¿Caída definitiva? Volumen I

La primera vez que recuerdo haberme fijado en Lance Armstrong fue en el año 2000. Viendo la televisión, Javier Otxoa, entonces en las filas del extinto Kelme-Costa Blanca,  subía Hautacam retorciéndose sobre la bicicleta después de muchos kilómetros escapado en fuga. Por detrás, en el grupo de favoritos, míticos nombres como Virenque, el Chava Jiménez, Jan Ullrich o Marco Pantani. Cuando la carretera comienza a picar hacia arriba salta el Pirata seguido de Zulle y Lance Armstrong. El americano pronto comienza a marcar el ritmo y ninguno de los dos puede seguirle. Todos los españoles que veían el Tour rezaban para que Lance no cogiese a Otxoa. Y, en efecto, sobraron 41 segundos para tocar la gloria por parte del español. Sin embargo, la épica fue para el propio Armstrong que reventó aquel Tour de Francia de 2000 con una subida espectacular. Lo ganó, el segundo en su cuenta particular, pero para mí aquel día nació como aficionado aquella estampa de Lance con el maillot de Nike del U.S Postal, el pelo rapado, sin casco (Cuando todavía se permitía no llevarlo) subiendo un puerto tras otro, tras cada Tour reventando sin excepción a todos sus rivales que eran muchos y muy buenos.

Doce años después, el panorama es poco alentador. El nivel del Tour es bajo, equipos que manejan con mano de hierro el pelotón y permiten que gane su jefe de filas. La ambición cada vez brilla más por su ausencia. Pero bueno, peor que eso aún es echar la vista atrás. Pantani y el Chava fallecieron hace tiempo y corredores como Zulle, Ullrich, Riis, Beloki, Kloden se han visto involucrados de una u otra forma en asuntos de dopaje con el paso de los años. Y ahora, ¿definitivamente también Lance Armstrong?

¿Por qué tira la toalla? En el mes de junio, la Agencia Antidopaje de EEUU (USADA) presentó cargos contra él entre los que se incluyen acusaciones por consumo de EPO, transfusiones de sangre, testosterona y corticoides entre los años 1998 y 2011. Sólo ha tardado dos meses en decidir no recurrir dichos cargos. Insisto ¿por qué? Sólo Lance lo sabe pero si hasta ahora, los testimonios y supuestas confesiones de personas vinculadas al ciclismo y a su entorno le dejaban en una sospechosa posición, su última decisión pilla a muchos por sorpresa y a otros no tanto. Quizá porque se ve entre la espada y la pared y su situación se ha vuelto insostenible. Vamos por partes.

La sombra del dopaje sobre Armstrong no es nueva. Los primeros ecos, aunque poco consistentes, proceden de su época en el equipo Motorola antes de que el cáncer le dejase con un 40 por ciento de posibilidades de supervivencia. De todo aquello no se sacó nada en claro. En todo caso, el principal frente de batalla para Lance siempre ha estado en Francia, en donde parece que no gustan los deportistas no nativos que ganan sistemáticamente sus competiciones más emblemáticas. El Diario L´Equipe le ha acusado de dopaje en repetidas ocasiones alcanzando sus cotas más altas en 2006 cuando afirmaron poseer muestras de orina que supuestamente confirmaban que en 1999 dio positivo por EPO (Hay que tener en cuenta que en aquellos años era imposible detectar esa sustancia). La Unión Ciclista Internacional intervino declarando la inocencia del americano afirmando que las pruebas realizadas en las muestras de orina se habían llevado a cabo de manera incorrecta y poco científica. También el Diario Le Monde ha publicado testimonios que confirmarían que Lance Armstrong se dopó en su época como ciclista.

Más recientemente, el resentido Floyd Landis, del que luego hablaré, en 2010 saltó a la palestra confirmando a diversas instituciones su dopaje sistemático durante años y de paso dejando otras perlas como el consumo constante de sustancias dopantes por parte de miembros del U.S Postal como Tyler Hamilton, George Hincapie o el propio Lance. Aquello puso sobre la pista a la USADA que inmersa en el Caso Balco desde el descubrimiento del THG que se llevó por delante a atletas de la talla de Marion Jones o Tim Montgomery, anda en su particular lucha contra el dopaje.

La situación actual se resume principalmente en aquello que dictamine la UCI en las próximas fechas. La Unión Ciclista siempre ha sido favorable a mantener la inocencia de Lance Armstrong. Sin embargo, la situación actual obliga sin duda a tomar una decisión que ya casi nadie discute y que supondrá como mínimo la desposesión de sus últimos dos Tour de Francia.

Continuará…

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