Cuando los caminos del fútbol se vuelven inescrutables

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“El fútbol no es justo”. Seguro que muchos atléticos llevan pensando en ello las últimas veinticuatro horas. Pensando en el “Otra vez”, en el por qué. Pensando en que van tres veces ya… dato que, por cierto, convierte al Atlético en el equipo con más finales perdidas de Champions sin haber obtenido un sólo título. Hace dos años fue un minuto fatídico con el cabezazo de Sergio Ramos cuando el partido agonizaba y, en esta ocasión, un palo, un miserable poste de diez centímetros,  preparado para destrozar la ilusión de miles de personas.

Pero, ¿qué es el fútbol? ¿Le debe algo el fútbol al Atlético de Madrid? ¿Se lo debe quizá al Real Madrid? Hay quien intenta sacar una respuesta casi científica a alguna de estas preguntas pero la realidad es que el fútbol es mil y un conceptos, algunos claros como el agua y otros enormemente difusos que más de uno creería que ni existen. Lo cierto es que ayer hubo ocasión para vaticinarlo todo, para decir que el Atleti clamaba venganza, para decir que los colchoneros merecían ganar por fin, para ver cómo el Madrid dominaba y subía el gol al marcador tras buenos minutos de juego, tiempo para ver cómo los blancos descendían mientras el Atlético subía peldaños, tiempo para ver cómo el larguero repelía el penalti de Griezmann en triste presagio de lo que iba a ocurrir minutos después. Tiempo para todo, vaya.

El Atlético fue fiel a su propia aura, un equipo rocoso que da la sensación de remar contra viento y marea siempre en una inferioridad que nunca es tal porque cuenta con una plantilla de una enorme calidad técnica. Lo intentó, y quizá lo mereció cuando Yannick Carrasco reventó la bola al segundo palo. Sólo podía ser así, con rabia, empotrando el balón en la red. Minutos antes Griezmann había fallado el primer match ball desde los once metros.

Pero el Real Madrid fue siempre el Real Madrid. Nadie sabe por qué se plantó en Milán. No tiene que ver que jugase las eliminatorias contra el octavo de Alemania o contra un Manchester City venido a menos. Los partidos hay que jugarlos, sea quien sea el rival. Tiene que ver con los genes de cada equipo. Nunca sabes por qué pero cuando llegan estas ocasiones el Real Madrid gana. Da igual que lo merezca, da igual que se lo hayan puesto fácil, da igual que haya sido un infierno, o que Zidane lleve sólo cinco meses en el cargo. Primero gana. y después puedes discutir lo que haga falta que el partido ya ha terminado y no va a cambiar de resultado. Después de varias eliminatorias sufridas y atropelladas contra rivales en teoría inferiores, después de una Copa del Rey de chiste y una Liga insulsa y decepcionante en muchos momentos, se plantaron en San Siro…..y ganaron. Ni siquiera Carrasco, ni siquiera Griezmann lograron torcer el gesto de los jugadores madridistas y cuando llegó la hora de la verdad no fallaron, no hubo error. Sea la divina providencia, sea suerte, mentalidad o calidad técnica, lo cierto es que Juanfran estrelló su disparo y que nadie más falló. Quizá la mística del fútbol no sean los merecimientos o las venganzas sino lo indescifrable que puede llegar a ser. Porque si fuese lo primero, la Naranja Mecánica sería campeona del mundo por poner un ejemplo.

En definitiva, ayer ganó el Real Madrid. Quizá no lo mereció, quizá el Atlético sí. Ya da igual porque es historia. Y dentro de trescientos sesenta y cinco días, habrá más. Y para entonces, ¿repetirán la ocasión? ¿Merecerá ganar por fin el Atlético? Y ¿por qué? Y… ¿por qué no?

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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