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El Mundial de Rusia echa el cierre y ponemos nota a sus protagonistas

Lo mereció Croacia, pero ganó Francia. Así es el fútbol, de una lógica tan obvia y simple como contundente: el que marca más goles, gana. Esa es la lección. Lástima por una Croacia que lo mereció, y bravo por una Francia que se sitúa merecidamente en lo más alto del mundo con su segundo título, justo veinte años después de que lo lograse la generación de los Zidane, Desailly, Barthez, Thuram y compañía.

Nos deja así el Mundial de Rusia, el Mundial del VAR, de las volteretas de Neymar, de las caras largas de Messi o de los pantalones remangados de Cristiano Ronaldo. Pero también ha sido el Mundial de la consagración de Bélgica, de la vuelta a la élite de Inglaterra, del sorpresón croata, de la debacle alemana o del revuelo español. Y es que para eso es un Campeonato del Mundo, un mes trepidante en el que puede pasar de todo, y en el que muchas selecciones optan al título pero sólo hay hueco para una en lo alto del pedestal.

Se podría hablar largo y tendido sobre el papel de cada una de las treinta y dos selecciones pero aquí pondremos nota a los diez máximos protagonistas a nuestro juicio. Vamos con ello.

CERO. Alemania y el peor Mundial de su historia

Alemania, vigente campeona, y… eliminada en fase de grupos. Todo dicho. Los teutones, contra todo pronóstico, han firmado un inesperado y paupérrimo papel en el Mundial quedando eliminados en primera fase por primera vez en su historia. Descalabro épico sin duda. Y no será porque no hubo señales previas. Los amistosos jugados antes de viajar a Rusia, con derrota frente a Austria y victoria ajustada contra la débil Arabia Saudí, no presagiaban nada bueno y sólo la naturaleza precisamente amistosa de dichos encuentros sirvió para mirar hacia otro lado. Nadie ha terminado de entender tampoco los cambios orquestados en las convocatorias de Joaquim Löw. De hecho, fue él quien dijo en la Confederaciones de 2017 que la regeneración de la plantilla, llevándose a casi todo promesas, evitaría desastres como el de España en 2014 . Pero a la hora de la verdad, por miedo o por conservadurismo, la vieja guardia ha ocupado buena parte de la lista. Y eso no ha sido lo peor. Una de las decisiones menos entendibles ha sido sin duda la exclusión de Leroy Sané, Mejor Jugador Jóven de la Premier League y pieza clave para Guardiola en el City. Sin él, la pólvora ya de por sí mojada con Mario Gómez lejísimos de su mejor época o el flojo Timo Werner, se mojó del todo. Una Selección sin gol… y sin portero. En una Alemania acostumbrada a sembrar el miedo con sus guardametas, Löw ha preferido a Manuel Neuer, lesionado e inédito durante prácticamente toda la temporada, en lugar de Ter Stegen que ha firmado una gran campaña con el F.C Barcelona. Los resultados se dejaron ver sobre todo frente a Corea del Sur con fallo garrafal incluido en el segundo gol.

En realidad, podrían escribirse ríos de tinto sobre el descalabro de Alemania pero, por resumir, la Mannschaft ha resultado ser un equipo sin alma y sin líder. Porque sí, Tony Kroos se ha erigido en la cabeza visible del grupo pero no tenía que ser el jugador llamado a tener ese rol. Unos galones que bien podrían haber pertenecido por ejemplo a Thomas Müller, desconocido y desdibujado sin embargo durante todo el Torneo. Y de la polémica inicial de Özil (lastimoso por cierto su nivel) y Gündogan con su foto con el presidente turco Erdogan mejor ni hablar porque ya es echar demasiada leña al fuego.

La realidad es que Mexico pintó la cara a Alemania, que se recompuso breve y agónicamente frente a Suecia y que se hundió definitivamente perdiendo contra una floja pero valiente Corea del Sur que además ya estaba eliminada. Sin viejos líderes como Klose, Lahm o Schweinsteiger, ídolos caídos como Mario Götze, estrellados como Özil, Khedira o Draxler y jugadores infravalorados como los mencionados Sané o Ter Stegen, huele a fin de ciclo y una profunda necesidad de renovación. ¿Lo único bueno? Que es Alemania. Volverán.

UNO. España y el sainete

Pensaba ponerle un cero a España pero creo que el batacazo de Alemania y el hecho de haber llegado a octavos le salvan del farolillo rojo. Pero igual que he escrito antes, son tantos los factores que han influido en el descalabro de la Roja que más bien conviene resumir aquí antes que hacer un post sólo de lo que ha ocurrido. Lo cierto es que si en algo pasará a la historia el Mundial de 2018 para España es por su aspecto extradeportivo. Prácticamente nadie podía suponer que a tres días de debutar frente a Portugal, Julen Lopetegui iba a firmar con el Real Madrid y, ni mucho menos, que a cuarenta y ocho horas del partido, la Selección se iba a quedar sin seleccionador. Y por supuesto, todo lo que sucedió entre medias: tensas ruedas de prensa, viajes express de Luis Rubiales, reuniones entre jugadores, staff y directiva, cruces de acusaciones, broncas intra muros y, como es habitual, muchísimo ruido mediático.

Al final tocó arrancar la máquina con un nuevo seleccionador metido con calzador, caras de circunstancias, dudas y nervios. Y todo esto sin entrar a valorar si el esquema de juego de la Selección era el adecuado para afrontar el Torneo, algo que a posteriori se ha comprobado que no era así. De hecho se puede comprimir en dos ideas clave: excesivo toque de balón sin ninguna profundidad, y la inexistencia de un plan B para contrarrestarlo. Porque por desgracia para España, el tiki taka es como un libro abierto desde hace ya tiempo para el resto de rivales. Y eso lo convierte en un sistema táctico demasiado frágil que sólo funciona cuando encaja a la perfección, algo que no ocurre desde la Eurocopa de 2012. Hierro continuó confiando en Diego Costa incrustado entre la defensa rival y con equipos tan cerrados atrás las opciones de crear peligro se redujeron al mínimo hasta el punto del tedioso y casi bochornoso partido frente a Rusia. Ya nos lo advirtió Irán pero no hicimos caso y contra los rusos se dieron 1137 pases, récord mundial absoluto, para sólo nueve remates a portería y un gol (por cierto en propia meta y a balón parado). A estas cifras habría que añadir el tremendo desajuste en la defensa que hizo aguas una y otra vez a lo largo de todos los partidos, concediendo goles cantados indignos de un Mundial. Tampoco hay que olvidar el ocaso de jugadores como Silva o Iniesta, muy por debajo del nivel de torneos anteriores, y el sorprendente nivel mostrado por David de Gea, un portero contrastado considerado como uno de los mejores guardametas del mundo y que, sin embargo, ha mostrado un nivel muy bajo, con una falta de confianza en sí mismo difícil de explicar. Sin duda, otra piedra más en el zapato de España con la que, para colmo, nadie contaba de primeras.

Al final, una victoria en cuatro partidos da buena cuenta del papel de la Selección española en Rusia. Visto en perspectiva no había para mucho más y ahora toca trabajar un nuevo ciclo, con Luis Enrique a los mandos, y que debería terminar de tomar forma en la Eurocopa de 2020. Lo sencillo de ser seleccionador español es que, con total seguridad, ningún país ofrece una plantilla con tanto talento general como es España. Pero no todo vale ni basta con eso para triunfar. Seguimos en el desierto desde 2012 cuando se cerró un ciclo triunfal que difícilmente volveremos a vivir pero que debe servir para señalar el camino. Lo que funcionó entonces bien puede volver a funcionar en el futuro.

DOS. Argentina y Messi, Messi y Argentina. El eterno desencuentro

Argentina es un caso especial en el mundo del fútbol. Destilando tanta pasión uno no puede evitar girar la cabeza a su paso, mantenerse expectante, esperar algo grande y…descubrir rápidamente que hay mucha carcasa y poco contenido. Y es que Argentina parece seguir siendo una sombra de sí misma en un plantel lleno de limitaciones que contrastan con la gran calidad que se le presupone a un Leo Messi al que todos quieren ver como el sustituto natural de Maradona pero que más bien parece que desea huir de su propio papel, como si Argentina fuese más un tormento que un regalo.

No creo que me equivoque demasiado en esa apreciación cuando veo una alineación con Mascherano y Enzo Pérez en el centro del campo. Es como pretender tallar un diamante usando un taladro de obra. La escasez de fútbol argentino sólo se ha mitigado por los escasos chispazos de Ever Banega, Di Maria o el propio Messi. Sorprendente ver que la gran arma tradicional albiceleste, su delantera, haya pasado tan sumamente desapercibida. Con jugadores como Higuain o Agüero era de esperar más empaque arriba, pero no lo hubo, o lo hubo de forma muy intermitente. A Argentina le falta talento, falta un Aimar o un Riquelme que insufle vida a esta selección. Y talento hay: Icardi, Dybala etc, pero si lo dejas en casa o en el banquillo, dificilmente aportará. En todo caso, el talento técnico se puede suplir con rigor táctico y, en definitiva, con un plan preestablecido, que tampoco lo hay. Porque con el cese de Sampaoli llegará el quinto seleccionador en cuatro años. Y así no se puede. Ni puede ser que sólo se hable de si Messi está triste, o de si Maradona monta un circo desde el palco. Cuando se habla de todo menos del equipo como tal, es que algo falla. Y al final, son cinco victorias en los últimos trece partidos oficiales. Un balance muy pobre.

En definitiva, porque casi se quedan fuera del Mundial en la fase de clasificación, porque sólo fueron capaces de ganar a Nigeria de forma casi agónica y porque fueron vapuleados contra Francia y Croacia, Argentina merece un suspenso grande. ¿Volveremos a ver a Messi en un Mundial? Complicado.

TRES. El fútbol africano y su lenta caída

Aunque en principio este listado pretende tener carácter individual, lo cierto es que el papel de las selecciones africanas merece un análisis más en conjunto. Por primera vez desde 1982 ninguna de las cinco clasificadas ha conseguido llegar a octavos de final. Y sobre todo teniendo en cuenta que en 2014 fueron dos (Argelia y Nigeria) las que sí lograron superar esa barrera. Lo malo no es sólo eso sino que las sensaciones generales han sido pobres. Por calidad colectiva Marruecos dejó un nivel interesante frente a Portugal y luchó a brazo partido contra España. Sin embargo, su inesperada derrota contra Irán le dejó sin opciones. Por otro lado, Nigeria fue la selección que más dio que hablar en el ámbito deportivo (y extradeportivo con su camiseta estilo vintage, preciosa por cierto). Ganaron a Islandia y cerca tuvieron la clasificación a octavos de no ser por el postrero gol de Argentina que los relegó a la tercera posición del grupo. Senegal cierto que lo tuvo más cerca (Sólo quedó fuera por el fairplay al haber empatado en todo lo demás con Japón) pero no ofreció nada especial. Y ni hablar de Egipto o Túnez, que directamente no ofrecieron prácticamente nada. El caso egipcio es más peculiar pues todos esperaban el Mundial de Salah pero su inoportuna lesión le impidió brillar como él quería. De dos representantes en octavos en Brasil 2014 a ninguno en 2018 es un retroceso.

Se echan de menos grandes nombres e incluso buenas selecciones que hasta hace no demasiado tiempo daban mucho que hablar. Curiosos son los casos de Ghana, cuartofinalista en 2010 o Camerún, actual campeona de la Copa de África de Naciones, que ni siquiera se clasificaron para Rusia 2018. O Costa de Marfil, que hasta hace no mucho asustaba con nombres como Drogba, Kalou o Yaya Touré. La nueva generación de jugadores no está a la misma altura y los veteranos ya no dan el nivel de antaño como es lógico. En general, se echan en falta jugadores individuales de alto nivel y sobre todo, mucho más rigor táctico, algo que por otra parte nunca ha sido seña de identidad de las selecciones africanas. Mención aparte es la cuestión de los jugadores africanos nacionalizados europeos: Lukaku, Pogba y un largo etcétera de jugadores que han pasado su vida en Europa y han optado por jugar en sus selecciones de acogida. Evidentemente supone una pérdida de calidad que se termina acusando en los resultados. Si nada cambia en la mercadotecnia del fútbol, esta tendencia se acentuará y pocas estrellas africanas residentes en Europa terminarán por jugar en los países que les vieron nacer.

CUATRO. Portugal gris, Cristiano triste

Insuficiente alto para los lusos. Llegaron a octavos y sólo pudieron ser sometidos por una aguerrida Selección de Uruguay con un Cavani imperial. Sin embargo, su casi inmaculada fase de clasificación, con Cristiano Ronaldo en sus filas muy enchufado cada vez que es convocado, y su condición de actual Campeona de Europa, obligaban a pensar en un mejor papel en Rusia. CR7 sostuvo a Portugal frente a España gracias a sus goles, pero contra Marruecos ganaron por la mínima después de mucho sufrimiento y, finalmente, no fueron capaces de sacar más que un empate frente a Irán. En cuanto se cruzó en octavos una selección más entonada, no tuvieron opciones pese a que cuajaron un buen partido. Fueron de más a menos.

En general Portugal es un equipo interesante, muy incómodo para cualquier rival, pero depende demasiado de un Cristiano Ronaldo del que en general esperas mucho pero que no es seguro el día que va a tener. Empezó enchufado y acabó de un tono gris, maniatado por la defensa charrúa al mismo tiempo que Cavani brillaba con luz propia. Con el peso de un país sobre su espalda el margen de error es escaso. Tampoco hay que negar que detras de Ronaldo hay calidad: Bernardo Silva, Guedes, Moutinho, Pepe, Rui Patricio, Quaresma. Pero muchos también superan la treintena y no volverán a pisar un mundial casi con total seguridad. Portugal es otra selección que requiere de una renovación.

CINCO. Brasil ya no joga bonito

El principal problema de Brasil, aparte de caer nuevamente en cuartos de final, es que ya no enamora. El jogo bonito, la seña de identidad brasileña, tan bien inmortalizada en míticas campañas publicitarias de Nike, ha sido sustituido por un fútbol más táctico y ordenado, una cualidad buscada e incluso deseable en la vieja Europa pero no en esta selección que siempre ha tenido en el talento individual su arma más mortífera. En este Mundial, la práctica nos ha enseñado que, cuando ha llegado un cruce difícil, como contra Bélgica, y Casemiro no ha podido jugar, el equipo se ha descompensado y, en última instancia se ha venido abajo. No hay creación en el medio campo ni artillería pesada arriba y la dependencia de Neymar y de algún otro jugador como Coutinho o Marcelo evidentemente no basta. Brasil ya no parece Brasil, y al no parecerlo, decae el sentimiento y, en última instancia, termina dándote igual.

Bélgica pasó por encima de Brasil en la primera parte de los cuartos de final. Por un momento incluso sobrevoló el espíritu de aquella tarde maldita en Belo Horizonte cuando llovieron siete goles alemanes. La falta de reacción ante la avalancha de contraataques belgas no pudo ser frenada hasta que ellos se quedaron sin fuelle en la segunda parte. Cuando hizo falta un poco de magia, no la hubo y eso en Brasil no se puede pasar por alto. Quizá el caso más paradigmático sea el de Neymar. La calidad de este chico es indiscutible. Es un crack mundial. Pero todo lo que le rodea, sus looks estrafalarios y su constante teatro dentro del terreno de juego consiguen borrar todo lo que tiene de buen jugador. Rusia 2018 no le ha sentado nada bien. Se ha ido por la puerta de atrás, con centenares de personas en el mundo viralizando sus infinitas volteretas de dolor por el suelo, su pelo espaguetti y con el Balón de Oro que tanto ansía, esfumado.

El aprobado raspado es una nota justa para una selección que aspira a todo y que vuelve a caer en cuanto pintan curvas. Y, mientras tanto, sus jugadores migrando cada vez más a China o a destinos suculentos para el símbolo del dolar… Brasil debe reentonarse porque a día de hoy es la única selección capaz de plantar cara al dominio europeo que viene imponiéndose en los últimos años.

SEIS. Uruguay siempre cumple… hasta donde puede

La Selección uruguaya ha hecho un Mundial bastante razonable. Para empezar, superaron la Fase de Grupos de forma inmaculada, algo que visto a posteriori hay que poner en valor pues le endosaron un inapelable 3-0 a una Rusia que, posteriormente eliminó a España y cerca estuvo de dejar fuera a Croacia. En octavos de final, Cavani se erigió en un gigante que desarboló a Portugal con dos auténticos golazos pero cayó lesionado a pocos minutos del final. Fue el principio del fin.

Uruguay ha fiado todo su juego a una enorme contundencia física y a una delantera rápida y efectiva que hizo mucho daño en cada uno de los partidos. Pero la realidad se impuso frente a Francia, una selección de contrastada calidad y mucho más hecha. Sin Cavani, Stuani dejó sin pólvora a Uruguay. Martín Cáceres no hizo tampoco un gran partido y Muslera, acertadísimo todo el Mundial, nos hizo recordar a Karius con un error imperdonable a disparo de Griezmann que supuso el mazazo final para las opciones uruguayas.

Quizá el problema para Uruguay de ahora en adelante sea la edad de algunos de sus primeros espadas: Cavani (31), Luis Suárez (31), el Cebolla Rodríguez (32), Martín Cáceres (31), Godín (32) o Muslera (32). Es poco probable que veamos a la mayoría de ellos en el siguiente Mundial y quedará por ver si amanece nuevo talento (ojo Giménez, Betancur o Nández por ejemplo) en una selección que siempre cumple pero que parece haberse quedado a medias. En definitiva, un seis para una Uruguay que estuvo a la altura de lo esperado pero que echa seguro de menos aquel pedazo de Mundial que se marcaron en 2010 los Diego Forlán y compañía.

SIETE. Inglaterra vuelve a la élite

Buen Mundial el realizado por Inglaterra, sin duda una de las sorpresas positivas que ha dejado el Torneo. Y no nos engañemos, no ha sido un fútbol excelso el mostrado por los chicos de Gareth Southgate pero un cuarto puesto sabe a gloria para un país al que casi se le habían olvidado estas grandes tardes de fútbol. El “It´s coming home” volvió a sonar (demasiado) con la ilusión de aquella lejana Eurocopa del 96 que, curiosamente, se quedó en la orilla de aquel penalti fallado por el propio Southgate.

Los ingleses comenzaron fuerte ganando a Túnez, goleando a Panamá y sabiendo “perder” contra Bélgica, llegando al cuadro final con un recorrido que se antojaba relativamente sencillo. Hasta ese momento además, las sensaciones habían sido buenas con un Harry Kane enchufado erigiéndose en el nuevo capitán inglés. Tras sufrir contra Colombia en un partido que hasta el descuento tenía ganado, y tras vencer a Suecia sin demasiados apuros, se plantó en semifinales por primera vez desde 1990. Y todo parecía ir bien cuando Kieran Trippier puso el balón en la escuadra recordando los mejores tiempos de David Beckham. Dejaron a Croacia noqueada y la final podía acariciarse casi con los dedos… hasta que apareció Perisic. El mundial de Inglaterra iba sobre ruedas hasta que el croata se anticipó a Kyle Walker y puso el empate en el minuto 68. En ese momento el castillo de naipes se tambaleó y empezaron a verse las grietas de una selección en la que Kane llevaba inédito desde la fase de grupos, Sterling apenas había aportado, Dele Alli no había explotado la calidad que se le presupone y el juego se había sostenido en el balón parado y el inesperado papel protagonista de jugadores secundarios como Dyer, Henderson, Maguire o el portero Jordan Pickford con paradas impresionantes. Harry Kane falló un remate fácil salvado milagrosamente por Subasic y, a partir de ahí el ímpetu croata pudo con los ingleses que se despidieron con la sensación de que podían haber llegado a la final.

La final de consolación sólo sirvió para comprobar el agotamiento físico de los ingleses y el momento dulce de los belgas. Pero la juventud y talento de los jugadores ingleses invitan a pensar en un presente esperanzador para Inglaterra.

OCHO. Bélgica por fin da el salto

Excelente Mundial el realizado por Bélgica cuya generación por fin se ha doctorado con un merecidísimo tercer puesto y dejando la sensación de que podía haber ganado el título perfectamente. Resulta interesante esta selección que, hasta hace apenas cuatro años pasaba desapercibida. Sin embargo, en un momento determinado, nos dimos cuenta de que jugadores como Hazard, De Bruyne, Lukaku, Fellaini, Nainggolan o Courtois eran belgas. Y nos dijimos a nosotros mismos: ¡vaya equipazo! Sin embargo, en 2014 llegaron verdes a su primer mundial y en la Eurocopa de 2016 nos decepcionaron. No parecían encajar las piezas. Pero entonces llegó Roberto “Bob” Martínez al banquillo y las cosas cambiaron. Enlazaron casi dos años sin perder (Hasta que se toparon con Francia en semifinales) y mejoraron el juego en conjunto. El Mundial de Rusia ha sido testigo del demoledor juego al contraataque de Bélgica consagrando a Kevin de Bruyne y Eden Hazard como dos jugadores de primer nivel y a Lukaku como uno de los delanteros de moda.

Tras una primera fase inmaculada los fantasmas volvieron a aparecer en octavos con un amenazador 2-0 en contra frente a Japón. Sin embargo, en una de las mejores segundas partes del Torneo, los belgas dieron la vuelta al marcador cuando casi se mascaba la prórroga. Pero el partido que terminó de doctorar a Bélgica fue en cuartos de final contra Brasil en una primera parte espectacular que demolió a la canarinha con un ritmo trepidante. Semifinales fue otro cantar y Francia ganó por la mínima un partido que, esta vez, no pudieron revertir los belgas. El partido contra Inglaterra por el tercer y cuarto puesto sirvió para refrendar el mejor mundial de su historia mejorando el cuarto puesto de México 86.

Cosas a mejorar, en nivel de resultado poco más se puede añadir. Ha sido posiblemente el equipo con la propuesta de juego más atractiva. En contra podría achacarse cierta debilidad defensiva, excesivo individualismo de Hazard en ataque en algunos momentos, y el nivel físico en las segundas partes en donde los belgas han sufrido más de la cuenta en partidos como el de Brasil o Inglaterra de la final de consolación. La Eurocopa de 2020 será la siguiente prueba de toque en donde partirán como uno de los claros favoritos.

NUEVE. Francia. El gallo vuelve al olimpo mundial

Francia vive un momento dulce. Subcampeona de Europa y ahora Campeona del Mundo. No se les puede pedir más. Después de unos años complicados, la Selección francesa ha vuelto por sus fueros con una nueva generación de jugadores, encabezada por Kylian Mbappe, que todavía tiene mucho que decir. Y es que, tras la estrella del PSG están otros grandes nombres como Antoine Griezmann, Paul Pogba, Raphael Varane, N´Golo Kanté, o Samuel Umtiti por hacer referencia a algunos de ellos, que componen un equipo muy completo, muy rápido, muy fuerte y muy vertical en el que Griezmann compone la partitura y los demás la tocan a la perfección. El esquema funcionó muy bien a lo largo del torneo.

Y desde luego, no se puede decir que tuviesen un trayecto fácil hasta la final. A Francia le tocó el lado “malo” de los cruces y tuvo que dejar por el camino a Argentina, Uruguay y Bélgica. Casi nada. Pero es que los pupilos de Didier Deschamps se han mostrado como una roca en todos y cada uno de sus partidos disputados, especialmente en semifinales donde anularon a Bégica que, hasta ese momento, llegaba con la vitola de favorita. La final no fue ni de lejos el mejor partido de los franceses pero aprovecharon lo que tuvieron y fue suficiente. Al final, cuatro goles bien merecen que la copa Jules Rimet viaje a París.

En definitiva, un merecido título que consagra además a Kylian Mbappe como la nueva estrella mundial. A buen seguro que el mercado estará entretenido en las próximas semanas. Sin duda, corren buenos tiempos en la tierra de Napoleón.

DIEZ. Croacia lleva el pundonor al infinito

Un diez, y un once o un doce se merece esta selección croata que ha peleado por el título como pocas veces hemos visto en un Mundial, con tres prórrogas consecutivas entre octavos, cuartos y semifinales y una final en la que mereció ir ganando pero se fue perdiendo. Lo cierto es que antes de empezar a rodar el balón en Rusia, prácticamente nadie daba un duro por una selección que es verdad que cuenta con jugadores de la talla de Modric, Rakitic, Perisic o Mandzukic, pero que se clasificó en la repesca contra Grecia. Evidentemente no contaba en las quinielas… hasta que llegó el partido de fase de grupos contra Argentina y la cosa cambió. El baile fue descomunal y todos los ojos se posaron sobre ellos que, además, accedieron a octavos con pleno de victorias.

A partir de entonces las cosas fueron harina de otro costal. Nunca una selección había superado tres prórrogas consecutivas en una copa del mundo pero ahí estaban los croatas para romper esa estadística. Empezaron con Dinamarca en un duelo de porteros espectacular entre Subasic y Kasper Schmeichel y siguió con un vibrante duelo frente a una combativa Rusia que tampoco pudo con Subasic. Después de dos partidos de ciento veinte minutos, quedaba por ver si sobrevivirían al cruce contra Inglaterra. Y durante setenta minutos parecía que iba a ser el final del camino. Pero entonces apareció Perisic ganando la espalda a la defensa de Inglaterra y el partido cambió por completo. Los ingleses se vinieron abajo y los croatas arriba. Y lo demás lo sabemos. Veinte años después Croacia conseguía lo que para muchos que vivimos aquella generación del 98, parecía imposible repetir.

Sin embargo, la final fue distinta. Croacia nunca se arrugó y jugó mejor pero Francia aprovechó todos los resquicios que tuvo, que tampoco fueron muchos, y se llevó el título. Tras tres eliminatorias jugando a la ruleta, salió cruz, lo cual no empaña el inconmensurable papel realizado, en especial el de Luka Modric, con Eden Hazard, de largo el mejor jugador del Torneo.

Se acaba así otro Mundial, el vigésimo primero, y que ya tiene dueño. No quisiera olvidarme de otras selecciones que también dejaron buenas sensaciones, como México, que realizó una muy buena fase de grupos antes de estrellarse en octavos, o Rusia, que llegaba como la cenicienta y acabó echando a España y, a punto estuvo de hacer lo mismo con Croacia, o Japón que propuso el fútbol más valiente y entretenido y cerca estuvo de cargarse a Bélgica en octavos, o Colombia, que hizo bien las cosas hasta que la lesión de James les volvió incapaces de competir con garantías.

El telón cae en Rusia. Próxima parada, la Copa América en 2019 y la Eurocopa en 2020. Contando días de nuevo para que el balón vuelva a rodar.

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