Puro romanticismo en el corazón de Leicester

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Hoy es un día bonito para el fútbol. En la era de los contratos millonarios, de los jugadores envueltos en glamour y portadas de revistas, parece que todavía nos queda un rayo de esperanza. Y es que esta Premier del Leicester es sin duda la Premier de todos. No es cuestión de pensar si, ahora que son campeones, es fácil ser de los Foxes, y no antes cuando penaban por no descender al Championship, sino de aferrarse a la idea de que el fútbol no es sólo dinero, mercado y poder.

Y no nos engañemos, los jugadores del Leicester no son pobres, ni el Club en sí tampoco, pero dentro de los parámetros de la liga más millonaria del planeta Tierra, lo que acaban de conseguir se convierte en algo que roza la épica. Sirva de ejemplo el Real Madrid que ha gastado 855 millones de euros en los últimos ocho años para lograr una Liga por los 43 millones gastados por los foxes en ese mismo periodo. La realidad es mucho más compleja que todo eso pero por cosas así cualquier aficionado al fútbol debe ser del Leicester, aunque sea por un día.

Es complicado además hacerse una idea de lo que supone este triunfo. Tan complicado que el único precedente real que se puede encontrar en el fútbol reciente es el del Hellas Verona de 1985, cuya historia maravilló a Italia haciendo frente a los mejores clubes de la época. Y es que, desde la creación de la Premier los patrones han estado siempre bastante definidos, de hecho tanto que, salvo el caso del Blackburn Rovers de 1995, el campeonato ha caído siempre en manos de los mismos equipos: Manchester United (13), City (2), Arsenal (3) y Chelsea (4). Es cierto que la Premier vive unos momentos extraños, quizá de depresión, con los grandes en horas bastante bajas, pero el Leicester ha sido campeón con 77 puntos con posibilidad de llegar a 83, lo que significa que está en la media de los campeones de otros años.

La ley del fútbol también nos dice que los jugadores que han destacado este año: Vardy, Mahrez, Kanté, Drinkwater etc… volarán del nido rumbo a clubes con ofertas más suculentas. O quizá no lo hagan, quien sabe. Lo bueno de algo así es que es único (no irrepetible, nada lo es en deporte). Los jugadores seguirán de celebración en casa de Jamie Vardy mientras Claudio Ranieri (ole y ole por él) aterriza de vuelta de su visita a la mamma. Habrá fiesta en una ciudad acostumbrada a éxitos pero en otros deportes, principalmente el rugby. Hoy, mañana, todo es felicidad porque todavía existen los cuentos de hadas. Hoy es el día del Leicester, del fútbol, de todos. Enhorabuena.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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