fin de la Guerra Mundial, DiMaggio volvió a los Yankees para completar una gran temporada. Tras conseguir unos altísimos porcentajes de bateo, sería nombrado MVP por tercera vez en su carrera y lideraría a su equipo para conseguir un nuevo título de Series Mundiales, esta vez ante los Dodgers de Brooklyn. Al año siguiente no conseguiría el título, pero si lo haría en los siguientes tres campeonatos, los de 1949, 1950 y 1951, aunque ya no conseguiría un nuevo MVP. Sin embargo, una lesión de tobillo sufrida desde el año 1948 lastraría su carrera deportiva, obligándolo a forzar su retiro en 1951. Joe ingresaría en el salón de la fama del béisbol en 1955.

La vida de Joe fuera de los terrenos de juego también fue sonada, puesto que en 1954 contraería matrimonio con la célebre actriz Marylin Monroe, en el que sería conocido como el “matrimonio del siglo”. A pesar de que este matrimonio duro poco tiempo, un total de nueve meses, Joe siempre tuvo un importante afecto por la actriz, incluso dio el discurso más importante en el entierro de esta. DiMaggio llevó siempre una vida tranquila y alejada de los focos mediáticos, aun después de que se conociese su relación con la actriz. Tras unas complicaciones debidas a su adicción al tabaco, Joe DiMaggio ingresaría en el hospital de Hollywood, Florida el 12 de octubre de 1998, en donde permanecería varios días siendo tratado. Finalmente, Joe fallecería el 8 de marzo de 1999, dejando atrás una época prolífica en la historia del béisbol y en especial de los Yankees de Nueva York. Siendo como siempre fue, Joe DiMaggio se fue como una persona humilde y honrada, sabiendo en todo momento cuales fueron sus orígenes y no perdiendo esa normalidad ni cuando ganaba títulos de Series Mundiales ni cuando se le relacionaba con la mujer más famosa de la época.

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ANDER JAVIER AGUIRRE CARRIÓN

Lou Gehrig. Un ejemplo de coraje

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“Hoy me considero el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra.” Esta frase podría atribuírsele a cualquier persona que haya recibido una gratificante noticia. Sin embargo, cuando te han diagnosticado una enfermedad degenerativa y se te ha dado un pronóstico de esperanza de vida menor de tres años hay que tener mucho valor para proferirla. Es por ello por lo que el discurso pronunciado por el primera base Lou Gehrig el 4 de julio de 1939 en el Yankee Stadium se considera hoy en día como uno de los momentos más emotivos en la historia del deporte. En un homenaje lleno de profundo sentimiento con sus antiguos  compañeros de equipo, con los que tantas penas y alegrías había vivido en el vestuario, Lou Gehrig se mostraba agradecido por haber recibido tantas muestras de cariño durante los diecisiete años que ejerció como beisbolista profesional. En este famoso discurso, Gehrig señala que se sentía “el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra” ya que había podido rodearse de personas que le habían mostrado un gran afecto y admiración como los aficionados, compañeros de equipo, entrenadores, su suegra, sus padres y su mujer. Gehrig finaliza este discurso señalando que le ha venido un duro golpe en su vida, pero que le quedan todavía muchas cosas buenas por las que seguir vivo.

Henry Louis Gehrig, conocido como Lou Gehrig y apodado “el caballo de hierro”, nació el 19 de junio de 1903 en Nueva York y estaba destinado a convertirse en leyenda de  los New York Yankees. Gehrig provenía de una humilde familia de inmigrantes alemanes. Los problemas de salud fueron una desgracia constante en su vida puesto que ya sus padres padecían dolencias. Su padre estaba aquejado de epilepsia, mientras que su madre sufría de debilidad pulmonar. Sin embargo, en busca de un futuro mejor para su hijo, su madre conseguiría una beca para que Lou estudiara arquitectura en la Universidad de Columbia, a la vez que jugaba fútbol americano, ya que desde temprana edad Gehrig demostraba un enorme talento para los deportes. Fue en el béisbol donde Lou desarrollaría ese talento y jugaría un par de temporadas muy buenas en esta Universidad acaparando la mirada de los principales equipos de las grandes ligas.

Los New York Yankees consiguieron hacerse con los servicios de Gehrig y debutaría unos pocos días antes de cumplir los veinte años entrando como bateador emergente un 15 de junio de 1923. Ese año, los Yankees llegarían a la Serie Mundial, pero finalmente Lou Gehrig se quedaría fuera del plantel que la disputaría. Por su parte, al año siguiente Gehrig se haría con un hueco en la alineación titular de los Yankees en detrimento del primera base Wally Pipp, que sufría diversas lesiones. Sería el principio de una numerosísima racha de partidos que encarrilaría Gehrig y que a la postre establecería un récord que tardaría años en ser roto, la friolera cifra de 2.130 partidos consecutivos jugados. Rápidamente Gehrig se convirtió en un magnifico socio de Babe Ruth en cuanto a rendimiento del equipo se refiere. Así, Lou Gehrig obtuvo un porcentaje de bateo de 0,300 (para obtener el porcentaje de bateo se dividen las veces que se acude a batear entre las veces que se consigue conectar un hit) durante doce temporadas consecutivas, lo cual garantizaba muchas bases para su equipo. Además, sus números de home runs no eran nada malos y consiguió llevarse el título de máximo realizador de los mismos en tres ocasiones.

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El equipo de los Yankees del año 1927 es considerado por muchos el mejor en la historia de la franquicia. Gehrig y Ruth formaron una dupla imbatible y Gehrig fue considerado el jugador más valioso de la temporada, aunque fue difícil obtener el nivel de reconocimiento que se le dio a Ruth por haber conectado la cifra de 60 home runs, gesta que ya hemos comentado con anterioridad en Con D de Deporte. (Véase “La historia del record de home runs en una temporada” o “La Maldicion de Babe Ruth”) Ese año, Gehrig alzaría el trofeo de campeón de la MLB tras vencer en cuatro juegos a los Pittsburgh Pirates. Al año siguiente, los Yankees alcanzarían una nueva Serie Mundial y la ganarían para alzarse una vez más con el título. Este año, Gehrig y Ruth repetirían números brillantes, como la cifra de 142 carreras impulsadas que ambos compartirían. En el año 1932, los Yankees conseguirían alzarse con un nuevo título mundial. Gehrig contribuiría a la consecución de este título y consiguiendo incluso la hazaña de cuatro home runs en un mismo partido.

La relación entre Gehrig y Ruth estuvo llena de altibajos, acosada sobre todo por los egos de ambos jugadores y la necesidad de acaparar una mayor atención en los medios puesto que ambos promediaban unos números increíbles. Sin embargo, tras la consecución del título en 1932, esta relación sufrió su mayor tensión cuando hubo un cruce de declaraciones que no sentó bien a nadie. Ninguno de los dos jugadores volvería a cruzarse palabra durante un prolongado periodo de tiempo. Dada la profesionalidad de ambos, este incidente no tenía reflejo en el terreno de juego y Gehrig continuaba obteniendo unos registros muy buenos. Así, en 1934 conseguiría alzarse con la triple corona, esto es, liderar la liga regular en porcentaje de bateo, carreras impulsadas y home runs conseguidos. Por otra parte, conseguiría su home run número 300 en su carrera y su partido consecutivo número 1.500.

Tras el retiro de Ruth en 1934, Gehrig se mantuvo como la estrella mediática de los Yankees en solitario. Sin embargo, en el año 1936, el fichaje de Joe Dimaggio volvía a traerle competencia en cuanto a acaparar los focos de la prensa se refiere, aunque como hemos mencionado anteriormente, dado que era un profesional, su rendimiento deportivo no hizo sino ir en aumento y formaba junto a DiMaggio una dupla tan buena como la que había formado con Ruth. Mientras Gehrig seguía realizando actuaciones formidables como la de llevarse una vez más los títulos de máximo anotador y máximo realizador de home runs en la liga, su equipo se alzaba una temporada más con el de campeón mundial. Este sería el primero de cuatro títulos consecutivos que conseguirían los Yankees durante esos años, aunque Gehrig no participaría en todos.

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En 1938, Gehrig comenzó a notar síntomas de cansancio en su cuerpo. A la edad de treinta y cinco años en un principio creía que se trataba de la fatiga normal de un cuerpo envejecido. Sin embargo, cuando experimentaba dificultades para realizar tareas tan cotidianas como atarse los cordones, Gehring comenzó a temer que quizás se trataba de algo distinto. En 1939, tras empezar la temporada con unos números muy malos, Gehrig decidió someterse a un control en la clínica Mayo. Los resultados de este análisis indicaron una malísima noticia para Lou Gehrig. El 19 de junio de ese año se le diagnosticaba esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad muy poco conocida en aquella época que debilita las células del cuerpo y las hace incapaces de interactuar con el resto de músculos. Esta enfermedad era tan rara en esa época y se volvió tan famosa en el momento en el que le fue diagnosticada que adquirió la denominación del propio jugador y hoy en día es considerada como “la enfermedad Lou Gehrig”. Se le daba un pronóstico de menos de tres años de vida.

El 4 de julio se celebraría un sentido homenaje a Lou Gehrig por todos los años que había pasado en los Yankees. Se vistió con su antiguo uniforme y todos los integrantes del famoso equipo de 1927 estuvieron presentes, incluido Babe Ruth, con el que aún no había mantenido una sola palabra desde la confrontación que tuvieron en 1932. Tras una serie de actos de homenaje y cuando los aficionados pensaban que ya había terminado, Gehrig  daba un paso al frente, se postraba en el micrófono y comenzaba su famoso discurso con el que hemos comenzado este artículo. Mencionaba que había habido ciertos rumores sobre su condición  pero que se sentía el hombre más afortunado sobre la faz de la Tierra por haber compartido diecisiete años con las personas ahí presentes. Estas palabras, pronunciadas ante un  silencio abrumador, provocaron un aplauso rotundo por parte de los aficionados de los Yankees a los que tantas alegrías había dado. El resto del discurso ya lo he reflejado al comienzo y agrego un extracto para que se vea con claridad el sentimentalismo que tuvo. Incluso Babe Ruth se fundiría en un emotivo abrazo con Gehrig y reanudarían su relación.

La Liga de Beisbol Profesional cambió sus normas para acceder al Salón de la Fama de forma que Lou Gehrig pudiese ver su nombre inscrito en él. Al mismo tiempo, los Yankees retiraban su camiseta y dorsal para futuros jugadores, algo que aunque hoy en día es una práctica habitual, entonces era la primera vez que se llevaba a cabo. Durante los siguientes dos años, Gehrig asistiría a compromisos con la ciudadanía, en especial en el Estado de Nueva York, donde había sido residente durante tantos años. Sin embargo, en 1941, la salud de Gehrig se vio sumamente deteriorada. Casi no salía de casa. Le costaba mucho escribir e incluso hablar. Finalmente, el 2 de junio de 1941, Lou Gehrig fallecía mientras dormía en su casa de Nueva York. Una leyenda, no solo de los Yankees de Nueva York, sino también del deporte en general, que mostró un gran coraje al considerarse a sí mismo “el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra” por haber compartido tantos años con lo que más quería, el deporte.

ANDER JAVIER AGUIRRE CARRIÓN

La Historia del Récord de Home-Runs en una Temporada

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Para los amantes del béisbol, el home-run, o cuadrangular en el lenguaje beisbolista latino, es la mayor hazaña que se puede observar en un partido. Si bien, no es la única manera de anotar, sí es la más sorprendente y la más vistosa. Se corresponde con el hecho de golpear la pelota con el bate de manera que el vuelo de ésta sobrepase la circunferencia del estadio y vaya a parar a las gradas del mismo donde los hinchas enfervorizados la atraparían cual trofeo y celebrarían la anotación o anotaciones de su equipo. A lo largo de la historia de este deporte se ha dado una férrea competencia entre los jugadores por conseguir el mayor número de home-runs en una misma temporada, que suele constar de más de una centena de partidos, con lo que las posibilidades de agrandar la cifra son numerosas, si bien hay que tener la habilidad y la fuerza para conseguirlo. Hecha esta introducción prosigo a relatar la historia de aquellos deportistas que han conseguido imponer su sello en la historia del béisbol al implantar una cifra récord de los mismos.

El primero en conseguir el récord de más home-runs anotados en una temporada lo lograría aquel que consiguiera mayor número de cuadrangulares en la primera temporada de la liga en 1876. Este no sería otro que George Hall de los Philadelphia Athletics. Hall lograría un total de 5 home-runs en 70 partidos, que eran los que se jugaban en ese año y que irían aumentando de forma progresiva. Aunque la cifra pueda parecer un tanto escasa, hay que tener en cuenta que en ese tiempo las reglas en el béisbol no estaban del todo claras. Así, dependiendo de las dimensiones de determinados estadios, a veces mandar la pelota a las gradas no se consideraba un home-run, sino un ground-rule double, o doblete designado, esto es, la decisión por la cual, a pesar de que el corredor no podía ser eliminado, por no estar físicamente presente la pelota en el campo, no se le permitía avanzar más allá de la segunda base. Tres años después, Charlie Jones de los Boston Red Stockings conseguiría batir el récord de Hall logrando 9 cuadrangulares en una liga de más partidos, esta vez 84. Cuatro años más tarde, Harrey Stovie de los Philadelphia Athletics conseguía la cifra de 14 home-runs en 98 partidos, superando la marca de Jones.

Al año siguiente, en 1884, Ned Williamson de los Chicago White Stockings aprovecharía el cambio de normativa en su estadio local para alcanzar la marca de 27 home-runs en 112 partidos. En el Lakeshore Park mandar el balón fuera del estadio anteriormente se consideraba ground-rule double, pero a partir de ese año pasaría a considerarse home-run. Esta normativa era especialmente trascendente teniendo en cuenta que las dimensiones de la lejanía de las vallas del nombrado Lakeshore Park eran menores que las dimensiones de la lejanía de las vallas del resto de estadios de la Liga. No en vano al año siguiente los Chicago White Stockings debieron trasladarse al South Side Park para evitar polémicas. Para hacernos una idea de la ventaja que esto concedía, basta recalcar que muchos de los compañeros de equipo de Williamson también rondaron la veintena de home-runs en esa temporada. De los 27 cuadrangulares que Williamson conectó, 25 de ellos los hizo en su propio estadio y tan solo dos los logró a domicilio. Por esta razón, muchos aficionados consideraron más loable la actuación de otros beisbolistas durante los años posteriores a la cifra de Williamson, como fueron por ejemplo Buck Freeman en 1899, consiguiendo 25 home-runs para los Washington Senators y Gavvy Cravath, que conectó un total de 24 home-runs para los Philadelphia Pillies en 1915.

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A continuación aparecería la figura del hombre de la imagen, que no es otro que Babe Ruth. En Con D de Deporte ya hablamos de este beisbolista que marcó un antes y un después en la historia de este deporte en el artículo La Maldición de Babe Ruth. Sin embargo, son dignos de recordar aquí algunos de sus logros. En el año 1919, vistiendo todavía la camiseta de los Boston Red Sox, Ruth lograría batir el récord de Ned Williamson estableciendo una marca de 29 home-runs en un total de 140 partidos. A pesar de conseguir esta cifra y batir el récord, hay que mencionar que Babe Ruth ejercía en ocasiones de lanzador, con lo cual tuvo muchas menos oportunidades de batear que si hubiese actuado únicamente como jugador de campo. Sin embargo, esto no impidió al propio Ruth no sólo batir esta marca, sino conseguir un home-runs en cada uno de los estadios de sus rivales, algo jamás conseguido con anterioridad. Por otra parte, Ruth conseguiría más home-runs que 10 equipos de la liga contabilizando todos sus jugadores. Gavvy Cravath, al que hemos nombrado anteriormente, fue el segundo en home-runs esa temporada consiguiendo 12, 17 menos que los conectados por Babe Ruth.

Babe Ruth sería traspasado a los New York Yankees y su leyenda no haría sino aumentar con unos números que se consideraban de ciencia ficción. En su primera temporada en los Yankees, Babe Ruth conectó la impresionante cantidad de 54 home-runs en 154 partidos. Ruth aprovechó la cercanía de las vallas del estadio Polo Grounds, donde disputaba sus partidos como local para conseguir un total de 29 cuadrangulares tan sólo en ese estadio, que, unidos a los 26 que consiguió como visitante, aplastaría su propia cifra de home-runs conseguidos en su etapa en los Red Sox. Babe Ruth, no conforme con este logro, volvería al año siguiente con renovadas fuerzas para, una vez más, hacer historia y conseguir superar su propia marca. En esta ocasión conseguiría un total de 59 home-runs en 154 partidos. Tras varios años sin conseguir superar su marca, Babe Ruth establecería en 1927 la que sería su mejor marca de cuadrangulares y un récord que permanecería sin romperse durante muchos años. Ruth conectaría la cifra redonda de 60 home-runs en una temporada, 154 partidos, y conseguiría más cuadrangulares que todo el resto de equipos de la liga americana, contabilizando todos sus jugadores. La diferencia con respecto del segundo máximo realizador de esta especialidad sería de 13 home-runs, ya que su compañero de equipo Lou Gehrig conseguiría también una cifra muy buena, 47 cuadrangulares en 154 partidos, aunque esta cifra estaba por debajo de la de Ruth.

Pasarían muchos años y muchos grandes jugadores para que alguien consiguiese batir el récord establecido por Babe Ruth. Nombres célebres como Jimmie Fox, de los Philadelphia Athletics o Hank Greenberg, de los Detroit Tigers, amenazarían con batir el récord de Ruth al conseguir 58 home-runs en 1932 y 1938 respectivamente, pero se conformarían con esa cifra. No sería sino hasta el año 1961 que Roger Maris y Mickey Mantle, dos veteranos jugadores de los New York Yankees, denominados los chicos M&M, en alusión a sus iniciales de apellidos y a las famosas chocolatinas, pusiesen en verdadero peligro la cifra de cuadrangulares conseguida por Babe Ruth. Al mantener un férreo duelo entre ambos, se espoleaban para dar más de sí y conseguir un mayor número de home-runs. Sin embargo, faltando poco para terminar la temporada, Mickey Mantle tendría que desistir de continuar la batalla deportiva al sufrir una lesión y se quedaría en un total de 54 cuadrangulares. Eso no minó el rendimiento de Maris, sino al contrario, pareció darle más fuerzas, como si entonces batease también en nombre de su compañero y amigo. Así las cosas, Maris llegaría a superar el récord de Babe Ruth conectando un total de 61 home-runs, uno más que su antecesor. Sin embargo, la liga había ampliado el número de partidos que se disputaban a 162, por lo que hubo quien consideraba que esta hazaña no superaba la de Ruth.

maris1Una vez más pasarían muchos años y muchos beisbolistas para intentar cuando menos poner en riesgo este récord. La década de los 90 sería la que más amenazas le trajese. En 1994, cierto número de jugadores se vieron inmersos en un buen ritmo de consecución de home-runs y se pensaba que podían llegar a batir la cifra de Maris. Eran Matt Williams, de los San Francisco Giants y Ken Griffey Jr., de los Seattle Mariners. Sin embargo, una huelga por parte de los jugadores dio por finalizada la temporada y se dejaron de disputar alrededor de sesenta partidos que le restaban a la liga, así como la postemporada, dejando a ambos fuera de la persecución finalizando dicha campaña con una cifra de 43 cuadrangulares para Williams y 40 para Ken Griffey Jr. En 1997, el propio Ken Griffey Jr. libraría una nueva batalla deportiva por romper el récord, esta vez con Mark McGwire, jugador portentoso de los Oakland Athletics, que a mitad de temporada sería traspasado a los St. Louis Cardinals. Las cifras de ambos a principios de temporada pronosticaban que alcanzarían los 61 home-runs conseguidos por Maris, pero estos se quedarían finalmente en 58 cuadrangulares conseguidos por McGwire, contra los 56 alcanzados por Griffey Jr.

Al año siguiente se pronosticaba un nuevo duelo entre ambos que consiguiese finalmente derrocar el reinado de la marca alcanzada por Maris. A principios de temporada, las cifras de McGwire eran impresionantes. Bateando 16 home-runs en un solo mes, McGwire alcanzaba los 27 en los dos primeros meses de competición, por delante de los 19 que llevaba Griffey Jr. Sin embargo, en el mes de junio un nuevo perseguidor se unió a la competencia. Conectando 20 cuadrangulares tan solo en el mes de junio, lo que suponía un récord de home-runs en un solo mes, el dominicano Sammy Sosa de los Chicago Cubs alcanzaba los 33 home-runs, empatando en ese momento la cifra que llevaba Griffey Jr. y a tan solo 4 de McGwire. Esta persecución por el récord de Roger Maris entre los tres grandes beisbolistas atrajo la atención de muchos espectadores, tanto jóvenes que no habían tenido mucho interés por el beisbol anteriormente, como de aficionados mayores que habían perdido interés en este deporte debido a la huelga de hacía cuatro años.

Al llegar a finales de temporada, el ritmo impuesto por Sosa y McGwire no pudo ser seguido por Griffey Jr., quien se tuvo que conformar con una cifra final de cuadrangulares de 47. Sosa y McGwire se vieron enfrascados en un mano a mano que llegó a liderar momentáneamente Sosa con 56 home-runs, por 55 de McGwire entrando en el mes de septiembre. Sin embargo, McGwire conectaría cuatro cuadrangulares en sus dos primeros partidos de septiembre, situando el contador en 59 contra 55. Al día siguiente, se situaría en la histórica cifra de 60 home-runs, que tanto tiempo había sido considerada un hito tras conseguirla Babe Ruth, y acapararía la atención de todos los aficionados del béisbol que veían inminente la consecución del récord por McGwire. Este no defraudó. El 7 de septiembre de 1998, McGwire conectaba un home-runs de 430 yardas para alcanzar la cifra del récord de Roger Maris y, no contento con eso, el 8 de septiembre de 1998, en un duelo contra los Chicago Cubs, equipo de Sosa, McGwire volvía a hacer caja y alcanzaba la cifra de 62 home-runs, esta vez con uno de 341 yardas, rompiendo finalmente el récord de Maris. Sin embargo, después de romper el record, el ritmo de McGwire remitió, lo que permitió a Sosa darle caza y conectar 62 cuadrangulares. En el último partido de la temporada ambos llevaban la cifra de 65 y parecía que no avanzarían más. Sin embargo, Sosa conectaría uno más en su último partido para dejar su contador en 66. Le tocaba el turno a McGwire. En una gran exhibición, este conectaría nada menos que cinco home-runs ante cinco pitchers diferentes, parando su contador de cuadrangulares y por ende el récord histórico en 70.

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Al año siguiente, Sosa y McGwire reeditarían su duelo por conseguir el mayor número de home-runs y quizás romper el récord una vez más. Al finalizar la temporada sus cifras serían una vez más escandalosas, superando el número de cuadrangulares conectados por Maris y Babe Ruth. Sin embargo, ya no consiguieron romper el récord establecido el año anterior y su persecución no tuvo la misma atracción. Finalmente, Sosa conectó un total de 63 home-runs, 3 menos que su marca del año pasado, y McGwire 66, 4 menos. Al año siguiente, McGwire sufrió una lesión que le dejaría fuera durante toda la temporada y que a la postre acabaría por forzarle a retirarse, mientras que Sosa, aunque se mantuvo a buen nivel, no estuvo como en las temporadas anteriores y se tuvo que conformar con la cifra de 50 cuadrangulares, eso sí, fue el máximo realizador de la liga. El segundo máximo realizador de la liga ese año sería Barry Bonds, bateador californiano de raza negra de los San Francisco Giants, que había trascendido por sus impresionantes números al bate, pero que sin embargo no había destacado por su número de home-runs, que aunque siendo bastante bueno, no se había aproximado al de McGwire o Sosa. En esta ocasión fue segundo de la liga con un total de 49 cuadrangulares.

El año 2001 sería el año definitivo para la historia del récord de más home-runs en una temporada. Tras el retiro de McGwire por sus problemas con las lesiones, se preveía una lucha deportiva entre Sosa y Bonds, pero no se esperaba que el récord de McGwire pudiera llegar a ser batido, puesto que la cifra de 70 cuadrangulares se consideraba estratosférica. Sin embargo, las actuaciones de Bonds ya desde el principio de la liga presagiaban unos muy buenos números en cuanto a home-runs se refiere. En los primeros 50 partidos de la liga regular, Bonds conectó 28 cuadrangulares, promediando más de uno cada dos partidos. A mitad de temporada, Bonds ya llevaba 39 cuadrangulares, lo que hacía presagiar una más que posible amenaza al récord establecido tres años antes por McGwire. Con Sosa siguiéndole los talones, quien finalmente terminaría con 64 home-runs, siendo el único en la historia en tener tres temporadas con más de 60 cuadrangulares, Bonds alcanzaría la cifra de 73 home-runs y superaría el récord de Mark McGwire para convertirse en el jugador con más cuadrangulares en una sola temporada en toda la historia. El último de ellos fue conseguido el 8 de octubre de 2001 y la pelota con la que lo consiguió fue vendida a un coleccionista por valor de 450.000 dólares. Sin embargo, la mala relación de Bonds con la prensa y los ataques a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de ese año mermaron el efecto mediático de esta hazaña.

Tras retirarse McGwire y más tarde Barry Bonds, ambos se vieron inmersos en procesos que les acusaban de doparse durante las temporadas en las que consiguieron sus impresionantes cifras. Por su parte, McGwire reconocería haber hecho uso de ciertas sustancias prohibidas que mejoraban su rendimiento. En cuanto a Bonds, este en un principio negó haber consumido este tipo de sustancias, y sin embargo, posteriormente admitiría su uso y sería juzgado tanto por consumo de las mismas como por haber mentido ante un tribunal estatal. Por estas razones, se encuentran en entredicho los registros conseguidos por ambos jugadores, si bien se siguen considerando como marcas válidas por ahora. Este escándalo les privó a ambos de acceder al Salón de la Fama a pesar de sus impresionantes registros en cuanto a cuadrangulares se refiere.

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ANDER JAVIER AGUIRRE CARRIÓN

La maldición de “Babe” Ruth

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Corría el año 1920, los Boston Red Sox vendían a un chaval de veinticinco años, George Herman Ruth, mejor conocido como “Babe Ruth”, a su mayor rival, los New York Yankees, por 100.000 dólares. Lo que en ese tiempo podía parecer un buen precio, no fue ni mucho menos una decisión acertada y hoy en día es considerada una de las peores ventas en el deporte americano. En sus años en Boston, Babe Ruth jugaba curiosamente de pitcher y ayudó a los Red Sox a ganar tres series mundiales en los años 1915, 1916 y 1918. En los dos últimos campeonatos estableció un récord de picheo de casi treinta entradas seguidas sin permitir una carrera en los dos partidos que le tocó lanzar, récord que se mantuvo vigente durante 43 años. Los entrenadores de los Red Sox fueron relegando a Ruth a una posición de outfielder puesto que veían en él espléndidas condiciones de bateo y también muy buenas aptitudes para jugar de “jardinero”. No se equivocaban.

Una vez en los Yankees, la actuación de Babe Ruth marcó una época en el béisbol. Consiguió con los Yankees los primeros cuatro títulos de la franquicia, en los años 1923, 1927, 1928 y 1932. Asimismo, llegó a batir todos los récords en cuanto a home-runs se refiere y las cifras marcadas por él tardaron mucho tiempo en ser superadas. En la temporada de 1927 llegó a alcanzar la marca de 60 home-runs en 154 partidos, algo que no fue mejorado sino hasta 1961, año en el que Roger Marris consiguió 61 home-runs, aunque aún entonces se consideraba que esto no superaba la hazaña de Ruth dado que lo había hecho en un mayor número de partidos, en 162. Tuvo que ser hasta el año 1998 cuando se considera que este logro fue superado, pues Mark Mcguire, en una férrea competencia con Sammy Sosa, consiguió 70 home-runs. Sin embargo, posteriormente se vio envuelto en un escándalo de dopaje con lo cuál hubo de esperar 3 años más para que Barry Bonds lograra una cifra de 73 home-runs, sin estar envuelto en polémica relacionada con el dopaje, aunque hoy en día existen investigaciones que pueden implicarle. Esto da una idea de la magnitud de la hazaña de Ruth a principios de siglo. A su vez, también Babe Ruth estableció un récord de cifra total de home-runs, llegando a alcanzar los 730 durante toda su carrera. Este récord no sería superado sino hasta 1974 cuando lo batió Hank Aaron.

 En cuanto a los Red Sox, la marcha de Ruth dio paso a lo que se conoce como “La maldición de Babe Ruth” y se corresponde con un periodo de sequía de títulos importante. Al marcharse Babe Ruth, los Red Sox fueron colistas de la Liga Mayor de Béisbol (MLB) en nueve de los doce años siguientes. En 1933 adquiere la franquicia Tom Yawkey, quien presidió el equipo durante cuarenta y cuatro temporadas y aún hoy da nombre a la calle en la que se encuentra el mítico estadio de los Red Sox, el Fenway Park, conocido como “el monstruo verde” por su inmensa pared verde en uno de los costados en donde se alcanzan los home-runs. Dicho Estadio tiene más de cien años de existencia. Las cosas mejoraron cuando Yawkey tomó las riendas del equipo y fichó a jugadores de la talla de Jimmie Fox y Ted Williams, obteniendo temporadas aceptables de más victorias que derrotas y alcanzando en varias ocasiones la post temporada,  aunque sin llegar a disputar la serie mundial. Sin embargo, en los años en que duró la segunda guerra mundial algunos jugadores profesionales de béisbol se alistaron en el ejército. Entre ellos estuvo Ted Williams, con lo cual el nivel de los Red Sox sufrió mucho su pérdida y no se clasificó a la post temporada. Con la vuelta de Williams, los Red Sox alcanzaron en 1946 sus primeras series mundiales desde la marcha de Ruth. Tocaba enfrentar a los St. Louis Cardinals. Parecía que la maldición llegaría a su fin ya que los Red Sox vencían 3 a 2 en las series y sólo necesitaban ganar un juego más. Sin embargo, perdieron los dos siguientes, el último con una jugada impresionante de Enos Slaughter que consiguió correr de primera base a home. La maldición de Ruth se prolongaba.

Los Red Sox entrarían en un nuevo letargo de temporadas discretas hasta que aparecería cual oasis en el desierto la temporada de 1967, conocida como el “Sueño Imposible”. Tras ocho temporadas obteniendo un registro de más partidos perdidos que ganados, la temporada de 1967 veía a los Red Sox en una pelea por clasificar junto con otros tres equipos. Las esperanzas de los aficionados parecían desvanecerse cuando el héroe local Tony Conigliaro recibía un impacto de la pelota en la cara lo que le provocaba una severa lesión que le dejaba fuera de lo que restaba de temporada. Sin embargo, Carl Yastrzemski, mejor conocido como Yaz, ocupó su lugar y llevó a los Red Sox a creer en ese “Sueño Imposible”. El equipo mejoró su juego para ganar 23 de los últimos 44 partidos, quedando un juego por encima de sus rivales los Detroit Tigers y los Minnesota Twins para clasificarse a la post temporada. En el último partido de temporada regular, los Red Sox perdían por dos carreras cuando apareció Yaz en escena y conectó un doblete para empatar el partido en la quinta entrada. Los Red Sox finalmente vencerían con un marcador de 5 carreras a 2. Ya en post temporada, los Red Sox alcanzarían las series mundiales, en donde se volverían a ver las caras con los St. Louis Cardinals. Tras alcanzar una vez más el empate a tres juegos ganados, después de ir perdiendo por 3 a 1, los Red Sox sucumbieron en el séptimo y definitivo juego ante el magnífico picheo de Bob Gibson y el “Sueño Imposible” en efecto, llegaba a su fin.

Tras otras tantas temporadas obteniendo más victorias que derrotas y sin embargo no pudiendo clasificarse para la post temporada, los Red Sox lo hicieron en el año 1975 de la mano de dos novatos llamados Fred Lynn y Jim Rice. Además de estos dos, se contaba con los lanzamientos del pitcher Louis Tiant. Fred Lynn consiguió llevarse el título de novato del año a la par que el de MVP. En el primer partido de post temporada, los Red Sox dieron la campanada de forma magistral tras no sólo vencer a los campeones en las tres últimas campañas, los Oakland Athletics, sino que arrasarían con un contundente cuatro partidos a cero. Las Series Mundiales las disputarían con los Reds de Cincinnati. El primer partido lo vencerían con un espléndido lanzamiento del pitcher Louis Tiant. Las esperanzas de romper el maleficio cobraban vida. Sin embargo, los Reds le darían la vuelta a la serie y se colocarían tres juegos a dos, cuando se disputaba el sexto partido en Fenway Park. Este partido será recordado como uno de los más dramáticos en la historia de las series mundiales. Louis Tiant sería de nuevo el encargado de lanzar para los Red Sox. Al llegar a la última entrada, los Red Sox perdían de tres carreras y se aproximaba a la caja de bateo Bernie Carbo como bateador designado. Con la cuenta de cero bolas y dos strikes, las esperanzas parecían pérdidas, cuando Carbo acertó un home-run de tres carreras que consiguió empatar el partido y mandarlo a la prórroga. En la doceava entrada Carlton Fisk conectaba nuevamente un home-run para ganar el partido y mandar la serie a un definitivo séptimo partido. Los Red Sox empezaron ganando 3 carreras a 0, hasta que los Reds consiguieron empatar la serie en la séptima entrada y posteriormente dieron el golpe definitivo en la novena, llevando la desilusión a los aficionados de Boston, que comenzaban a pensar que jamás conseguirían ganar unas series mundiales debido a la maldición de Babe Ruth.

En el año 1984, los Red Sox se hacían con Roger Clemens, considerado uno de los mejores pitchers en la historia del beisbol. El 29 de abril de 1986 ante los Seattle Mariners, Clemens lograría la hazaña de eliminar mediante strikes un total de veinte jugadores en un solo partido. Algo que solamente ha sido igualado por otro pitcher más, Kerry Wood. Clemens se convertiría en el pitcher de la liga americana con más victorias en la temporada, un total de 24, ganando además el MVP esa temporada. Ya en la post temporada, los Red Sox se enfrentarían en las series de la liga americana, la antesala de las series mundiales, a los Anaheim Angels. La serie se ponía cuesta arriba al llegar al quinto partido con un marcador de 3 partidos a uno y se tenía que jugar en Anaheim. Sin embargo, el quinto partido sería ganado por los Red Sox y la serie volvería a Fenway Park, en donde estos se harían fácilmente con la victoria en los dos últimos partidos. En las Series Mundiales, los Red Sox se verían las caras con los favoritos New York Mets. Los Red Sox vencerían los dos primeros partidos en Nueva York, pero perderían los dos siguientes en Boston. Sin embargo, volverían a vencer el quinto en Nueva York y para el sexto podían utilizar a Roger Clemens como pitcher, lo que alentaba las esperanzas de llevarse la serie mundial. El partido llegaría a la prórroga. Los Red Sox se conseguían poner por delante en el marcador. A falta de dos outs para el triunfo de los Red Sox, los ánimos empezaron a hacerse notar en el Estadio. Todo el mundo creía que los Red Sox serían por fin campeones y se rompería el maleficio de Babe Ruth. El champán se comenzaba a descorchar. Incluso el marcador reflejaba un mensaje en el que se felicitaba a los Red Sox por ser campeones de las series mundiales de 1986. Sin embargo, los jugadores de los Angels comenzaron tímidamente a ocupar las bases mediante bateos. De repente, los ánimos de los aficionados se tensaron cuando vieron que los jugadores de los Angels llegaban a tercera base, empataban el partido consiguiendo una carrera, y finalmente conseguirían otra más y ganarían. Las caras de los aficionados de los Red Sox eran un poema. El séptimo y definitivo encuentro sería fácilmente ganado por los Angels, dado que el partido anterior había supuesto un golpe de efecto que minó los ánimos de los jugadores los Red Sox.

Pasaban los años y la afición de los Red Sox perdía toda esperanza de poder celebrar algún día una victoria en Series Mundiales. Creían fervientemente que su equipo estaba maldito por haber vendido en su momento a la superestrella Babe Ruth. En el año 2002, las cosas empezaban a cambiar. Se hacía con el control de la franquicia un grupo de empresarios liderado por John Henry aportando una importante cantidad de dinero para traer jóvenes promesas y poder conseguir el tan ansiado y resistido título. Los primeros fichajes de los Red Sox ese año fueron Johnny Damon y John Burkett. Sin embargo, este año los Red Sox no alcanzarían la post temporada. Al año siguiente, conseguirían contratar jugadores clave en el futuro como Kevin Millar, Bill Mueller y el dominicano David Ortiz. A ellos se unían los jugadores que ya se encontraban en el equipo como Manny Ramirez y el pitcher Pedro Martínez, dando a los Red Sox una alineación de mucha calidad. Los Red Sox harían una magnífica temporada, aunque finalizarían un lugar por debajo de sus acérrimos rivales de todos los tiempos, los Yankees de Nueva York, con quienes había habido cierta polémica antes del inicio de la temporada, y a los que el dueño de los Red Sox denominaba “el imperio malvado”. Ya en la post temporada, ambos equipos se verían las caras en las series de campeonato, un peldaño antes de las series mundiales. En los duelos entre ambos saltarían chispas. La “batalla” alcanzaría su máximo apogeo cuando en el tercer partido, y con la serie empatada a una victoria, tocaría el turno de lanzar a Pedro Martínez por los Red Sox y a Roger Clemens, ex jugador de los Red Sox, por los Yankees. Ambos equipos estuvieron a punto de llegar a las manos varias veces. La victoria se decantaría del lado de los Yankees poniendo la serie en ventaja 2 a 1. Los Red Sox empatarían la serie en el siguiente partido, pero los Yankees se adelantarían una vez más. Los Red Sox no querían rendirse y volvieron a empatar la serie mandándola a un séptimo partido, en el cuál se volverían a ver las caras Pedro Martínez y Roger Clemens. Los Red Sox mantenían la ventaja de 5 carreras a 2 llegada la octava entrada pero Pedro Martínez mostraba señales de fatiga. Sin embargo, el entrenador Grady Little no le sustituyó y los Yankees lograron empatar el partido mandándolo a la prorroga, en la cuál se adelantarían y ganarían el partido en la decimoprimera entrada. El entrenador, Grady Little sería destituido. 

Al año siguiente, los Yankees se cruzarían en el camino de los Red Sox una vez más. En un partido de la temporada regular incluso ambas escuadras se enzarzaron en una pelea. El destino parecía escrito y ambos equipos se volverían a ver las caras en las series de campeonato de la Liga Americana. Las series comenzaron de manera desastrosa para los intereses de los Red Sox ya que perdían los tres primeros juegos. Los aficionados creían que, una vez más, este no sería el año en el que se rompiese la maldición. Nunca antes un equipo había dado la vuelta a un marcador adverso de tres partidos a cero. En el cuarto juego, los Yankees vencían 4 carreras a 3 en la novena entrada y parecía que la serie llegaba a su fin cuando Bill Mueller conectó un hit que aportó la carrera del empate forzando la prórroga. En ella, David Ortiz conectaba un home-run en la décimosegunda entrada para ganar el partido. Los Red Sox seguían con vida. En el quinto juego la historia tomaba un guion parecido y, tras venir de atrás, los Red Sox forzaban la prórroga y vencían en la misma con un hit de David Ortiz en la decimocuarta entrada. Los Red Sox se harían también con la victoria en el sexto partido y forzarían el séptimo y definitivo. Este juego no podía escapársele de las manos a los Red Sox y con la motivación en alza luego de venir de atrás en la serie, arrasaron a los Yankees con un marcador final de 10 carreras a 3, y calificándose para sus quintas series mundiales desde la venta de Babe Ruth. Pero esta vez, no pensaban bajo ningún motivo, volver a fracasar en el intento. Además, el rival era un viejo conocido, que ya les había ganado en dos Series Mundiales y en el séptimo partido, los St. Louis Cardinals. El primer partido fue muy reñido y aunque los Red Sox se pusieron por delante por un marcador de 7 carreras a 2, los Cardinals supieron remontar para empatar el partido por dos veces, hasta que finalmente Mark Bellhorn dio la ventaja final para los Red Sox y consiguieron ganar el partido. El siguiente partido también lo ganaron los Red Sox y la serie viajó a San Luis, aunque esta vez tocaba el turno de lanzar a Pedro Martínez. Martínez no permitió una sola carrera en las siete primeras entradas y los Red Sox ganaban tres carreras a cero. El marcador final fue de cuatro carreras a una. El 27 de Octubre de 2004 Keith Foulke lanzaba la pelota a primera base para convertir el último out del cuarto juego con el marcador de tres carreras a cero a favor de los Boston Red Sox, logrando ganar las Series Mundiales y llevando el júbilo a los aficionados de Boston que veían como después de 86 años se proclamaban campeones de la MLB. Algo que la gran mayoría nunca había visto en su vida. El MVP de las series fue Manny Ramírez. El momento había llegado. Por fin se conseguía lo muchas veces ansiado. Se rompía la maldición de Babe Ruth.

ANDER JAVIER AGUIRRE CARRIÓN