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Estampas de los 90 (II): Guilherme y el Rayo Vallecano toman el Bernabeu. Valdano enfila la puerta de salida

Cuando el Real Madrid echó a andar en el verano de 1995 no parecía que las cosas pudiesen tornarse a negro como finalmente se pintaron. No había motivo. La temporada anterior el Barça de Cruiff se había venido abajo tras un lustro de tiranía, la pareja Zamorano-Amavisca había deslumbrado durante toda la competición y había nacido un diamante en bruto llamado Raúl González. Se iba a jugar además la Champions por primera vez desde 1991. ¿Acaso podían ir mal las cosas?

Pues sí. Para empezar, aquel verano llegaron pocos fichajes, en esencia el trotamundos Miquel Soler, Juan Eduardo Esnaider que volvía a probar suerte en su segunda etapa blanca, y Freddy Rincón, un habitual de los listados de fichajes fracasados. Dicen que Ramón Mendoza avisó rápido a Valdano: “No hay un duro para fichar”. Quizá por eso, para cuando llegó septiembre, el gesto ya se había torcido. El Deportivo de La Coruña había empezado ganando el Teresa Herrera por 2-0 para después llevarse la Supercopa de España venciendo en ambos partidos: un duro 3-0 en Riazor y un 1-2 en el Bernabeu. En Liga, tocaba estreno a domicilio frente al Rayo Vallecano. ¿Tortura o bálsamo? Lo segundo. Antes de que los blancos tocasen fondo unos meses después, en Vallecas endosaron un 1-5 al Rayo recién ascendido a Primera División. La honra la puso Guilherme en el minuto 77. El brasileño se estrenaba en primera con gol. Extraña profecía de lo que iba a ocurrir más adelante. Sólo que todavía nadie lo sabía.

El Madrid patinó en casa en la siguiente jornada contra el Athletic, 1-2, y a domicilio en Champions contra el Ajax, en su primer partido oficial con el nuevo formato de la competición. Por si fuese poco, el Oviedo pintó la cara a los blancos en la tercera jornada, 2-3, no pudo con el Barça en el Bernabeu y el Valencia le endosó 4 goles en Mestalla. Apenas iba un mes de competición y en el Club de Concha Espina no vivían un sólo día de tranquilidad. Para colmo, el 19 de noviembre Ramón Mendoza dejaba la presidencia después de más diez años en el cargo, cansado de los continuos roces con Villar Mir y Lorenzo Sanz, a la postre su sustituto.

Como no podía ser de otra manera, 1995 terminó con otro bofetón tras la enésima derrota frente al Deportivo y hattrick de Bebeto en modo exhibición. Séptimos en Liga, y clasificados para cuartos de final de Champions como segundos de grupo. ¿Acaso podía empeorar la situación?

Por supuesto. El Madrid cogió algo de aire frente al Valladolid, pese a tener que remontar un gol inicial en contra. Pero el débil Mérida sacó un empate a 2 en la siguiente jornada. Mal asunto. Es entonces cuando Jorge Valdano terminó de entrar en el disparadero de pleno. Llegaba además el Espanyol en los octavos de final de la Copa del Rey, comandado por el ex madridista José Antonio Camacho, y que no había concedido oportunidad alguna al Madrid en el encuentro liguero previo. E iba seguir sin hacerlo. Jordi Lardín en modo killer enchufó tres goles para un 4-1 final en Sarriá que dejó al Madrid al borde de la eliminación, que se consumó, por supuesto, en el partido de vuelta pese a la victoria por 2-1. Lorenzo Sanz dijo de Valdano nada más terminar el encuentro: “Sigue teniendo nuestra confianza”. Menos mal que la tenía. Tres días le quedaban de sueldo…

Al Rayo Vallecano le habíamos dejado hace ya unos párrafos. Los blanquirrojos habían vuelto a Primera División tras un año en Segunda. Un equipo apañado en el que destacaban sobre todo, Aquino, el habilidoso Onésimo, Cota y Alcazar como dueños de la zaga, y Guilherme como el delantero de moda de aquellos años en Vallecas. La temporada en sí no fue un camino de rosas para el Rayo. De hecho, sorteó el descenso en la promoción con aquel mítico 2-0 al R.C.D Mallorca, remontando el tanto en contra de la ida. Pero antes de aquella noche mítica en el Teresa Rivero, tuvieron tiempo de darle otra a su afición, protagonizada por Guilherme y que supuso la patada definitiva a Jorge Valdano.

Guilherme celebra con Alcázar el segundo de los tantos anotados frente al Real Madrid. Foto MARCA

Era el 21 de enero de 1996, Jornada 22, con el Madrid séptimo en la tabla (el Rayo llegaba vigésimo en aquellos años de 22 equipos), una tarde fría y lluviosa con un Santiago Bernabeu desangelado a media entrada. Como venía siendo habitual, pitos nada más salir los jugadores blancos al terreno de juego… y gol de Guilherme al minuto de comenzar el encuentro. Mal tirado fuera de juego de la zaga que aprovechan el brasileño y Aquino para desbordar a Paco Buyo. Tuvieron suerte los jugadores del Madrid pues, antes de que la grada se pusiese más de uñas, Laudrup botaba una falta al área pequeña y Raul (quién si no en aquellos tiempos) remataba a gol anticipándose a la salida de Abel Resino. Mal menor el gol inicial del Rayo, debieron pensar. Pero no. El encuentro se atascó, se lesionó Amavisca, el público la tomó con Freddy Rincón, la tomó hasta con el mismísimo Redondo, la defensa sufrió en cada contraataque y, mediada la segunda parte, llegó el chasco final. Centro al área que Guilherme de nuevo, remata de primeras en una postura complicada. 1-2. El Rayo Vallecano hacía así historia con su primera y única victoria en el Bernabeu hasta la fecha y Jorge Valdano, junto a Ángel Kappa, su segundo, se refugiaban en el vestuario a la espera de un más que evidente veredicto sobre su futuro. Tras la lluvia de almohadillas y pañuelos desde la grada, unos pisos más arriba, Lorenzo Sanz, reunido con la Junta Directiva, dictaminaba su destitución, que comunicaron inmediatamente al argentino en una escueta reunión de apenas cinco minutos.

Finalmente, a las 21:00 horas Valdano comparecía en rueda de prensa anunciando su marcha. “Cuerpo técnico desvinculado” en sus propias palabras. Vicente del Bosque entró como interino durante una jornada hasta que Arsenio Iglesias se puso al mando de la nave. El bueno de Arsenio, que había decidido colgar las botas tras triunfar en el banquillo del Depor, llegó al Madrid ante la insistencia de Lorenzo Sanz. Y como era de esperar, se comió un buen marrón. Con el equipo deshecho: Luis Enrique haciendo las maletas rumbo al Barça, Raúl mosqueado por la destitución, Laudrup y Michel mirando hacia otro lado, Quique Sánchez Flores y Sanchís que no comulgaban con él, etc etc, el Brujo no pudo ejercer como tal. El Madrid no pasó de cuartos en la Champions frente a la Juventus, ni remontó en la Liga firmando un sexto puesto (el peor resultado desde 1977), fuera de Europa.

En este post que escribí hace un tiempo di mi visión personal, como inocente y joven aficionado, de aquel calvario de temporada, que empezó mal, se hundió en la lluvia del Bernabeu, ahogados por Guilherme, y no volvió a la superficie hasta que Fabio Capello tomó las riendas en el verano del 96. Bendito Rayo Vallecano, la que lió aquella noche fría de enero. Por cierto que algún día habrá que hablar sobre aquella permanencia agónica contra el Mallorca.

 

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