Ciao Marco e grazie. Diez años sin el pirata Pantani

No quiero extenderme demasiado en este artículo. Más que nada porque me da muchísima pena, igual que con el post que escribí sobre el Chava Jiménez. ¡Qué lástima joder! Son muchas cosas. Marco Pantani fue sobretodo un ciclista que le recordó al mundo que las grandes gestas del ciclismo se fraguaban en los picos más altos y empinados y no haciendo kilómetros contra el crono (Sin desmerecer en absoluto a Indurain, Ullrich etc.). Como un martillo pilón. Así era el “Pirata”. No necesitaba que nadie tirase de él ni llevar a nadie delante. Atacar, atacar y atacar. Esa era la única consigna que cabía en la cabeza afeitada del italiano.

Por desgracia su vida no estuvo a la altura de su carrera deportiva. Tantos puertos coronados en primer lugar no impidieron que falleciese hace hoy exactamente diez años, solo y deprimido en una habitación de hotel en Rimini víctima de una sobredosis de cocaína. Porque al final, no se trata de la historia de un deportista sino de la vida misma. Pantani murió aquel día con 34 años pero la vida se le había empezado a escurrir de las manos mucho antes, un lejano 5 de junio de 1999. Aquel día, con el Giro ya en el bolsillo tras varias exhibiciones, dio positivo por hematocrito alto y fue descalificado. Ya nada sería igual para él. Con la sombra del dopaje detrás y el rechazo de la afición, se acabaron las grandes gestas y tuvo que soportar incluso que Armstrong le “regalase” una etapa en el Mont Ventoux, según palabras del americano, como si él hubiese inventado a los escaladores.

Pero los aficionados al ciclismo no le olvidan. Ni yo tampoco a pesar de ser un crío entonces. No importa. Puedo decir que vibré con él, que le buscaba en el pelotón junto a Heras, Jiménez o Ullrich esperando que lanzase el zarpazo definitivo. Recordarle también me hace sentir un poco adolescente de nuevo, en esas tardes calurosas de verano cuando el colegio ya había terminado. Pantani hizo grande al ciclismo (como muchos otros) pero seguramente no volverá a haber un ciclista tan peculiar como él.

Pese al dopaje, pese a pensar en su forma tan triste de morir y la lenta decadencia que sufrió, quizá lo mejor sea recordarle como realmente fue: rapado, con una cinta en la cabeza, enfundado en su maillot del mítico Mercatone Uno y ascendiendo sólo clavando a todos sus perseguidores… Lo dicho, ciao Marco e grazie. Que reciba el homenaje que se merece uno de los mejores escaladores de la historia.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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