Lou Gehrig. Un ejemplo de coraje

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“Hoy me considero el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra.” Esta frase podría atribuírsele a cualquier persona que haya recibido una gratificante noticia. Sin embargo, cuando te han diagnosticado una enfermedad degenerativa y se te ha dado un pronóstico de esperanza de vida menor de tres años hay que tener mucho valor para proferirla. Es por ello por lo que el discurso pronunciado por el primera base Lou Gehrig el 4 de julio de 1939 en el Yankee Stadium se considera hoy en día como uno de los momentos más emotivos en la historia del deporte. En un homenaje lleno de profundo sentimiento con sus antiguos  compañeros de equipo, con los que tantas penas y alegrías había vivido en el vestuario, Lou Gehrig se mostraba agradecido por haber recibido tantas muestras de cariño durante los diecisiete años que ejerció como beisbolista profesional. En este famoso discurso, Gehrig señala que se sentía “el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra” ya que había podido rodearse de personas que le habían mostrado un gran afecto y admiración como los aficionados, compañeros de equipo, entrenadores, su suegra, sus padres y su mujer. Gehrig finaliza este discurso señalando que le ha venido un duro golpe en su vida, pero que le quedan todavía muchas cosas buenas por las que seguir vivo.

Henry Louis Gehrig, conocido como Lou Gehrig y apodado “el caballo de hierro”, nació el 19 de junio de 1903 en Nueva York y estaba destinado a convertirse en leyenda de  los New York Yankees. Gehrig provenía de una humilde familia de inmigrantes alemanes. Los problemas de salud fueron una desgracia constante en su vida puesto que ya sus padres padecían dolencias. Su padre estaba aquejado de epilepsia, mientras que su madre sufría de debilidad pulmonar. Sin embargo, en busca de un futuro mejor para su hijo, su madre conseguiría una beca para que Lou estudiara arquitectura en la Universidad de Columbia, a la vez que jugaba fútbol americano, ya que desde temprana edad Gehrig demostraba un enorme talento para los deportes. Fue en el béisbol donde Lou desarrollaría ese talento y jugaría un par de temporadas muy buenas en esta Universidad acaparando la mirada de los principales equipos de las grandes ligas.

Los New York Yankees consiguieron hacerse con los servicios de Gehrig y debutaría unos pocos días antes de cumplir los veinte años entrando como bateador emergente un 15 de junio de 1923. Ese año, los Yankees llegarían a la Serie Mundial, pero finalmente Lou Gehrig se quedaría fuera del plantel que la disputaría. Por su parte, al año siguiente Gehrig se haría con un hueco en la alineación titular de los Yankees en detrimento del primera base Wally Pipp, que sufría diversas lesiones. Sería el principio de una numerosísima racha de partidos que encarrilaría Gehrig y que a la postre establecería un récord que tardaría años en ser roto, la friolera cifra de 2.130 partidos consecutivos jugados. Rápidamente Gehrig se convirtió en un magnifico socio de Babe Ruth en cuanto a rendimiento del equipo se refiere. Así, Lou Gehrig obtuvo un porcentaje de bateo de 0,300 (para obtener el porcentaje de bateo se dividen las veces que se acude a batear entre las veces que se consigue conectar un hit) durante doce temporadas consecutivas, lo cual garantizaba muchas bases para su equipo. Además, sus números de home runs no eran nada malos y consiguió llevarse el título de máximo realizador de los mismos en tres ocasiones.

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El equipo de los Yankees del año 1927 es considerado por muchos el mejor en la historia de la franquicia. Gehrig y Ruth formaron una dupla imbatible y Gehrig fue considerado el jugador más valioso de la temporada, aunque fue difícil obtener el nivel de reconocimiento que se le dio a Ruth por haber conectado la cifra de 60 home runs, gesta que ya hemos comentado con anterioridad en Con D de Deporte. (Véase “La historia del record de home runs en una temporada” o “La Maldicion de Babe Ruth”) Ese año, Gehrig alzaría el trofeo de campeón de la MLB tras vencer en cuatro juegos a los Pittsburgh Pirates. Al año siguiente, los Yankees alcanzarían una nueva Serie Mundial y la ganarían para alzarse una vez más con el título. Este año, Gehrig y Ruth repetirían números brillantes, como la cifra de 142 carreras impulsadas que ambos compartirían. En el año 1932, los Yankees conseguirían alzarse con un nuevo título mundial. Gehrig contribuiría a la consecución de este título y consiguiendo incluso la hazaña de cuatro home runs en un mismo partido.

La relación entre Gehrig y Ruth estuvo llena de altibajos, acosada sobre todo por los egos de ambos jugadores y la necesidad de acaparar una mayor atención en los medios puesto que ambos promediaban unos números increíbles. Sin embargo, tras la consecución del título en 1932, esta relación sufrió su mayor tensión cuando hubo un cruce de declaraciones que no sentó bien a nadie. Ninguno de los dos jugadores volvería a cruzarse palabra durante un prolongado periodo de tiempo. Dada la profesionalidad de ambos, este incidente no tenía reflejo en el terreno de juego y Gehrig continuaba obteniendo unos registros muy buenos. Así, en 1934 conseguiría alzarse con la triple corona, esto es, liderar la liga regular en porcentaje de bateo, carreras impulsadas y home runs conseguidos. Por otra parte, conseguiría su home run número 300 en su carrera y su partido consecutivo número 1.500.

Tras el retiro de Ruth en 1934, Gehrig se mantuvo como la estrella mediática de los Yankees en solitario. Sin embargo, en el año 1936, el fichaje de Joe Dimaggio volvía a traerle competencia en cuanto a acaparar los focos de la prensa se refiere, aunque como hemos mencionado anteriormente, dado que era un profesional, su rendimiento deportivo no hizo sino ir en aumento y formaba junto a DiMaggio una dupla tan buena como la que había formado con Ruth. Mientras Gehrig seguía realizando actuaciones formidables como la de llevarse una vez más los títulos de máximo anotador y máximo realizador de home runs en la liga, su equipo se alzaba una temporada más con el de campeón mundial. Este sería el primero de cuatro títulos consecutivos que conseguirían los Yankees durante esos años, aunque Gehrig no participaría en todos.

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En 1938, Gehrig comenzó a notar síntomas de cansancio en su cuerpo. A la edad de treinta y cinco años en un principio creía que se trataba de la fatiga normal de un cuerpo envejecido. Sin embargo, cuando experimentaba dificultades para realizar tareas tan cotidianas como atarse los cordones, Gehring comenzó a temer que quizás se trataba de algo distinto. En 1939, tras empezar la temporada con unos números muy malos, Gehrig decidió someterse a un control en la clínica Mayo. Los resultados de este análisis indicaron una malísima noticia para Lou Gehrig. El 19 de junio de ese año se le diagnosticaba esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad muy poco conocida en aquella época que debilita las células del cuerpo y las hace incapaces de interactuar con el resto de músculos. Esta enfermedad era tan rara en esa época y se volvió tan famosa en el momento en el que le fue diagnosticada que adquirió la denominación del propio jugador y hoy en día es considerada como “la enfermedad Lou Gehrig”. Se le daba un pronóstico de menos de tres años de vida.

El 4 de julio se celebraría un sentido homenaje a Lou Gehrig por todos los años que había pasado en los Yankees. Se vistió con su antiguo uniforme y todos los integrantes del famoso equipo de 1927 estuvieron presentes, incluido Babe Ruth, con el que aún no había mantenido una sola palabra desde la confrontación que tuvieron en 1932. Tras una serie de actos de homenaje y cuando los aficionados pensaban que ya había terminado, Gehrig  daba un paso al frente, se postraba en el micrófono y comenzaba su famoso discurso con el que hemos comenzado este artículo. Mencionaba que había habido ciertos rumores sobre su condición  pero que se sentía el hombre más afortunado sobre la faz de la Tierra por haber compartido diecisiete años con las personas ahí presentes. Estas palabras, pronunciadas ante un  silencio abrumador, provocaron un aplauso rotundo por parte de los aficionados de los Yankees a los que tantas alegrías había dado. El resto del discurso ya lo he reflejado al comienzo y agrego un extracto para que se vea con claridad el sentimentalismo que tuvo. Incluso Babe Ruth se fundiría en un emotivo abrazo con Gehrig y reanudarían su relación.

La Liga de Beisbol Profesional cambió sus normas para acceder al Salón de la Fama de forma que Lou Gehrig pudiese ver su nombre inscrito en él. Al mismo tiempo, los Yankees retiraban su camiseta y dorsal para futuros jugadores, algo que aunque hoy en día es una práctica habitual, entonces era la primera vez que se llevaba a cabo. Durante los siguientes dos años, Gehrig asistiría a compromisos con la ciudadanía, en especial en el Estado de Nueva York, donde había sido residente durante tantos años. Sin embargo, en 1941, la salud de Gehrig se vio sumamente deteriorada. Casi no salía de casa. Le costaba mucho escribir e incluso hablar. Finalmente, el 2 de junio de 1941, Lou Gehrig fallecía mientras dormía en su casa de Nueva York. Una leyenda, no solo de los Yankees de Nueva York, sino también del deporte en general, que mostró un gran coraje al considerarse a sí mismo “el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra” por haber compartido tantos años con lo que más quería, el deporte.

ANDER JAVIER AGUIRRE CARRIÓN

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