La gran castaña de Villar a Cruyff que dio la vuelta al mundo

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Ahora que suenan cantos de sirena en la UEFA con la candidatura de Ángel María Villar, (presidente eterno de la RFEF durante veintiocho años, ahí es nada), a presidente del máximo organismo del fútbol europeo, vamos dedicar unos minutos a recordar aquí una pequeña anécdota que, en su día, dio la vuelta al mundo y que tuvo al bueno de Villar como protagonista.

Y es que, en efecto, antes que presidente de la Federación Española, fue jugador unos cuantos años pasando la mayor parte de su carrera deportiva en el Athletic de Bilbao, diez para ser exactos, desde 1971 a 1981. Jugaba de centrocampista, un tipo sobrio y seguro con la pelota en los pies, con buen pase y buena visión táctica pero con un estilo de carácter marcadamente defensivo. Sus actuaciones le abrieron las puertas de la Selección cuya camiseta llegaría a vestir hasta en veintiún ocasiones de la mano de Ladislao Kubala. Era, en definitiva, un jugador indiscutible para sus entrenadores llegando a disputar más de trescientos encuentros con el Athletic. Sin embargo, hubo uno que marcó indiscutíblemente su carrera. Fue un 24 de marzo de 1974. Llegaba entonces el F.C Barcelona a San Mames a disputar el correspondiente partido de liga. Esa temporada, el Barça había fichado a Johan Cruyff del Ajax, el mejor jugador del mundo en aquella época, lo que suponía un salto de calidad que a la postre daría a los culés su primera Liga en catorce años. Y, ¿quién debía ser el encargado de su marcaje? En efecto, Villar. El Athletic siempre formaba en la media con él, Zabalza y Uriarte, y le tocaba en esta ocasión secar en la medida de lo posible al astro holandés cada vez que pisase campo rojiblanco. A todo esto hay que decir que Cruyff solía crear animadversión en los demás por algunas actitudes arrogantes que se unían al lógico resentimiento que creaba en sus rivales por la facilidad que tenía para zafarse de ellos.

El partido dio comienzo y en los primeros minutos del encuentro se masca lo que va a ocurrir poco después. Cerca de la banda, Cruyff caza duramente a Villar. Ya se “conocían” del partido de ida en el Camp Nou donde tuvieron sus más y sus menos, pero aquella entrada fue la que tocó la fibra del jugador del Athletic que, después del partido admitió que el holandés le había partido una espinillera nueva que había comprado en Londres poco antes y que justo estrenaba en aquel encuentro. El caso es que Villar, cruzado ya con Cruyff, no aguantó más y en el minuto 36, justo cuando el Barcelona se disponía a sacar un corner, se acerca al holandés y le sacude un certero puñetazo a la mandíbula que termina con Cruyff en el suelo del golpe y de la sorpresa. Sabedor del error que acababa de cometer, Villar da media vuelta y enfila el túnel de vestuarios sin decir nada. No se para ni siquiera para ver cómo el colegiado, Soto Montesinos, le saca la lógica y merecida tarjeta roja. Mientras, Iribar se desgañita con él abroncándole por dejar a su equipo con diez de esa manera. El partido al menos terminó 0-0.

Villar tuvo que salir del Estadio y refugiarse de la prensa pues el partido se estaba retransmitiendo en directo con el mediatismo que eso podía (e iba) conllevar. Ni siquiera pudo dormir en su apartamento y se fue a casa de su novia y después a Lezama para aislarse de los acontecimientos. Sólo su hermano salió en su defensa durante las primeras horas:

«Cruyff le estuvo insultando todo el tiempo, buscando su respuesta»

Un par de días después se hizo pública la dura sanción a Villar al que le cayeron cuatro partidos y cien mil pesetas de multa que se convirtieron en el doble puesto que la directiva del Athletic le impuso otra sanción interna de cien mil pesetas más. Cuando se calmaron los ánimos dio sus primeras impresiones al respecto de la agresión:

Me pegó una patada que casi me rompe. Me destrozó unas espinilleras nuevas que me trajeron de Inglaterra. Si no es por ellas me parte la tibia. Me calenté y le quise dar un puñetazo.

Me parece excesiva, pero como deportista la acepto. Ya tengo bastante problema con haber agredido al famoso Cruyff. Lo peor es que para quienes no me conozcan tal como soy, dentro y fuera del terreno de juego, voy a quedar señalado para siempre por esta jugada.

Como era de esperar, el puñetazo despertó simpatías entre los seguidores del Real Madrid por motivos obvios, y en otras aficiones a las que no les gustaba la arrogancia de Cruyff en el campo. También ayudó la “divertida” actitud espontánea de Villar que se autoexpulsó y se marchó del terreno de juego sin fijarse siquiera si el árbitro le mostraba alguna cartulina. Incluso la edición a color del Diario AS bautizó a Villar como “Joe King Villar” Así se las gastaba entonces el hoy presidente de la Federación que dejó el fútbol como jugador con sólo 31 años para comenzar su andadura en los estamentos federativos.

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DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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