Col de Menté, la montaña que derrotó a Luis Ocaña

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No fue Luis Ocaña una persona conformista. Nunca supo serlo, y tal vez por eso su ambición fue capaz de convertirle en el primer ciclista en hacer dudar al grandísimo Eddy Merckx en una época en la que el mero hecho de atacar al belga iba más allá de lo mínimamente tolerable.

Para el español, el “Caníbal” era el rival, su rival, el más grande del momento. Compartían generación (ambos nacieron en 1945 con escasos días de diferencia) y ansia de ganar pero Merckx era superior, campeón por naturaleza, en cuerpo y mente, y sus trofeos no hacían más que caer, uno detrás de otro: su primera grande con el Giro del 67 y su primer Tour en 1969. Y entre medías, un Mundial en Ruta, la Milan-San Remo, Flandes, Lieja y un largo etc que se traducía en un dominio inconmensurable en aquellos años.

Mientras tanto, al sur de los Pirineos, Luis Ocaña debutaba como profesional de forma más tardía, en 1968, pero apenas un año después quedaba segundo en la Vuelta con tres etapas en el bolsillo. Un bonito preludio de lo que estaba por llegar pues en 1970 una última crono en Bilbao desbancaba a Agustín Tamames del liderato y daba a Ocaña su primera grande. Ya estaba listo para poner en jaque al gran líder del pelotón internacional, Eddy Merckx.

Tour de 1971. El momento de la verdad.

El Tour de 1971 había quedado fijado en el calendario ciclista como el momento del gran duelo hispano-belga. Corredores como Poulidor, Gimondi o Zoetemelk no habían sido capaces de vencer a Merckx y Ocaña había irrumpido en el pelotón con mucha fuerza. Él mismo no paraba de repetírselo a sus círculos íntimos: “Estoy fuerte, estoy listo para vencer a Merckx”. El aroma de una dura batalla se dejaba sentir en el ambiente. Ocaña además tenía fuertes vínculos con Francia al emigrar allí con sus padres cuando sólo tenía catorce años y residía en Mont de Marsan.

La carrera da comienzo y, tras siete etapas, en principio no hay nada nuevo bajo el sol. Merckx lidera el Tour desde la primera etapa con 52 segundos de ventaja sobre Ocaña. Pero claro, todavía no había llegado la alta montaña… La octava etapa finaliza en alto en el Puy de Dôme y nadie lo duda, el español va a atacar. Y vaya si lo hace. Cuando quedan cinco kilómetros a meta Ocaña salta del grupo y nadie es capaz de seguirle. Merckx le mira pero sólo puede sentarse en el sillín y perder metros paulatinamente. Es la primera vez que el gran campeón belga sufre en una gran vuelta contra un rival. Mientras, Ocaña sigue como un tiro y entra en solitario en la neblinosa meta. El belga llega a meta cuarto perdiendo sólo 15 segundos y manteniendo el malliot amarillo pero lo que podría parecer una derrota menor se convierte en una sorpresa considerable cuando es Merckx el derrotado.

Sólo dos días después, la décima etapa transcurre por el momento sin demasiados movimientos hasta que Merckx pincha y Ocaña aprovecha para atacar dinamitando la etapa. Bernard Thevenet, Joop Zoetemelk y Gösta Pettersson se van con él pero ninguno le da relevo porque nadie es capaz. El español va encendido y llega a meta segundo ganando la etapa Thevenet. Merckx pierde un 1 minuto y 40 segundos cediendo el amarillo que cae en manos de Zoetemelk. Pero sin tiempo para recuperarse de la emoción llega el 8 de julio, undécima etapa, en los Alpes, con salida en Grenoble y llegada en Orcières Merlette. Desde el inicio la etapa es dura. El Kas de José Manuel Fuente impone un duro ritmo pero en el kilómetro 20 es Ocaña el que ataca en busca del portugués Joaquim Agostinho. Le siguen Van Impe y Zoetemelk pero sorprendentemente Merckx no entra ahí, no es capaz. Y aunque hace todo lo posible por recuperar terreno con el español, pierde terreno a cada kilómetro. No tiene compañeros de equipo, reventados por el ritmo del Kas en los primeros compases, le toca tirar él solo del grupo y nadie hace concesión alguna en el pelotón. Por delante, Ocaña es pura magia. Cinco minutos, seis, siete… hasta casi diez de diferencia con el belga. Nadie es capaz de seguir su ritmo y continúa su periplo en solitario hasta la meta. 8 minutos y 42 segundos después llegaba Mercks desencajado. Nunca nadie volverá a sacar una diferencia semejante con el belga (en sus años buenos) en alta montaña. Había dado tiempo incluso para darle el maillot amarillo a Ocaña. De hecho, la exhibición fue tan descomunal que 67 corredores llegaron en fuera de control y la organización se vio obligada a repescarles a todos para no dejar la carrera con 39 corredores.

Creo que Ocaña nos ha matado a todos como El Cordobés mata a los toros. Me han impresionado enormemente. Eddy Merckx

Pero para Merckx no hay tiempo de lamentaciones. Tras una jornada de descanso se reanuda el Tour con 251 kilómetros entre Orcières Merlette y Marsella. Su equipo, el Molteni, no concede ni un minuto de respiro y aprovecha que en la salida Ocaña está al final del pelotón concediendo entrevistas a los periodistas para dejarle cortado a las primeras de cambio. La etapa es literalmente un sprint que termina dos horas antes del mejor horario previsto por la organización. Gana el italiano Luciano Armani y Ocaña pierde casi tres minutos con Merckx. El español se siente traicionado por la actitud del belga y  de su equipo. Saltaban chispas en el Tour. Como curiosidad, la caravana del Tour se traslada a Albi y ambos corredores son ubicados uno al lado del otro en el avión. No se dirigieron la palabra en todo el viaje.

Y entonces llegaron los Pirineos y…

El Tour se reanudaba con una corta crono de 16 kilómetros que permite a Merckx arañar once segundos a Ocaña que no debe preocuparse porque todavía le sobran 7 minutos y 21 segundos. Pero volvió la montaña y entonces apareció el Col de Menté… Los Pirineos amanecen el 12 de julio con un cielo plomizo que no tarda en descargar toda su furia, primero con lluvia y luego con un duro granizo que no da cuartel al pelotón. En el primer puerto, el Portet d’Aspet se abren las hostilidades y en el segundo, el Menté, Merckx ataca y Ocaña se va a rueda. Coronan juntos y el belga se lanza como un tiro en la bajada. Las condiciones son horribles, con torrentes de agua y barro en la carretera, y en una curva de herradura hacia la izquierda, como era de esperar, ocurre lo peor. Merckx se va largo y patina sobre hierba lo que amortigua su caída pero Ocaña, que también se cae, se golpea con una piedra. Pese a lo aparatoso del golpe parece que ambos pueden continuar pero, en ese momento, aparece Zoetemelk que tampoco es capaz de controlar su bicicleta y se va recto, y antes de caer, golpea de lleno a Ocaña. Mientras, Agostinho y Vicente López Carril también se caen. Una sola curva está haciendo saltar el Tour por los aires. Lo malo es que todos iban a poder salir de allí… menos Ocaña. Para él se había acabado.

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La imagen es devastadora. Ocaña iba de nuevo encendido aquel día. La etapa pasaba por el Portillon, la tierra en la que se había criado y donde quería atacar y sentenciar a Merckx, pero la fortuna se vino en su contra y sí, ese día ganó un español, pero no fue Luis sino José Manuel Fuente, el “Tarangu”, completando una gran etapa para consuelo de los aficionados españoles. Mientras Ocaña va camino del hospital en helicóptero, en la meta, Merckx, que ahora lidera la carrera, se niega a subir al podio y a vestir de amarillo. No quiere ganar así y ese gesto le honra. Incluso al día siguiente la etapa se corre sin maillot amarillo.

Como es de esperar, el Canibal se anota su tercer Tour consecutivo con una cómoda ventaja sobre Zoetemelk y Van Impe que le acompañan en el Podio. La mala suerte se había cebado con Ocaña que ya descansaba en su casa de Mont de Marsan terriblemente decepcionado. Sabía mejor que nadie que aquel Tour era suyo. Pero cierto es, que como en otras ocasiones, la carrera termina en los Campos Eliseos y no antes. Al año siguiente, otra caída alejó a Ocaña de Merckx de forma prematura, y problemas de bronquitis heredados de su juventud, provocaron su retirada sin haber podido plantar cara al belga.

Ya en 1973, aquel año le dio a Ocaña una de cal y otra de arena. Entonces todavía se corría la Vuelta a España antes que el Tour y Merckx, por primera y única vez en su carrera, decidió competir en ella y ganó al español en su patria, que fue segundo. Pero aquella participación del belga hizo que declinase correr el Tour lo que permitió a Ocaña tocar por fin la gloria que había estado buscando en Francia siendo el único español tras Bahamontes en el 59, que lograba tal gesta. Dicen las malas lenguas que Merckx no quiso competir en aquel Tour para no ser batido por Ocaña. Quién sabe… En todo caso, aunque fuese sin él, sin su gran rival, lo consiguió y si no, siempre le quedaría aquella inmensa etapa en Orcières Merlette en la que destrozó sin paliativos al mejor ciclista de la historia.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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