Cómo ser jugador joven, calvo, melenudo o con bigote y triunfar en el intento

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El otro día Joseph Blatter sorprendió a los medios con unas declaraciones un poco desafortunadas, no tanto en su contenido cuya opinión tampoco es nada del otro mundo, sino por proceder del Presidente mismo de la F.I.F.A, máximo organismo mundial del fútbol. Entre otras cosas hizo referencia al gasto en peluqueros de Cristiano Ronaldo. Y razón no le falta la verdad, lo que hizo que recordase una vez más mi especial devoción por el fútbol auténtico, ese que se perdió hace ya quince años más o menos y que incluía al género de jugadores que yo denomino específicamente “Tato Abadía style”.

El bueno de Agustín “Tato” Abadía, inspirador del nombre, nunca pasará a la historia por ser un jugador técnico, creador, o desequilibrante pero fue un verdadero ídolo allá donde jugó. Y hay que decir que jugó en varios equipos: Logroñés, Compostela e incluso Atlético de Madrid. Todo un derroche de sacrificio y valentía enfundado en una estética alopécica prematura, frondoso bigote y físico poco atlético. Seria imposible ver hoy día a un jugador de Primera División con un aspecto así. ¡Vamos, que eso eran verdaderos futbolistas! O por ejemplo también la figura del robusto Carmelo Navarro, defensa y capitán del Cádiz C.F que a punto estuvo de dejar el fútbol tras dos lesiones de rodilla consecutivas que le mantuvieron en blanco casi dos años. El Recreativo de Huelva, entonces su Club, le dio incluso por desahuciado para el fútbol pero salió adelante y se convirtió en el “Beckenbauer de la Bahía” para la afición gaditana.

n_cadiz_cf_carmelo-55139En el lado opuesto, cuando la alopecia respetaba al jugador aparecían las melenas al viento. Y una de ellas en concreto sigue siendo muy querida por Pucela, ¡cómo olvidarla!. El gran Carlos “Pibe” Valderrama que recaló en el Valladolid a principios de los noventa, miembro además de aquella prolífica generación de jugadores colombianos que dio grandes cracks como Faustino Asprilla o René Higuita (También jugador pucelano en su momento) y que dejó una gran huella en España principalmente por su peinado científicamente imposible que aún hoy luce orgulloso y por la tocada de genitales, literal, recibida por parte del madridista Michel en la disputa de un córner durante un partido de Liga.

El otro protagonista elegido por mí, casi al azar porque se me ocurren una barbaridad de ejemplos que darán más de un artículo, es ni más ni menos que Juan José Jiménez Collar, que dicho así a bote pronto no nos sonaría pero si se le añade su superlativo apodo “Sandokán” todo cobra sentido. Con su frondosa melena y barba, este gaditano de los pies a la cabeza dejó años de buen fútbol en la Tacita de Plata y pasó a la historia por su look melenudo que le valió merecidamente ese apodo. En sus años de apogeo jugó en el Real Madrid e incluso debutó con la Selección española. Por desgracia, la vida post futbolística no le deparó tanta suerte cayendo en el anonimato y debiendo trabajar en los astilleros o repartiendo correo.

10829_300x249Habrá nuevas entregas de los “Tato Abadía Style” pero ojo, muchos otros lo harán porque futbolísticamente también se lo ganaron, porque no siempre se trata de limitarse a esbozar una media risa viendo el aspecto de estos jugadores de antaño sino que se debe recordar por un segundo al menos, que acuñaron su fama también en el terreno de juego.

No obstante, para qué negarlo, hay algunos que deben ser recordados (ya lo son en muchos foros de internet), los Atila Kasas y compañía porque ¡hay que ver! En tantos años desfilaron algunos jugadores que sólo por su aspecto ya dieron de qué hablar. Para que luego nos quejemos de los peinados de Cristiano Ronaldo y compañía… Entonces no existían convenciones estéticas y se jugaba al fútbol sin más. No era necesario un espejo en el vestuario. ¿Para qué? Preguntarían entonces…

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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Todos podemos ser propietarios del Borussia Dortmund…

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Todos podemos ser propietarios del Borussia Dortmund… … aunque sea en un pequeño porcentaje. Si bien este artículo se sale un poco de la línea de este Blog al abordar el deporte desde un punto de vista económico y financiero, no se aleja del todo de su temática, ya que el objetivo del mismo es recopilar anécdotas y curiosidades del mundo deportivo.

Por todos es de sobra conocido que el deporte levanta pasiones en todo el mundo. Concretamente, en el caso del fútbol europeo se ha intentado llevar esa pasión y entusiasmo a los mercados bursátiles permitiendo a los equipos cotizar  en bolsa como si de una empresa se tratase. De esta forma, cualquier inversor, ya sea un particular o un gran fondo de inversión puede  llevar a cabo la compra-venta de sus títulos.

Seguramente más de un lector se estará preguntando ¿por qué un club de fútbol iba a querer cotizar en bolsa?

Pues bien, la explicación es muy sencilla: Un club de fútbol cotiza en bolsa por la misma razón por la que decide hacerlo una empresa, para buscar financiación. Esto significa que el club de fútbol no tendrá que pedir tanto dinero prestado a bancos o entidades prestamistas, ya que se incrementan sus fondos propios  gracias a la compra de sus acciones por los inversores pudiendo hacer uso de ese capital de forma inmediata. Otras formas de financiación aparte de la solicitud de préstamos sería por ejemplo la emisión de bonos o pagarés.

Pero volviendo a la cotización en bolsa, los primeros clubes de fútbol en utilizar esta opción fueron los ingleses, el Tottenham Hotspur salió a bolsa en 1983, seguido en 1991 del Manchester United y del Celtic de Glasgow en 1995. A finales de 1998 ya cotizaban un total de 20 clubes ingleses y algunos clubes del resto de Europa se iban animando, como fueron el Lazio Roma, el Ajax Amsterdam o el Zurich Grasshoppers.

Debido a que ya existía un número considerable de clubes de fútbol cotizando en bolsa, se decidió crear un índice bursátil en abril de 2002 llamado STOXX Europe Football Index. Un índice se utiliza normalmente en los mercados financieros para “resumir” el comportamiento de diferentes valores que cotizan en el mercado y usualmente se refleja mediante un número. De esta manera se replican las variaciones de valor o rentabilidades promedio de las acciones  que lo componen, un ejemplo sería el IBEX 35 español o el DOW JONES americano.

Este índice incluía 33 equipos y cerró su primer día de cotización a un precio de 149,12 €. Cabe destacar que ninguno de los equipos tenía un peso en el índice superior al 10% para impedir la excesiva importancia o dominación de un solo club individual. Los clubes con mayor ponderación o peso en el índice eran la Juventus de Turín, el Manchester United y el Lazio, seguidos muy de cerca por el Borussia Dortmund y el AS Roma.

A lo largo de los últimos 10 años este índice experimentó numerosos cambios en los valores que lo componían debido a diversas razones como la bancarrota de algún equipo, su compra por parte de alguna compañía o inversor, la incorporación de clubes nuevos, etc. Actualmente componen este índice los siguientes 22 valores:

Supongo que la mayoría de los lectores estarán pensando: toda esta información está muy bien, ¿pero realmente es rentable comprar acciones de clubes de fútbol?  ¿o mejor sigo con las apuestas tradicionales y la quiniela?

Lamentablemente en la mayoría de los casos, la inversión en estos valores no hubiese sido una operación de éxito. De hecho muchos expertos señalan que la cotización de un club de fútbol es muy difícil de predecir ya que influyen mayoritariamente los resultados deportivos así como las fluctuaciones del mercado en general. Estas razones, junto a la falta de liquidez producida por los inversores estables como los fondos, grandes inversores y aficionados, hacen que la formación del precio sea muchas veces ineficiente. No obstante, hay diversos factores aparte de los ya mencionados que pueden influir en el precio de la acción, y es que estar presente en el mercado financiero exige un cierto cuidado de la “imagen” del club. Así, por ejemplo, los insultos racistas de una de las estrellas del Lazio (Sinisa Mihajlovic) a un jugador de color del Arsenal provocó una disminución de la acción, también el reciente anuncio de la retirada del entrenador del Manchester United, Alex Ferguson, provocó una caída del 2% de la cotización.

De hecho, si observamos el gráfico del STOXX Europe Football Index podemos ver como desde su creación en 2002 ha cotizado en positivo (por encima del valor de salida) en tres periodos diferentes y a grandes rasgos podría decirse que no sigue el movimiento del mercado bursátil en general, siendo además muy volátil.

No obstante, a pesar del mal comportamiento del sector hay ciertas acciones “futbolísticas” que han sido todo un éxito desde su salida al parqué, el Galatasaray y el Fenerbahçe. Estos dos clubes de fútbol turco han tenido un recorrido bursátil bastante notable haciendo ganar a sus accionistas más del cuádruple de lo que invirtieron en el momento de su salida a bolsa.

Otro caso algo más especial ha sido el del Manchester United, otro de los pocos clubes con ganancias en bolsa. Como bien he explicado al principio del artículo, el Manchester United empezó a cotizar en 1991, pero años más tarde, en mayo 2005, Malcolm Glazer (propietario de los Tampa Bay Buccaneers) se hizo con el control del equipo de fútbol, lo que le permitió excluir de bolsa sus acciones. Sin embargo, en el verano de 2012 y por necesidad urgente de liquidez, se decidió que el equipo volviese a cotizar, pero esta vez en el NYSE (la bolsa estadounidense).

Por otra parte, comprar acciones de clubes de fútbol tampoco lleva aparejado normalmente ningún tipo de ventaja en forma de ofertas o descuentos, como sí lo hacen otras empresas como Banco Santander, Repsol o Telefónica.

Resumiendo, podemos decir que el sector de las franquicias deportivas ha sido uno de los que menos rentabilidad ha proporcionado a sus accionistas. Personalmente no recomiendo la compra de acciones en este sector al existir otras formas de apoyar económicamente al equipo del que uno es aficionado. Me gustaría terminar este artículo abriendo una pequeña reflexión entre los lectores.

¿Debemos esperar que un equipo de fútbol se comporte como una empresa y aspirar a obtener beneficios de ella en forma de dividendos o incremento de sus acciones? ¿O por el contrario, deberíamos medir su actividad sólo por los resultados deportivos que consigan y dejarnos de comparaciones innecesarias al establecer categorías como el club más rico o el club que más ingresos genera? ¿Es realmente necesario sacar los clubes a bolsa?

ADRIÁN VELASCO KARST

La pifia y sanción del A.C Milan en el Vélodrome marsellés

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Aprovechando que el Málaga C.F tiene pie y medio fuera de las competiciones europeas para la temporada que viene, me he esforzado en recordar una anécdota de cuando era bien pequeño. Y es que este tipo de sanciones, ni son nuevas, ni sólo se imponen a los clubes pequeños en contraposición con los gallos de Europa. Y si no, que se lo digan a los clubes ingleses en la década de los ochenta y… al A.C Milan en 1991.

Una historia absurda, casi irreal, difícilmente justificable para alguien con dos dedos de frente, ocurrió un 20 de marzo de 1991 en el viejo Stade Vélodrome de Marsella. Pero como todo, vamos poco a poco.

Dos equipos y una eliminatoria. Un duelo de gran nivel entre dos escuadras punteras aquellos años. Por un lado, el A.C Milan, un club que no requiere presentación y el mejor del mundo por aquel entonces. Era una máquina de crear fútbol y de tirar el fuera de juego con gran maestría al grito de ¡Milan! de su gran capitán Franco Baresi. Campeones de Europa en 1989 y 1990 con una superioridad notable en el terreno de juego (que se lo digan al Real Madrid de la Quinta del Buitre con aquel 5-0 en San Siro que todavía escuece), con los holandeses Van Basten, Gullit y Rijkaard destacando dentro de una gran plantilla. Arrigo Sacchi cogió a un Milan casi recién ascendido y lo coronó como uno de los mejores combinados de la historia. Su propio favoritismo les “obligaba” a ser Campeones de nuevo pero las cosas se torcieron demasiado pronto.

En el otro lado del terreno de juego, el Olympique de Marsella, uno de los Clubs de fútbol más laureados de Francia y el mejor de aquella época en el país galo. Por desgracia, poco tiempo después les salpicó uno de los mayores escándalos de la historia del fútbol en ese país siendo incluso desposeído de su Título de Campeón de Liga por apuestas ilegales. Bernard Tapie se cayó con todo el equipo y nunca mejor dicho, siendo además en aquella época diputado de la Asamblea Nacional. En lo meramente deportivo, un grandísimo equipo con Jean Pierre Papin a la cabeza.

Era marzo de 1991. Se jugaban los Octavos de Final de la todavía Copa de Europa y contra todo pronóstico en la ida el A.C Milan ha pinchado contra los marselleses empatando a uno en San Siro. Era un mal resultado sin duda. Ruud Gullit había dado ventaja a los Rossoneri pero Papin había puesto el 1-1 a los pocos minutos. Por mucho Milan que fuese, Marsella siempre era una olla presión incluido su viejo estadio, el Vélodrome, que se llenaba hasta la bandera de incondicionales de su equipo.

Como era de prever, la ansiedad del campeón pasó factura. No es que el Marsella estuviese cuajando el partido del siglo, pero con una buena defensa y contemporizando los minutos fueron pasando. Peor aun, en el minuto 75, Abedi Pelé centra un balón al área, Papin cabecea forzado y Chris Waddle, un buen extremo inglés chuta de primeras. Gran gol ante el que nada puede hacer Sebastiano Rossi. Como es lógico, el partido y la eliminatoria seguían estando cerca, a un tanto de la prórroga. Pero no. Seguían pasando los minutos y el muro marsellés no cedía. Y de repente… Apagón. Dos de las cuatro torres del Vélodrome quedaron a oscuras.

Chris Waddle pugna con Paolo Maldini

Chris Waddle pugna con Paolo Maldini

A partir de aquí se monta el gran revuelo y la “ingeniosa” idea de Adriano Galliani, vicepresidente del Milan y mano derecha de Silvio Berlusconi, entra en acción. Tras unos instantes de incertidumbre, Galliani manda a los jugadores al vestuario. No es esa la decisión de Bo Karlsson, el colegiado del encuentro, pero órdenes son órdenes. “Nos negamos a jugar porque nuestra seguridad está en entredicho”. Pero no hay nada de extraño en la actitud del Milan. Más bien salta a la vista la estratagema. Galliani intenta conseguir que la UEFA sancione al Olympique de Marsella con la eliminación o bien con la repetición del partido, pero no lo va a conseguir. Después de advertir a los milanistas hasta en cuatro ocasiones, agarra el esférico y se dirigue al área del Marsella para reanudar el partido. Como observa que el Milan se está retirando del terreno de juego, no lo duda un instante y pita el final del partido.

A partir de aquí se suceden los acontecimientos en los despachos. Al día siguiente, Berlusconi trató de suavizar la previsible sanción aceptando la derrota y retirando un recurso contra lo sucedido. El Club se quejaba simplemente de la mala organización. El 28 de marzo la UEFA sancionó al Milan con un año de suspensión en las competiciones europeas. El 24 de abril en Ginebra, él mismo defendió ante el Comité, durante más de dos horas al Milan y solicitó que la UEFA dejara la sanción en una simple multa sin inhabilitarle. Sin embargo, el organismo, presidido por el suizo Leon Straessle y compuesto por el irlandés David Bowen, el alemán Wilhelm Hennes, el escocés Peter Gardiner y el islandés Gudmundur Petursson, confirmó la sanción, acusó al Club de “espíritu antideportivo agudo” y justificó la decisión en el hecho de que el árbitro advirtió cuatro veces al equipo de Arrigo Sacchi para que prosiguiese el juego. El propio Galliani, artífice de la idea, fue suspendido durante dos años, hasta el 30 de julio de 1993. Aunque en principio dijo que dimitiría si era sancionado, no lo hizo porque Berlusconi no se lo permitió.

Por lo menos, el baño de agua fría le vino bien al A.C Milan que durante su año de sanción ganó el Scudetto terminando invicto y de la mano ya de Fabio Capello, se aprovechó su ausencia para renovar la plantilla con Papin, Savicevic, Boban, Lentini etc. y volvería a jugar en Europa el 12 de septiembre de 1992 siendo finalista esa misma temporada frente al… Olympique de Marsella y campeón en 1994 tras aplastar al F.C Barcelona con un inapelable 4-0 en Atenas.

“Me he comportado como un ‘tifosi’ en vez de ejercer de delegado del equipo, con la cabeza fría, como correspondía a mi cargo” Adriano Galliani.

“Estoy bastante decepcionado. Hemos tenido mala suerte. Se produjo una decisión errónea por parte de un dirigente y de los restantes componentes del equipo. Nos negamos a reanudar el partido debido a la multitud no autorizada que se hallaba en el césped” Silvio Berlusconi.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

Un mate que se convirtió en símbolo

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Estaba esta mañana buceando por la sección de baloncesto del Blog y entre tantos momentos, dioses y jugones, me ha venido a la mente una jugada espectacular que marcó mi juventud baloncestística, no por ser brillante técnicamente, sino por lo que representaba. Era la lucha de un joven rookie recién llegado de Barcelona por hacerse un hueco en la mejor liga del mundo. Cambiaba de país, de cultura baloncestística y tenía la presión de ser el único representante de España en la NBA, y el segundo de la Historia, sólo por detrás de Fernando Martín. Enfrente tenía a un icono asentado del baloncesto americano, era Kevin Garnett, dispuesto a contradecir a aquéllos periodistas que empezaban a compararles en calidad.

Recuerdo vivir los minutos previos a la jugada con mucha tensión. Nos encontrábamos mi hermano y yo frente al televisor y éramos conscientes de que en el campo se estaban desarrollando dos partidos simultáneos: por un lado, los Memphis Grizzlies contra los Minnesota Timberwolves, y por otro,  Pau Gasol contra Kevin Garnett. En mi opinión, el español, sobrado de calidad y de técnica, era aún un diamante en bruto, estaba todavía falto del carácter necesario para codearse con los grandes de la NBA. Tal vez por ello parecía convalecer frente a la agresividad y las constantes provocaciones  de Kevin Garnett durante el partido.

Sin embargo, Pau Gasol, como los grandes baloncestistas, decidió romper con las expectativas y cambiar el desarrollo de SU partido. Nos quitó la razón a quiénes le veíamos aún demasiado verde. Así, cuando parecía que ya había perdido la batalla frente a Garnett dio un zarpazo tan inesperado como emocionante. La estrategia de defensa del americano fue equivocada, no dar ni un centímetro de distancia a un jugador de la calidad de Pau era un claro error y una inconsciencia. Y así ocurrió, que con un explosivo cambio de ritmo -primer paso y bote- el español superó con suma facilidad a Garnett y se elevó medio metro para finalizar con un mate de ensueño, frente a tres jugadores rivales, un 2+1 que sabía a victoria, que ponía las cartas sobre la mesa, y que reflejaba que Pau, pese a su juventud, merecía el respeto de los más grandes jugadores de la NBA. Segundos después del mate el estadio ensordecía con los gritos de euforia del público de Memphis, mientras que Kevin Garnett quedaba cabizbajo, herido y humillado. La banda sonora  en televisión estaba dirigida por los fantásticos comentarios de Andrés Montes y Antoni Daimiel, junto con una realización estupenda que nos dejó disfrutar a todos los aficionados de las repetidas ovaciones de los comentaristas americanos a la jugada del español, ¡Olé, olé, olé…! gritaban. Mientras, Pau disfrutaba el momento, fue un primer éxito de los muchos que le esperarían en las canchas americanas.

(Contribución especial de nuestro compañero Adrián Sánchez Andrés, ex-jugador de las categorías inferiores del Real Madrid de Baloncesto y Campeón de España en categoría cadete).

ADRIAN SÁNCHEZ ANDRÉS

Lou Gehrig. Un ejemplo de coraje

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“Hoy me considero el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra.” Esta frase podría atribuírsele a cualquier persona que haya recibido una gratificante noticia. Sin embargo, cuando te han diagnosticado una enfermedad degenerativa y se te ha dado un pronóstico de esperanza de vida menor de tres años hay que tener mucho valor para proferirla. Es por ello por lo que el discurso pronunciado por el primera base Lou Gehrig el 4 de julio de 1939 en el Yankee Stadium se considera hoy en día como uno de los momentos más emotivos en la historia del deporte. En un homenaje lleno de profundo sentimiento con sus antiguos  compañeros de equipo, con los que tantas penas y alegrías había vivido en el vestuario, Lou Gehrig se mostraba agradecido por haber recibido tantas muestras de cariño durante los diecisiete años que ejerció como beisbolista profesional. En este famoso discurso, Gehrig señala que se sentía “el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra” ya que había podido rodearse de personas que le habían mostrado un gran afecto y admiración como los aficionados, compañeros de equipo, entrenadores, su suegra, sus padres y su mujer. Gehrig finaliza este discurso señalando que le ha venido un duro golpe en su vida, pero que le quedan todavía muchas cosas buenas por las que seguir vivo.

Henry Louis Gehrig, conocido como Lou Gehrig y apodado “el caballo de hierro”, nació el 19 de junio de 1903 en Nueva York y estaba destinado a convertirse en leyenda de  los New York Yankees. Gehrig provenía de una humilde familia de inmigrantes alemanes. Los problemas de salud fueron una desgracia constante en su vida puesto que ya sus padres padecían dolencias. Su padre estaba aquejado de epilepsia, mientras que su madre sufría de debilidad pulmonar. Sin embargo, en busca de un futuro mejor para su hijo, su madre conseguiría una beca para que Lou estudiara arquitectura en la Universidad de Columbia, a la vez que jugaba fútbol americano, ya que desde temprana edad Gehrig demostraba un enorme talento para los deportes. Fue en el béisbol donde Lou desarrollaría ese talento y jugaría un par de temporadas muy buenas en esta Universidad acaparando la mirada de los principales equipos de las grandes ligas.

Los New York Yankees consiguieron hacerse con los servicios de Gehrig y debutaría unos pocos días antes de cumplir los veinte años entrando como bateador emergente un 15 de junio de 1923. Ese año, los Yankees llegarían a la Serie Mundial, pero finalmente Lou Gehrig se quedaría fuera del plantel que la disputaría. Por su parte, al año siguiente Gehrig se haría con un hueco en la alineación titular de los Yankees en detrimento del primera base Wally Pipp, que sufría diversas lesiones. Sería el principio de una numerosísima racha de partidos que encarrilaría Gehrig y que a la postre establecería un récord que tardaría años en ser roto, la friolera cifra de 2.130 partidos consecutivos jugados. Rápidamente Gehrig se convirtió en un magnifico socio de Babe Ruth en cuanto a rendimiento del equipo se refiere. Así, Lou Gehrig obtuvo un porcentaje de bateo de 0,300 (para obtener el porcentaje de bateo se dividen las veces que se acude a batear entre las veces que se consigue conectar un hit) durante doce temporadas consecutivas, lo cual garantizaba muchas bases para su equipo. Además, sus números de home runs no eran nada malos y consiguió llevarse el título de máximo realizador de los mismos en tres ocasiones.

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El equipo de los Yankees del año 1927 es considerado por muchos el mejor en la historia de la franquicia. Gehrig y Ruth formaron una dupla imbatible y Gehrig fue considerado el jugador más valioso de la temporada, aunque fue difícil obtener el nivel de reconocimiento que se le dio a Ruth por haber conectado la cifra de 60 home runs, gesta que ya hemos comentado con anterioridad en Con D de Deporte. (Véase “La historia del record de home runs en una temporada” o “La Maldicion de Babe Ruth”) Ese año, Gehrig alzaría el trofeo de campeón de la MLB tras vencer en cuatro juegos a los Pittsburgh Pirates. Al año siguiente, los Yankees alcanzarían una nueva Serie Mundial y la ganarían para alzarse una vez más con el título. Este año, Gehrig y Ruth repetirían números brillantes, como la cifra de 142 carreras impulsadas que ambos compartirían. En el año 1932, los Yankees conseguirían alzarse con un nuevo título mundial. Gehrig contribuiría a la consecución de este título y consiguiendo incluso la hazaña de cuatro home runs en un mismo partido.

La relación entre Gehrig y Ruth estuvo llena de altibajos, acosada sobre todo por los egos de ambos jugadores y la necesidad de acaparar una mayor atención en los medios puesto que ambos promediaban unos números increíbles. Sin embargo, tras la consecución del título en 1932, esta relación sufrió su mayor tensión cuando hubo un cruce de declaraciones que no sentó bien a nadie. Ninguno de los dos jugadores volvería a cruzarse palabra durante un prolongado periodo de tiempo. Dada la profesionalidad de ambos, este incidente no tenía reflejo en el terreno de juego y Gehrig continuaba obteniendo unos registros muy buenos. Así, en 1934 conseguiría alzarse con la triple corona, esto es, liderar la liga regular en porcentaje de bateo, carreras impulsadas y home runs conseguidos. Por otra parte, conseguiría su home run número 300 en su carrera y su partido consecutivo número 1.500.

Tras el retiro de Ruth en 1934, Gehrig se mantuvo como la estrella mediática de los Yankees en solitario. Sin embargo, en el año 1936, el fichaje de Joe Dimaggio volvía a traerle competencia en cuanto a acaparar los focos de la prensa se refiere, aunque como hemos mencionado anteriormente, dado que era un profesional, su rendimiento deportivo no hizo sino ir en aumento y formaba junto a DiMaggio una dupla tan buena como la que había formado con Ruth. Mientras Gehrig seguía realizando actuaciones formidables como la de llevarse una vez más los títulos de máximo anotador y máximo realizador de home runs en la liga, su equipo se alzaba una temporada más con el de campeón mundial. Este sería el primero de cuatro títulos consecutivos que conseguirían los Yankees durante esos años, aunque Gehrig no participaría en todos.

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En 1938, Gehrig comenzó a notar síntomas de cansancio en su cuerpo. A la edad de treinta y cinco años en un principio creía que se trataba de la fatiga normal de un cuerpo envejecido. Sin embargo, cuando experimentaba dificultades para realizar tareas tan cotidianas como atarse los cordones, Gehring comenzó a temer que quizás se trataba de algo distinto. En 1939, tras empezar la temporada con unos números muy malos, Gehrig decidió someterse a un control en la clínica Mayo. Los resultados de este análisis indicaron una malísima noticia para Lou Gehrig. El 19 de junio de ese año se le diagnosticaba esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad muy poco conocida en aquella época que debilita las células del cuerpo y las hace incapaces de interactuar con el resto de músculos. Esta enfermedad era tan rara en esa época y se volvió tan famosa en el momento en el que le fue diagnosticada que adquirió la denominación del propio jugador y hoy en día es considerada como “la enfermedad Lou Gehrig”. Se le daba un pronóstico de menos de tres años de vida.

El 4 de julio se celebraría un sentido homenaje a Lou Gehrig por todos los años que había pasado en los Yankees. Se vistió con su antiguo uniforme y todos los integrantes del famoso equipo de 1927 estuvieron presentes, incluido Babe Ruth, con el que aún no había mantenido una sola palabra desde la confrontación que tuvieron en 1932. Tras una serie de actos de homenaje y cuando los aficionados pensaban que ya había terminado, Gehrig  daba un paso al frente, se postraba en el micrófono y comenzaba su famoso discurso con el que hemos comenzado este artículo. Mencionaba que había habido ciertos rumores sobre su condición  pero que se sentía el hombre más afortunado sobre la faz de la Tierra por haber compartido diecisiete años con las personas ahí presentes. Estas palabras, pronunciadas ante un  silencio abrumador, provocaron un aplauso rotundo por parte de los aficionados de los Yankees a los que tantas alegrías había dado. El resto del discurso ya lo he reflejado al comienzo y agrego un extracto para que se vea con claridad el sentimentalismo que tuvo. Incluso Babe Ruth se fundiría en un emotivo abrazo con Gehrig y reanudarían su relación.

La Liga de Beisbol Profesional cambió sus normas para acceder al Salón de la Fama de forma que Lou Gehrig pudiese ver su nombre inscrito en él. Al mismo tiempo, los Yankees retiraban su camiseta y dorsal para futuros jugadores, algo que aunque hoy en día es una práctica habitual, entonces era la primera vez que se llevaba a cabo. Durante los siguientes dos años, Gehrig asistiría a compromisos con la ciudadanía, en especial en el Estado de Nueva York, donde había sido residente durante tantos años. Sin embargo, en 1941, la salud de Gehrig se vio sumamente deteriorada. Casi no salía de casa. Le costaba mucho escribir e incluso hablar. Finalmente, el 2 de junio de 1941, Lou Gehrig fallecía mientras dormía en su casa de Nueva York. Una leyenda, no solo de los Yankees de Nueva York, sino también del deporte en general, que mostró un gran coraje al considerarse a sí mismo “el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra” por haber compartido tantos años con lo que más quería, el deporte.

ANDER JAVIER AGUIRRE CARRIÓN

Jorge “Mágico” González. Genio y figura

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El pasado 13 de Marzo cumplió 55 años uno de los jugadores más carismáticos que han pasado por la Liga Española. Ese jugador no es otro que Jorge “Mágico” Gonzalez, el cual desarrolló la mayor parte de su carrera en el Cádiz, ciudad con la que tendría una gran sintonía, pues comprendió enseguida la particular personalidad de Mágico.

Definir a Mágico es una tarea difícil, y por ello recurriremos a unas declaraciones suyas que nos ayudaran en esa tarea:

Reconozco que no soy un santo, que me gusta la noche y que las ganas de juerga no me las quita ni mi madre. Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida. Lo sé, pero tengo una tontería en el coco: no me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme” 

La trayectoria de Mágico empezó en su país natal, El Salvador, en el equipo llamado Antel, para a la temporada siguiente ser traspasado a Independiente, y de ahí dar el salto a la Primera División Salvadoreña, con el FAS, donde estaría desde 1977 hasta 1982. Mágico destacaría a nivel internacional al clasificar a El Salvador para el Mundial de España ’82 y, aunque su combinado nacional perdió todos los partidos, su juego no pasó desapercibido para los equipos europeos, que se lanzaron a por su fichaje.

Se comenta que los equipos que más cerca estuvieron de hacerse con sus servicios fueron el Atlético de Madrid y el Paris Saint Germain (del que se dice incluso hubo una fecha para la firma pero Mágico se negó por considerar que sería demasiado compromiso), pero finalmente fue el Cádiz el que se haría con su fichaje.

Como hemos dicho al principio, y como puede verse en el documental que pondremos al final del artículo, Mágico y Cádiz parecían hechos el uno para el otro. Mágico era un jugador al que le gustaba vivir “bien”, y él, sincero como era, no hacía por ocultarlo, pero eso no importó a la afición del Cádiz, pues se convirtió en su ídolo, en gran parte, a que si bien fuera del campo hacía lo que quería, dentro del campo rendía a un altísimo nivel.

El mote de “Mágico” se le puso en España, que fue una derivación del mote que tenía en El Salvador, Mago. Y realmente el mote le viene como anillo al dedo, pues su fútbol se caracterizaba por ser de una técnica exquisita, a un nivel, y sin miedo a decirlo, quizás de la del mejor. De hecho, muchos que le han visto le consideran el mejor jugador (en cuanto a técnica) en la historia del fútbol. De regate exquisito, un gran cambio de ritmo, la pegaba con fuerza y colocación con las dos piernas por igual.

Anécdotas sobre Mágico hay muchísimas, algunas alteradas y otras reales. Se llega a contar, por su fama de dormilón, que el Cádiz contrató a una persona encargada solamente para ir a su casa a despertarle por las mañanas. El Barcelona, pensando su fichaje, decide que haga una Gira con el equipo (en el que se encontraba Maradona) por EEUU. Al parecer descartaron su fichaje debido a que, en un hotel de California, sonó la alarma de incendios, y el único que se quedo en la cama fue Mágico, acompañado de una mujer.

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“Mágico” González y “Sandokán”, una dupla peculiar

Durante la temporada 84/85, como reconoce Mágico en el documental, no llevo la vida que debía un profesional y decidieron su cesión al Valladolid de Vicente Cantatore. Sin embargo, debido al estrecho marcaje de su vida personal (muy en parte entendible), Mágico se agobió y no rindió al nivel que se esperaba.

Volvió a Cádiz, donde jugaría hasta la temporada del año 1991, cuando debido a un denuncia de una mujer por una supuesta violación, de la que salió declarado inocente, Mágico perdió la ilusión y decidió volver a El Salvador, y jugó en el FAS hasta los 40 años, momento en el que colgó las botas.

Jorge “Mágico” González entrenó, como segundo entrenador, en el Houston Dynamo de la MLS, para luego, aunque algunas historias y digamos leyendas dicen que trabajo de taxista, en 2011 aceptó el puesto de asistente en el cuerpo técnico de la selección salvadoreña.

Por último, y como ya hemos avanzado antes, pondremos un buen documental sobre Mágico, realizado en el programa “Conexión Vintage” de RTVE, donde podemos verle explicando anécdotas y vivencias de su carrera:

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JAVIER ALCÁNTARA TÉLLEZ

1980. Aquella Copa del Rey con sabor merengue

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castillarealmadridQuiso la casualidad (o quizá no tanta) que un ya lejano 4 de junio de 1980 se produjese un hecho insólito en el fútbol español y mundial. Contra todo pronóstico desde luego, la final de la Copa del Rey, primer trofeo en importancia tras el Título de Liga, se convirtió en coto privado de madridistas al acceder el Real Madrid C.F y el Castilla C.F, su filial (Actualmente Real Madrid Castilla) a la final que habría de disputarse en la mencionada fecha.

La rareza de este cara a cara entre miembros de un mismo Club reside en el hecho de que hasta 1991, el Castilla, aun siendo filial del conjunto madridista, gozaba de todos los beneficios de un equipo individual, incluida la posibilidad de disputar los trofeos domésticos tales como la Copa del Rey. Hoy en día es imposible pues desde ese año, los filiales o equipos “B” perdieron esa particularidad y se encuentran excluidos de cualquier competición que no sea el Campeonato Nacional de Liga. Es más, ni siquiera pueden coincidir equipo “A” y filial en una misma división. Que se lo digan al Atlético de Madrid B en la temporada 1999/2000 o más recientemente al Villarreal C.F B que se vieron abocados al descenso a Segunda B por el descenso de su primer equipo.

Volviendo a la curiosa historia de aquel año creo que lo más razonable es poner los ojos de momento en el Castilla porque al fin y al cabo el Real Madrid no requiere ninguna presentación ni supone un hito que llegase a la final (Por entonces ya tenía trece títulos coperos). Como filial, el Castilla se vio obligado a jugar la Copa del Rey desde las primeras rondas de la competición. Entre sus filas pocas caras conocidas entonces, pero que lo serían con el paso de los años, empezando sin duda por Ricardo Gallego, uno de los mejores centrocampistas que tuvo el Madrid en la década de los 80, jugador al que sólo le traicionó la calvicie con los años porque su nivel de juego nunca decayó lo más mínimo. En la portería cerraba los goles Agustín Rodríguez, un gran portero que al año siguiente de la hazaña copera, ya jugaba en el Primer Equipo. Fue internacional y trofeo Zamora pero no siempre titular pues no faltaron grandes porteros en aquella etapa. Y como capitán de aquel estupendo filial se encontraba Javier Castañeda que pese a sus orígenes blancos terminó por convertirse en el jugador con más partidos de la historia del Osasuna en donde se le recuerda con gran cariño.

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El Castilla, tras las rondas previas arrancó la cuarta ronda de la Copa del Rey con una abultada derrota frente al Hércules en el José Rico Pérez por 4-1. Parecía que la lógica habría de imponerse puesto que los alicantinos eran equipo de Primera aquel entonces, pero para sorpresa general el filial madridista les pasó por encima en el encuentro de vuelta por 4-0. El Castilla jugaba como local, igual que su hermano mayor, en el Santiago Bernabeu. Como declararía el propio Gallego en referencia a aquel encuentro, aunque bien podría predicarse de todos los demás: “Nosotros formábamos un equipo muy joven que salíamos a jugar al fútbol y eso a muchos equipos les sorprendía, y como calidad futbolística había de sobra… y cuando un equipo comienza a tocar el balón con la soltura con que lo hacíamos, y con lo que corríamos, con lo jóvenes que éramos, pues la verdad es que a cualquiera que no estuviese atento le pasábamos por encima”.

Ciertamente, ese espíritu llevó al equipo en volandas en las siguientes eliminatorias. En octavos se cruzó el Athletic de Bilbao, palabras mayores en aquellos años. En el Bernabeu los vascos no fueron capaces de abrir la lata y el partido terminó a cero. La campanada cayó en la Catedral, en San Mamés, en donde para mayor sorpresa general el Castilla ganó 1-2. Para seguir el camino copero por tierras vascas, la siguiente víctima fue la Real Sociedad que se las prometía felices en el viejo Estadio de Atocha cuando ganaron 2-1 pero se vieron ampliamente superados en el Bernabeu con el 2-0. El Castilla ponía rumbo a semifinales con media España impresionada por sus resultados.

En semifinales esperaba el posiblemente mejor Sporting de Gijón de toda su historia comandado por el gran Enrique Castro González, más conocido en el mundillo futbolístico como “Quini” y uno de los mejores delanteros españoles de todos los tiempos. El Estadio del Molinón abría la eliminatoria y prácticamente la dejó cerrada con un 2-0 inapelable, varios postes y una notable sensación de superioridad.  Pero como venía siendo habitual, el Bernabeu fue otra cosa. En la primera parte la eliminatoria ya estaba remontada y la segunda parte sólo fue para cerrar el festival. 4-1. De forma increíble les aguardaba la final de la Copa del Rey frente a sus “mayores”.

El Real Madrid por su parte había llegado a la final tras vencer con sufrimiento al Bétis en cuartos de final y al Atlético de Madrid en semifinales en donde la eliminatoria tuvo que resolverse en los penaltis. Era el Madrid de los Del Bosque, Camacho, Pirri, Santillana etc y Laurie Cunningham, el gran fiasco que costó 195 millones de pesetas de la época y no tuvo nada de suerte con las lesiones ni tampoco en la vida pues falleció en accidente de coche en 1989 cuando era jugador del Rayo Vallecano. Fue el primer jugador de raza negra en jugar en la Selección inglesa.

"Pirri" saluda a Castañeda, capitán del Castilla

“Pirri” saluda a Castañeda, capitán del Castilla

La gran fiesta blanca se produjo el 4 de junio de 1980 a las ocho y media de la tarde. 65.000 espectadores abarrotaban el Bernabeu para ver a sus equipos. Ojo, el Santiago Bernabeu de aquel entonces, sin reformar para el Mundial de 1982 y que a muchos nos costaría distinguir hoy en día. Las alineaciones fueron las siguientes:

REAL MADRID: García Remón; Sabido, Camacho, Pirri, Benito; Ángel, Del Bosque, Stielike (Hernández, min. 63); Juanito, Santillana y Cunningham (Martínez, min. 82).
CASTILLA: Agustín; Juanito, Herrero, Castañeda, Casimiro; Álvarez, Gallego, Bernal; Pineda, Paco (S. Lorenzo, min. 46) y Cidón (Balín, min. 73)

Para que vamos a negarlo, el partido no tuvo ninguna historia desde el principio y el primer equipo se impuso por 6 goles a 1 obra de Juanito (min. 20 y 82), Santillana (min. 41), Sabido (min. 59), Del Bosque (min. 62), García Hernández (min. 82) y Ricardo Álvarez para el Castilla (min. 67). Como el propio Gallego dijo entonces: “A pesar de que nosotros hubiésemos ganado a equipos de Primera División como los anteriormente citados, estaba claro que por mucha que nos esforzásemos, por mucho que todo nos saliera perfecto, por mucho que la fortuna estuviese con nosotros, la victoria era una hazaña imposible. Además, se había hablado tanto de nosotros, de la final, que los mayores, los del Real Madrid se lo tomaron muy en serio. Para ellos, jugaban contra el segundo equipo. El Madrid no titubeó y uno a uno le endosó media docena de goles a los “pequeños” que pusieron todo su saber en la contienda. La realidad, es que el 6-1 final establece la distancia que había entre nosotros y ellos”

Aun con la abultada victoria, todo fue una celebración en el Bernabeu y el buen ambiente imperó en el partido. Basta echar un vistazo a la foto que ilustra esta historia en donde incluso se puede ver a Cunningham con una camiseta del Castilla puesta.

Por cierto que las aventuras del filial madridista no terminaron ahí y el Castilla, como finalista de la Copa del Rey, se clasificó para la Recopa de Europa al año siguiente en donde quedó emparejado en primera ronda con el West Ham United inglés. A pesar de ganar 3-1 en la ida, los blancos cayeron en Londres por 5-1 tras llegar a la prórroga y fueron eliminados dando fin a su extraña aventura. No hace falta decir que es el único filial del mundo que ha conseguido llegar a una final de un trofeo de primer nivel.

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DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

Ernesto “Che” Guevara, Revolución y rugby

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Ernesto Guevara, el primero por la derecha

Hay algo que muy poca gente sabe sobre Ernesto “Che” Guevara y que me gustaría compartir con vosotros. Y no es sólo corregir el error común de pensar que Ernesto era cubano, porque no lo era ni mucho menos, era argentino, sino contaros que mucho antes de que se pusiese al frente de una de las revoluciones más famosas del Siglo XX, antes de que Alberto Korda le retratara como un icono de la revolución cubana y de que entrase triunfal en La Habana un 2 de enero de 1959, mucho antes de todo ello, el “Che” Guevara fue un apasionado del rugby.

Su relación con el deporte oval comenzó indirectamente un lejano 2 de mayo de 1930. Por aquel entonces “Ernestito” vivía con sus padres en San Isidro, provincia de Buenos Aires. Aquel día, con apenas dos años de edad, sufrió su primer ataque de asma, enfermedad que el “Che” padeció toda su vida de forma muy persistente. Buscando entonces un clima más benévolo con sus pulmones, su familia se trasladó a Córdoba y un tiempo después a Alta Gracia. Allí residió durante diecisiete años, hasta 1947. Curiosamente, no fue el rugby el primer deporte que practicó Ernesto sino la natación. Su madre, Celia de la Serna, fue buena nadadora y vio en esta disciplina un buen refuerzo para su lucha contra su persistente asma. Sin embargo, Ernesto lo concibió autenticamente como deporte y no como medicina deportiva pese a la oposición de su familia. Y lo cierto es que no sólo se aficionó a la natación sino también al fútbol, al golf, al montañismo e incluso el boxeo y el ping pong.

El rugby llegó a su vida en Córdoba cuando algunos amigos suyos comenzaron a entrenar en el Estudiantes, club que procedía de una escisión de otro equipo llamado El Tala. Alberto Granados, buen amigo del “Che” lo relataba así: “Yo jugaba allí junto con mis hermanos y era el entrenador de la segunda división. En Septiembre u Octubre de 1942, vino Ernesto y me dijo que quería jugar al rugby. Había un problema. Él tenía asma y la gente tenía miedo de que jugase porque varias veces se nos quedó duro en medio del campo. Pero como yo también había sido muy discriminado en el rugby porque era petiso y flaco, le dije ‘te voy a enseñar’. Y él aprendió”.

En las pruebas de acceso ocurrió lo siguiente: “Mirá, Pelado (Así se le conocía entonces por su pelo medio rapado y su aspecto desaliñado), acá el examen de ingreso consiste en saltar por arriba de un palo y caer con el hombro. Los que vienen al rugby para hacer pinta no se animan. Los que quieren jugar pasan la prueba. Ahora te toca a vos.”.

Ernesto lo intentó en multitud de ocasiones. Granados continúa rememorando: “Si no le digo basta, todavía se está tirando…” Guevara era un habitual en los entrenamientos. Tenían que ser nocturnos porque sólo los estudiantes jugaban al rugby y eran las únicas horas disponibles. En la primera época, su apodo “pelado”  fue rápidamente sustituido por el de “furibundo Serna”, una mezcla entre su fuerte carácter jugando y el apellido de su madre. Finalmente, le llamarían “Fuser” a secas.

Comenzó a destacar como ala (demarcación de rugby de marcado carácter atacante) y al parecer era bastante contundente en el placaje en donde solía tacklear alto en vez de ir directamente a la cintura para desestabilizar al rival. En 1947, Ernesto se mudó con su familia a Buenos Aires de nuevo en donde residió hasta el 7 de julio de 1952, fecha en la que realizó su primer gran viaje por América Latina. Allí no tardó en enrolarse en las filas de otro equipo, en este caso San Isidro Club. Cuenta Ernesto Guevara Lynch, padre y biógrafo del “Che”, que, como cabía esperar, los médicos consideraban la práctica del rugby un grave riesgo para su salud.  “Viejo me gusta el rugby y aunque reviente voy a seguir practicando”. Su padre optó por hablar con su cuñado, presidente del Club, para impedir que continuase jugando. En el primer partido que jugó posteriormente contra el SIC, su ex equipo, el Atalaya ganó 6-3 y el ensayo de la victoria lo hizo el propio Guevara. Al parecer, en el tercer tiempo casi llega a las manos con Mario Dolan, que fue el encargado de decirle que no podía jugar más en el San Isidro.

Diego Bonadeo, periodista especializado en rugby contaba en su momento que  “Cada quince o veinte minutos tenía que salir hacia fuera de la cancha, por ejemplo donde estaba el juez de línea, y donde también estaba yo con el inhalador, yo le daba el inhalador y entonces él se daba unas aspiraditas y podía seguir jugando.” “El era inside (Centro), pero el dato más llamativo tenía que ver con su aspecto cuando jugaba. En esa época, los delanteros de segunda y tercera línea usaban orejeras como protección. Los tres cuartos, en cambio, jamás se las ponían, no lo necesitaban. Conocí un sólo tres cuartos que usaba orejeras. Era Guevara…”.

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Ernesto Guevara, abajo a la izquierda

Guevara jugó en Atalaya tras marcharse del San Isidro Club, donde también lo hizo su hermano Roberto, entre 1947 y 1949. El médico y ex rugbier Ernesto Donat, compañero de Ernesto recordaba que: “Él no fue uno de los fundadores, cuando apareció empezó a jugar como suplente o en división reserva“. Según Miguel Seguí, dirigente de Atalaya, “jugaba bien, no era una maravilla pero jugaba bien”. Para Bonadeo, “fue indudablemente un líder, pero no en el deporte, creo que era un jugador más del montón que de los que podían sobresalir”.

Otra perla de los diarios y testimonios de la época, de nuevo Diego Bonadeo: “Una vez, en unos Juegos Interuniversitarios, escuché un dialogo del que jamás me olvidé. Tenía que jugar el seleccionado de rugby de Medicina, la carrera de Guevara. Un tipo preguntó por qué Guevara no jugaba y otro le soltó esta respuesta: ‘Está haciendo una revolución en Panamá”

Sea como fuere, el asma acabó con su carrera en los terrenos de juego. Pero no contento con ello decidió seguir vinculado al rugby pero de otra forma bien distinta: comenzó a editar él mismo en 1951 una revista de rugby denominada “Tackle” (Placaje en inglés). Ernesto firmaba todos sus artículos bajo el pseudónimo de Chang – Cho que procedía directamente de otro apodo de juventud: “Chancho”, por su aspecto casi siempre desarrapado y desaliñado en ocasiones. “él se llamaba Ernesto Guevara, tenía el apodo, cariñoso pero apodo al fin, de Chancho por lo bohemio y lo desprolijo”

Ya a partir de 1950, Ernesto Guevara se sumergió en sus viajes por toda Latinoamérica y desconectó del rugby. No así del deporte en general que le gustó toda la vida. De hecho cuentan que introdujo en el golf a Fidel Castro y que durante los descansos entre combates en la Sierra Maestra jugaba al Béisbol con Camilo Cienfuegos. Al final, su deporte definitorio y por el que mostró siempre gran pasión fue el ajedrez:  “En este momento de confrontaciones mundiales que se deban a sistemas ideológicos muy distintos, el ajedrez puede y es capaz de aglutinar a gentes de países con sistemas diferentes”

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DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

Bill Laimbeer: la esencia de los “Bad Boys”

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Bill Laimbeer looks onDurante los años 89 y 90, los Detroit Pistons consiguieron hacerse con dos anillos en dos temporadas consecutivas (lo que se conoce como “back to back”) gracias a un equipo que si bien no puede decirse que careciese de calidad y técnica, destacó más en la faceta defensiva, que a su vez se caracterizaba por ser agresiva, dura e incluso a veces, antideportiva. Todo ello dio lugar a que a ese equipo se le conociese, y pasase a la historia, con el sobrenombre de los “Bad Boys”, un equipo liderado por el talento de Isiah Thomas, pero que contaba también con grandes jugadores como Joe Dumars, Dennis Rodman, Mark Aguirre, y sobretodo, Bill Laimbeer. Y decimos sobre todo, porque como reza el titulo del artículo, Bill Laimbeer era el alma-máter de lo que llevó a ese equipo a ser conocido bajo los “Bad Boys”.

Bill Laimbeer (19 de Mayo de 1957) fue un pivot de 2,12cm, que jugó durante cuatro años en la Universidad de Notre Dame, pero que sin embargo no obtuvo unos números muy destacados. Eso hizo que su elección en el Draft del 79 (el mismo que Magic Johnson) fuera muy baja, elegido en la 3ª ronda, en el puesto 65, por los Cleveland Cavaliers.

Sabedor de que por su posición en el Draft casi no dispondría de minutos, Laimbeer decidió jugar una temporada en la Lega Italiana, en el Pinti Inox de Brescia, en la que promediaría 20 puntos y 12 rebotes. Al año siguiente volvería a los Cavs, donde si bien dispuso de minutos, su impacto en el juego no fue el esperado por lo que en su segunda temporada, año 1982, decidieron traspasarlo a los Pistons.

Y aquí se empezó a escribir la verdadera historia de Laimbeer y la base de los Pistons que daría lugar a los “Bad Boys”, ya que ese año encontrábamos a Thomas, Dumars, Mahorn y al propio Laimbeer, que dio un salto cualitativo en su juego, llegando a tener temporadas con promedios de 17 puntos, 12 rebotes, 1 tapón y 2 asistencias. Además demostró un gran lanzamiento exterior (con 32% de TC3 en su carrera), ser un gran reboteador (en 1986 fue el máximo reboteador) y por una gran habilidad para plantarse en la canasta y sacar la falta en ataque del contrario.

Pero donde destacó, y por lo que pasará a la historia de la NBA Bill Laimbeer, es por ser (quizás) el jugador más provocativo y odiado por las demás canchas de baloncesto de la Liga, al mismo tiempo que era amado y querido en la Motown.

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Laimbeer era duro, muy duro, y sobre todo expeditivo. Le encantaba desquiciar a los rivales, mediante codazos, empujones, manotazos, puñetazos, sacar de quicio a la grada del equipo contrario etc. Tuvo numerosas peleas con grandes estrellas de la liga, como Michael Jordan, Larry Bird y en especial una con Charles Barkley, que luego “rememorarían” en la comedia “Hot Shot”. Junto con Mahorn (otro jugador de “armas tomar”), se convirtieron en uno de los juegos interiores más duros que ha conocido la historia del baloncesto, en la que una entrada a canasta era una osadía.

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Isiah Thomas, en una entrevista comentó de él: “Yo no diría que los fans le odian, ellos le quieren y le odian. Es un relación amor-odio. Aunque si te digo la verdad, si yo no conociese a Bill, a mí no me gustaría tampoco”

Aun así, la calidad como jugador de Laimbeer era incuestionable, lo que le permitió ser cuatro veces All-Star y ganador de dos anillos con los Pistons frente a los Lakers del “Showtime” y frente a Portland siendo parte fundamental de la victoria, lo que llevó a retirar el número 40 de su camiseta. Además, es el máximo reboteador en la historia de la franquicia y se retiró en 1994, con más de 10.000 puntos y 10.000 rebotes.

Sin embargo, la conexión Laimbeer-Baloncesto no terminaría aquí. En 2002 decide entrenar al equipo de la WNBA de Detroit, los Detroit Shock, a los cuales en 2003 haría ganadores del anillo, lo que por aquel entonces sólo habían conseguido Los Angeles Spark y los Houston Comets. Además, para más inri, esos Shock pasaron de ser los últimos a ganar el anillo en tan solo una temporada.

Para terminar, dejaremos una frase que marca el espíritu competitivo y de adaptación de Laimbeer para hacerse un hueco en la élite, y que concedió a la revista Sport Illustrated: “En cuanto a los pívots, yo no soy un Moses [Malone] o un Kareem [Abdul-Jabbar], pero estoy intentando ser el mejor del resto”

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JAVIER ALCÁNTARA TÉLLEZ

Matt Busby y los Busby Babes que resurgieron de sus cenizas

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Gracias a estas fechas navideñas ha llegado a mis manos un auténtico regalazo, de gran valor para mí. Se trata de una placa que indica la dirección del Teatro de los Sueños ingleses, el imponente Estadio de Old Trafford que se levanta allí desde 1910. Y en un sentido homenaje al fútbol de otra época y a una persona que hizo resurgir al equipo de sus cenizas, la calle toma el nombre del, con permiso de Sir Alex Ferguson, entrenador más importante de la historia del Manchester United. El bueno de Matt Busby.

La verdadera historia de Busby comenzó un maldito 6 de febrero de 1958. Aquella noche, el Manchester regresaba de Belgrado con un billete para las semifinales de la Copa de Europa, un billete que les costaría muy muy caro. Obligados a hacer escala en Múnich para repostar y azotado por una tremenda ventisca que dificultó su despegue, el Vuelo 609 de British Airways, un Airspeed Ambassador fletado por el propio Matt, nunca llegó a despegar. El capitán de la aeronave, James Thain lo intentó en tres ocasiones. En la última, el avión intentó ganar altura pero se deslizó sobre el hielo que había al final de la pista y se estrelló contra una casa vacía en unos terrenos colindantes.

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Más de la mitad del pasaje perdía la vida, entre ellos, ocho jugadores: Duncan Edwards, Roger Byrne, Geoff Bent, Eddie Colman, Mark Jones, David Pegg, Tommy Taylor y Liam Whelan, tres miembros más del club, ocho periodistas, dos miembros de la tripulación, un hincha y el delegado de la agencia de viajes. Terminaba así una gran generación del fútbol inglés que podía haber marcado época… pero no lo hizo. Duncan Edwards, una gran promesa de sólo veintiún años, fallecía días después de sus heridas. Otros dos jugadores debían abandonar la práctica deportiva por sus lesiones y Busby, malherido, quedó fuera de combate una larga temporada.

El mundo del fútbol se vio tremendamente sacudido por esta tragedia, pero la vida sigue, y el fútbol también. El Manchester United se vio obligado a reconstruirse a pesar de los rumores de retirada. Jimmy Murphy, entonces preparador del equipo, y que se salvó de la tragedia al encontrarse en Cardiff en un compromiso con la Selección de Gales, la cual dirigía simultáneamente, comenzó a sacar al equipo de sus cenizas para acabar dignamente aquella temporada. En un increíble gesto de superación, el United ganó 3-0 al Sheffield Wednesday en su primer partido tras el accidente aéreo con un equipo de circunstancias entre canteranos y jugadores de reserva. Para aguantar decentemente la campaña, convencieron a Bobby Charlton, la estrella por excelencia del equipo y superviviente del accidente, para que volviese a la práctica del fútbol (Se encontraba mentalmente conmocionado), ficharon a Ernie Taylor del Blackpool por 8.000 libras, a Stan Crowther del Aston Villa y llegaron cedidos Derek Lewin, Bob Hardisty y Warren Bradley del Bishop Auckland. El A.C Milan pudo con ellos en las semifinales de la Copa de Europa, en la Liga Inglesa cayeron hasta el noveno puesto y, de forma impresionante, llegaron a la final de la F.A Cup aunque perdieron 2-0 ante el Bolton.

Mientras tanto, Matt Busby quedó gravemente herido en el accidente y tardó más de dos meses en salir del hospital en donde incluso se le dio la extrema unción en dos ocasiones. Dado de alta, pero en un estado psicológico lamentable, se retiró temporalmente a Suiza. Con una enorme flaqueza mental, sentía cómo en ocasiones debía renunciar al fútbol por completo. Sin embargo, su esposa Jean, le hizo ver la luz al final de túnel: “Sabes Matt? Los muchachos habrían querido que salieses adelante”. Con esas palabras grabadas a fuego en su mente, Busby regresó a Manchester justo para ver jugar al United la final de la F.A Cup.

Al año siguiente, asumió la dirección técnica del equipo y no la abandonaría hasta 1971. Charlton acuñó en su día el mote de Old Trafford, como el Teatro de los Sueños. Busby hizo lo propio y bautizó a sus jugadores como los Red Devils. Con una genial visión de futuro, llegaron al equipo George Best y Dennis Law. Junto con Charlton (Mejor jugador de la historia del fútbol inglés) y Dennis Violet, entre otros, el equipo comenzó a crecer de forma exponencial.

Soccer - Football League Division One - Manchester United v Ipswich Town

Charlton con el 9 y Best con el 11, columna vertebral de los Red Devils

Wembley fue testigo del primer título del Manchester United tras la tragedia de Munich venciendo al Leicester City en la F.A Cup de 1963. A partir de ahí, volvió el éxito y los Red Devils se convirtieron en unos de los mejores equipos de la década. George Best se convirtió en el faro del centro del campo, un genio de patillas y pelo largo que asombró a medio mundo, a pesar de su famosa afición a las mujeres y el alcohol. Viollet, superviviente de la tragedia y el temperamental Law junto al incipientemente calvo Bobby Charlton marcaron el rumbo del Título de liga de 1965, el primero en doce años.

Y en 1968, llegó la gloria, el éxito que fue arrebatado en un trágico accidente aéreo. El 29 de mayo, en una prórroga diabólicamente feliz para el Manchester, se alzaban con la Copa de Europa frente al poderoso Benfica de Eusebio por 4-1. Dulce reconocimiento a unos Busby Babies que sobrevivieron para dar una lección de superación al mundo. Formaban en el equipo titular, Charlton y Bill Foulkes, ambos supervivientes de la tragedia de 1958, y por supuesto, Matt Busby en el banquillo, dando a Reino Unido la primera Copa de Europa del País en su historia. Cuentan que, nada más clasificarse para la final tras eliminar al Real Madrid, Busby entró en el vestuario sollozando de alegría y le dijo a sus chicos: “Jugaréis los mismos la final”.

Finalmente se retiró el 8 de junio de 1971, con trece títulos en su haber, seis de ellos conseguidos tras el accidente aéreo.

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Como un testigo ya mudo, una placa como la que preside este artículo, recuerda a todos los viandantes la localización de Old Trafford honrando la memoria de Sir Alexander Matthew Busby a quien sólo un cáncer con 84 años de edad pudo con él.

DAVID ABELLAN FERNANDEZ