Las penas con Champions son menos penas, ¿no?

Cinco goles y a casa. Fácil y rápido pensó ayer el Real Madrid cuando en seis minutos pasó por encima del Basilea y sentenció el encuentro con un 4-0 que dejaba las cosas vistas para sentencia poco antes del descanso. Lo malo es que después llegaba la larga desidia. Y, ¿Antes? El chocolate espeso.

El Bernabeu, que hace tiempo que atraviesa un extraño desierto de desinterés, empezó haciendo lo que mejor sabe hacer últimamente: pitar a Casillas desde el minuto 2, cuando tocó el primer balón. Y de seguido entró en escena un Madrid como el habitual en estas fechas, sin mucha claridad en lo que busca o en lo que quiere hacer. Menos mal que al menos poco le duró el problema cuando Nacho recordó que, menos Arbeloa, suerte tienen los laterales del equipo blanco y tras un gran taconazo de James que vio perfectamente el movimiento, centró con la buena fortuna de convertirse en un bonito gol en propia meta. Desde ese momento, el equipo no fue ni grande ni pequeño. Simplemente recordó que juega contra un equipo de nivel inferior y si algo funciona en el Real Madrid, es el gol. No necesitaron demasiado, dosis de contraataque con buenos últimos pases y definiciones.

Pero nada más lejos de la realidad. Tan obvio resulta que la BBC genere goles como que un equipo formado por cinco Paolos Maldini no encaje ningún gol. Son demasiado buenos en ese aspecto. Hay que pulir otras cuestiones. El Madrid sigue siendo más largo que un día sin pan, con las líneas demasiado abiertas y que están generando un problema bastante grave: no hay intensidad defensiva. Ni mucha ni poca. Directamente no hay. Los jugadores se miran los unos a los otros con cara de: ve tú que no es asunto mio. Tal cual. Y esa intensidad es, primero, indigna de un Real Madrid y, segundo, inapropiada para un equipo que juega Champions League. Y el resultado de todo ello fue un Basilea cómodo y plantado en el campo, que tocó con espacios en los huecos en los que unos solitarios Modric y Kroos miraban desesperados arriba cómo Cristiano, Bale, Benzema, y un contagiado James de su poco rigor defensivo, se quedaban admirando el césped del área rival. Por detrás, la zaga igual, demasiado lejos para hacer la cobertura, y  para más inri, el alemán y el croata de pivotes, posición no natural para ellos. Con una cobertura así no es de extrañar que el Basilea, en tres pases y un control orientado, le hiciese un gol a los blancos. Todo con la ayuda de Sergio Ramos, demasiado adelantado a la defensa y Pepe y Marcelo llegando tarde a la cobertura.

La segunda parte fue una travesía por el desierto con un equipo desdibujado, a ráfagas, con el único fogonazo de la gran jugada hilada por Cristiano Ronaldo y Benzema, culminada por el francés que demuestra que cuando quiere, puede. Un equipo además que terminó por difuminarse del todo en los últimos minutos con la entrada de Illarramendi y Chicharito, ambos muy desconectados todavía. Y lo demás fue un sorprendente control y manejo del balón por parte del Basilea, con ocasiones de gol incluso, y paradón providencial de Iker incluido. Ilógico de un equipo pequeño jugando en el Bernabeu por muy abultado que sea el resultado. Y mientras tanto, la grada centrada en cuestiones nimias, absurdas, como la guerra silbidos/aplausos hacia Casillas, los silbidos a Ramos por querer tirar una falta y, en general, ajena completamente a que el noventa y cinco por ciento de los males de este equipo no están ahí.

Basel's Streller challenges for the ball with Real Madrid's Ramos, Pepe and Modric during their Champions League soccer match in Madrid

En serio, no es un problema de calidad intrínseca. El Real Madrid tiene un problema de mentalidad y de juego. El primero en este equipo se soluciona con insistencia y autoridad, única manera de modular las mentes de los jugadores de un vestuario tan complicado como el madridista. El segundo cuenta con el agravante de las incursiones que la presidencia tienen en el área deportiva. Y se resume fácil. Los agujeros del centro del campo se cubren: primero con un Xabi Alonso que mantiene ordenada y con criterio la medular. Ya no está. Segundo, con un jugador de ataque pero con un claro perfil defensivo cuando el equipo necesita replegarse con cierta velocidad, es decir, Di María. Tampoco está (Forzado a irse). ¿Alternativas? Pocas. Casemiro cedido en el Oporto, Khedira con el sambenito colgado de que en el Real Madrid no se le quiere (fantástico para su estado de ánimo), e Illarramendi, al que le han recordado tantas veces que está verde para este equipo, que ha terminado por creérselo del todo. ¿Solución? La que hay. Kroos y Modric reconvertidos en pivotes. ¿Y si no funciona? Pues puntos suspensivos…

Son dos serios problemas que debe corregir el Real Madrid si quiere aspirar a repetir los éxitos de la temporada pasada. Necesita centrarse, saber a qué jugar y, sobre todo, con quiénes debe jugar. En esa faceta Ancelotti debe recordarles que no hay nadie intocable, aunque lo cierto es que ese comentario genera cierta risa floja pero bueno, debería ser así.

Lo dicho, cinco goles, y en Champions, que siempre son más pintones, pero que enmascaran la realidad de este equipo que se presentaba ayer con una victoria en los últimos cinco partidos. ¿Casualidad? Las cotas del Real Madrid no admiten errores, así que no queda tiempo para probaturas. El Barça ya está a seis puntos y así es como empieza a perderse la Liga aunque solo vayan disputadas tres jornadas. Y lo mismo puede ocurrir en el resto de competiciones. Pero, por lo menos de momento, las penas en Champions son menores, como mínimo hasta el siguiente partido.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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