Ciclo del Penalti (II) Héroe-antihéroe

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Cuidado, cuidado con los once metros. El jugador eso ya lo sabe pero por si acaso…mejor no confiarse. Dicen que un penalti es medio gol y seguramente es cierto. Al fin y al cabo es un disparo sin oposición desde once metros contra una portería que mide casi siete y medio. Sin embargo, la historia se empeña en recordarnos que no es necesario demasiadas dosis de mala suerte para que algo salga mal. Y lo que es peor. Esa mala suerte se suele cebar con quien menos la merece puesto que hay que tener especial valor para jugársela de forma individual.

Epic fails desde el punto de penalti tenemos ejemplos hasta aburrir con más o menos fama o mejores o peores consecuencias pero por acotar un poco, aquí van cinco historias que han hecho correr ríos de tinta en los periódicos. Lo peor del caso es que sus protagonistas tal vez no merecían por su calidad o trayectoria pasar por ese mal trago pero como ya he dicho, sólo fallan los jugadores que tienen el valor de lanzar los penaltis.

La noche más amarga del siete (diez) de España

La dichosa maldición de cuartos de final… Ahora pocos se acuerdan ya de esos sinsabores pero hace no demasiado la suerte seguía siendo esquiva para la Selección española. Y la Eurocopa del 2000 no iba a ser menos. El Mundial de Francia de dos años antes había dejado a España muy muy tocada pero la irrupción de Camacho al frente de la Roja prometía aires nuevos. Tras arreglar la clasificación a base de grandes goleadas se clasificaron para la Eurocopa y una vez en ella pasaron la ronda de grupos por los pelos. La cantada de Molina frente a Noruega le dejó en el banquillo en beneficio de Cañizares y el gol in extremis de Alfonso contra Yugoslavia culminaba la remontada y la clasificación a cuartos de final. Pero cuando apareció el primer rival de entidad las cosas se torcieron definitivamente. El partido frente a Francia agonizaba y Abelardo pugnaba por un balón en el área pequeña. Es entonces cuando Fabien Barthez con poca fortuna le derriba y el colegiado Pierluigi Collina decreta la pena máxima. Con 2-1 abajo es la última bala que queda para evitar la eliminación. Y quién mejor para resolver la papeleta que el jugador más representativo de España, Raúl González, que, en contra de su tradición, lleva el dorsal diez en la camiseta en vez del siete (en manos de Helguera).  No volvería a hacerlo nunca. El balón se fue a las nubes y con él toda esperanza de remontada. Lo dicho, la maldición de cuartos…

Sergio Ramos o cómo sobreponerse a la presión

Fueron incontables las bromas y memes sobre el penalti errado por Ramos frente al Bayern. Pero sobretodo al margen del humor, aquel penalti le costó la eliminatoria al Real Madrid frente a los bávaros. De poco sirvió el empeño de Cristiano Ronaldo que puso la clasificación en bandeja con dos goles. El conjunto blanco se relajó, marcó el Bayern y la cosa desembocó en prórroga y finalmente en penaltis. El comienzo fue pésimo. Cristiano y Kaká fallaron sus respectivos lanzamientos pero Iker mantuvo al equipo con vida con dos paradas consecutivas. Falsa esperanza. Sergio Ramos mandó su lanzamiento a las nubes y Schweinsteiger no perdonó el suyo. Otra vez adiós en semifinales.

Ramos quedó marcado por ese penalti pero en un gesto que le honra tomó  los galones cuando hizo falta y en la semifinal de la Eurocopa 2012 contra Portugal dio un paso al frente y lanzó ese precioso penalti al estilo Panenka. Si hubiese fallado habría dejado a España al borde de la eliminación pero esta vez las cosas salieron como debían salir y Cesc en el siguiente penalti ponía a la Roja en su segunda final consecutiva. Gesto de buen jugador en definitiva.

Martin Palermo. Un desastre de Récord Guinness.

Palermo nunca podrá olvidar lo que ocurrió aquel 4 de julio de 1999. Era el ídolo indiscutible de Boca Juniors pero aquella tarde sacó de quicio a toda Argentina. Se jugaba la segunda jornada de la Copa América y Martín Palermo disfrutaba de sus primeras convocatorias con la albiceleste. Salía de titular aprovechando una brillante primera jornada en la que le había marcado dos goles a Ecuador sellando una sencilla victoria. Pero Colombia era otra cosa, duro rival entonces. Lo que pocos podían imaginar es que ese día el “enemigo” estaba en casa. Hasta cinco penaltis se pitaron en aquel partido, tres a favor de Argentina y dos a favor de los colombianos. La diferencia es que los cafeteros aprovecharon sus ocasiones (por lo menos una). No así Palermo que comenzó su particular via crucis en el minuto 5 mandando el primer penalti al larguero. Bueno, siempre puede pasar. Le pegó demasiado duro al balón y se estrelló en el travesaño. Más terriblemente sospechoso se volvió el partido en el minuto 37 cuando el colegiado decretaba el segundo penalti a favor de Argentina. Palermo cogió el balón sin dudar. Estaba claro que quería redimirse de su fallo así que patea y… a las nubes. Esta vez ni tocó portería el esférico. Se le notaban los nervios sin duda. Y por último, con el partido ya perdido el propio Palermo forzó el tercer penalti a favor de Argentina y tampoco dudó en lanzarlo. Amor propio… Le pegó igual pero un poco más bajo. Dio igual porque Calero se la sacó adivinando la dirección del lanzamiento. Su cara era ya un poema.

Aquella noche la Selección argentina se llevó un duro correctivo (3-0) y Martín Palermo entró directamente en el Libro Guinness de los  Récords con tres penaltis errados en un mismo partido (sigue vigente). Desde luego aquel día el ídolo argentino fue villano durante noventa minutos.

La peor pesadilla deportivista

Ese día ya no estaba Donato. Él debía tirar las penas máximas de aquel Deportivo de la Coruña pero no estaba ya en el terreno de juego. Los gallegos habían dominado buena parte de la temporada 93/94 pero en las últimas jornadas perdieron algo de fuelle fruto del desgaste físico y lo que parecía un título liguero en el bote desembocó en un partido a todo o nada en Riazor frente al Valencia. Y lo demás es historia. El F.C Barcelona había hecho los deberes ganando al Sevilla y faltaba por saber qué depararía el partido de la Coruña. Lo que esperaba en el terreno de juego era un cerrojo valencianista y un Depor presa de sus propios nervios, hasta que en el minuto 89 Serer cometía penalti sobre Nando y la afición deportivista, hasta ese momento con el corazón en un puño, veía el cielo abierto repentinamente. Puesto que no estaba Donato las miradas se dirigieron a Bebeto y como no parecía por la labor de chutar fue Djukic quien tomó la fatal responsabilidad. Tomó aire y golpeó el balón…sin fe ninguna… Riazor se vio envuelta en el silencio más sonoro que recuerdan en Galicia. González lo había detenido sin problemas. Todo sollozos, todo caras largas. Nadie reprochó al serbio su error pero la imagen de aquella Liga que el Depor nunca ganó quedó asociada a él. Cuando por fin cayó el título en el año 2000 Djukic irónicamente jugaba en el Valencia. Sin embargo, no dudó en sentirse feliz y en paz consigo mismo.

Baggio, lo hiciste todo bien menos…

…Menos dar la puntilla a tu espectacular torneo. Lo había hecho todo bien. Había liderado a Italia partido a partido al más puro estilo Paolo Rossi en el 82. Aquí todavía le recordamos por aquel gol en el último suspiro a Zubizarreta cuando instantes antes media España celebraba temerariamente el mano a mano de Julio Salinas a Pagliuca. Uno no fue y el otro sí. Bueno, también recordamos a Luis Enrique sangrando por la nariz, pero eso es otra historia… Previamente Baggio había eliminado a Nigeria en octavos con un doblete e hizo lo mismo frente a la sorprendente Bulgaria en semifinales. Llegaba pletórico a la final en la que se encontraba también Brasil que había pasado con un solitario gol de Romario frente a Suecia. Pero el partido no fue el esperado. Tras 120 minutos sin goles tocaba un ronda de penaltis que encogió el corazón de los 94.000 espectadores que abarrotaban el Rose Bowl de Los Ángeles. Abrían Marcio Santos y Franco Baresi y ambos se les encogió el pie. No así al resto de lanzadores hasta que nuevamente Massaro erraba su lanzamiento y Dunga anotaba el suyo. La patata caliente le caía a Baggio. Si falla, Brasil es campeona mundial, así que mira fijamente a Taffarel, acomoda el balón y dispara. Por un momento el tiempo se detiene hasta que los jugadores brasileños estallan de júbilo. El balón ni ha tocado portería. Baggio se ha quedado convertido en estatua. Sabe que lo ha hecho todo bien excepto el detalle final. Seguramente no volverá a haber un momento tan amargo en toda su carrera deportiva pero así es la vida de un gran jugador como lo era la del Il divino Baggio que tomó una responsabilidad que pocos querrían para sí. Eso no le impidió ser uno de los mejores jugadores que ha dado Italia.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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