Visto lo visto, yo también quiero ser un periolisto

A veces no termino de entender por qué  no cobro por esto, por este blog que incluso me cuesta dinero mantenerlo. No puedo entender por qué yo escribo por el mero hecho de entretenerme y entretener al que quiera leerme y, a pesar de esa libertad de la que dispongo, sea capaz de meter menos el cazo que un enorme sector del periodismo deportivo español que vive de ello.

Como muchos sabréis el domingo jugaba España contra Albania un partido de clasificación para el Mundial de 2018, partido que terminó 0-2 y que dejó cosas interesantes: un Diego Costa que se afianza como goleador en la Roja, una Selección que comienza a funcionar como Lopetegui quiere, que juega bien y que busca consolidarse de nuevo etc.

Pero no fue eso lo que levantó una enorme polvareda. Fueron las mangas de la camiseta de Piqué. Un murmullo en crecimiento entre las redes sociales nada más comenzar el partido advertía que “algo” estaba pasando, algo que derivó para los medios de comunicación en un hecho “evidente” e “indubitado”: Piqué había recortado las mangas de su camiseta en las que aparecen los colores rojo y amarilla de la bandera. Tal cual. Historia de nivel, debieron pensar. Y como era de esperar, como lo importante no es contrastar las noticias sino generar atención, pues adelante, revuelo. Claro que, nada más terminar el partido resultó que las mangas famosas se habían recortado de una camiseta de manga larga que NO lleva los detalles de la bandera…

Apenas ha pasado una semana de la rajada del Pichu Cuellar. Vale que no está bien acusar a alguien de ser un idiota o un hijo de puta, pero en todo lo demás llevaba más razón que un santo. Y su discurso escoció y mucho a los medios de comunicación, algo lógico dada la (enésima) metedura de pata por falta de atención y de contraste de información. Pero es que además resulta que, a pesar de la sesión de autocrítica de los días posteriores, nada ha cambiado (qué sorpresa). Tenemos un problema grave en este país respecto al periodismo, y en este caso concreto, del periodismo deportivo que queda retratado cada vez con mayor frecuencia. Lo grave no es equivocarse, que puede ocurrir, sino la reiteración de errores en cosas que son básicas y respecto a una serie de informaciones que son amarillas, insustanciales o que no tienen nada que ver con el deporte. Cierto es que Piqué es un jugador al que le gusta estar en primera línea de fuego con sus gestos o sus frases pero la información hay que contrastarla y hay otra cuestión relevante: aunque lo que diga o haga pueda ser una chorrada como un piano, no es un jugador que guarde sus pensamientos. Si hubiese querido reivindicar algo, lo habría hecho y lo habría dicho. Y con ello se podría entrar a valorar. No me extraña que el chico quiera dejar la Selección…

Y de todas formas, qué más da. Que diga lo que quiera. La cuestión es que la diferencia entre Piqué, entre yo como bloguero, y el periodismo, es que éstos últimos deben contrastar, investigar y comprobar la veracidad de lo que informan. Si no lo hacen, ¿en qué se diferencian de mí? Ahora resulta que Twitter tiene mayor poder periodístico que el propio periodismo deportivo. Marca, Diario AS, o el Chiringuito de Jugones (cómo no) cayeron y publicaron la “noticia”. Y en un excelente alarde de autocrítica, el enésimo, borraron los tweets y demás noticias relacionadas. Todo muy profesional. Y así todas las semanas

Cada vez cuesta más ver o leer periodismo de calidad. Es una especia en extinción.

tweet-pique

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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