La mejor remontada en la historia de la NFL

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El pasado 3 de enero se cumplieron veinte años de la que es considerada la mejor remontada en la historia de la NFL. El encuentro se correspondía con el primer partido de playoffs y enfrentaba al segundo clasificado de la Conferencia americana del Este, los Buffalo Bills, contra el segundo clasificado de la Conferencia americana Central, los Houston Oilers. El estadio que acogía el mismo sería el de los Bills por haber tenido éstos un mayor registro de victorias en la temporada regular. Por otro lado, el ultimo antecedente de un partido entre ambos conjuntos era una victoria de los Oilers por 27 a 3 en el último partido de la temporada regular, eso sí, disputado en el Astrodome de Houston. Para añadir más heroicidad si cabe al partido, la lesión del quarterback titular de los Bills obligó a dar entrada al quarterback suplente, Frank Reich, número catorce,  que aparece de espaldas en la foto.

El partido pareció declinarse hacia el lado de los Oilers desde el principio. Ya en el primer drive, o posesión en lenguaje de fútbol americano, los Oilers manejaron muy bien el balón, traspasando la defensa de los Bills y llegando a la zona de anotación para dar los primeros puntos al equipo. El marcador se situaba en 7 a 0 para los Oilers. Tras un tímido intento de entrar en el partido por parte de los Bills, que conseguían un gol de campo que situaría el marcador en 7 a 3, el show de los Oilers se desataría. El quarterback Warren Moon destapó su arsenal de pases y fallaría únicamente 3 de los 22 que intentaría en la primera mitad. Llegaría a la cifra de 220 yardas y tendría la posesión 21:20 minutos de un total de 30 que duraría esa primera mitad. Con estos números lo lógico era que las anotaciones llegaran y así lo hicieron.

La primera anotación llegaba tras un pase de Moon al ala cerrada Slaughter, marcando el segundo touchdown del partido. El marcador era de 14 a 3. Posteriormente, otro pase de Moon, esta vez a Duncan, situaba el electrónico en 21 a 3. Otro pase más de Moon, aunque ahora a Jeffires, aderezado con un gracioso baile de celebración, ponía el marcador en 28 a 3. Así se irían los equipos al descanso. Tras la vuelta de los vestuarios, la puntuación de los Oilers se vería aumentada una vez más con una magistral devolución de intercepción de McDowell a un fallido pase de Reich. Las esperanzas de los Bills de continuar su camino en playoffs parecían truncarse, mientras las alegrías de los aficionados de los Oilers que se habían trasladado hasta Buffalo se desbordaban. Nadie daba un duro porque los Bills pudieran dar la vuelta al partido.

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En contra de lo que todo el mundo creía en ese momento, los Bills no se dieron por vencidos y comenzaron a mejorar su juego. En el siguiente drive, llevaron a cabo buenos pases por parte de Reich y buenas carreras de Davis moviendo las cadenas hacia adelante (en fútbol americano existen unas cadenas que se adelantan cada vez que se avanza diez yardas) para que finalmente el propio Davis pudiese marcar tras una carrera de una yarda. El marcador se situaba en 35 a 10. Los Bills comenzaron a creer en la remontada y volvieron a recuperar el balón tras una patada en corto, lo cual les permitió tener una rápida nueva posesión del balón (la patada en corto es una opción arriesgada en fútbol americano que permite intentar recuperar el balón y no tener que esperar una posesión del equipo contrario a riesgo de, si no se consigue, permitir al rival una situación más avanzada a la zona de anotación para comenzar su drive). En este nuevo drive, los Bills volverían a anotar, esta vez gracias a un pase de Reich a Beebe. El marcador se situaba en 35 a 17, y la diferencia era ahora de sólo la mitad.

Al mismo tiempo que la ofensiva de Buffalo se ponía las pilas, también lo hacia su defensiva. Así pues, la pelota le duraba a los Oilers muy poco tiempo y retornaba al mando de Reich quien, ya bastante motivado y creyendo en que era posible ganar el partido, demostraba una vez más su artilugio de pases, si bien también era ayudado por las carreras de Davis. De esta forma, tras un pase de 26 yardas para Reed, Buffalo conseguía su tercer touchdown del partido, estableciendo el electrónico en 35 a 24 y metiendo el miedo en el cuerpo de los jugadores de Houston. En el siguiente drive de los Oilers ese miedo se hizo notar y el safety de los Bills, Henry Jones,  intercepta un fallido pase de Moon, devolviendo esta intercepción a la yarda 23 de Houston. Inmediatamente después, los Bills se verían forzados a una cuarta oportunidad en la tesitura de patear un gol de campo, que solo les daría tres puntos, o intentar jugar el balón para alcanzar el primer down (en fútbol americano se poseen cuatro oportunidades y si no se consigue avanzar diez yardas el balón pasa automáticamente al otro equipo, por lo que el cuarto down es crítico). Sin embargo, Reich confió en sus posibilidades y decidió jugar el balón, mandando un pase providencial a Reed que acabaría con una nueva anotación. El marcador se situaba en 35 a 31. La distancia se había recortado de 32 a 4 puntos en tan solo 7 minutos.

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El final del partido sería todavía más alucinante. Los Oilers no querían dejar escapar un partido que, aunque se les había puesto muy de cara desde el principio, parecía torcérseles, y enlazarían una serie de jugadas que les situarían a escasas yardas de la anotación. Sin embargo, serian detenidos y forzados a intentar un gol de campo. La patada fue milagrosamente bloqueada por el jugador de Buffalo Montgomery y devuelta casi hasta la zona de anotación de los Oilers. En la próxima posesión Reich daría un nuevo pase a Reed para su tercera anotación del partido. Los Bills se ponían por primera vez por delante en el partido. Los Oilers no se lo podían creer (38 a 35). Aun así, no se darían por vencidos y sacarían su orgullo para alcanzar a los Bills en el marcador con una patada de gol de campo a segundos del final y forzando la prórroga. Cabe recordar que en la prórroga de aquel entonces el primer equipo que realizaba cualquier tipo de  anotación se llevaba el partido

La primera y vital posesión, para hacer más dramático si cabe el desenlace, era otorgada a los Oilers. Parecía que por fin podrían sellar el partido. Sin embargo, un pase de Moon ligeramente alto no alcanzaba receptor y acababa en las manos del defensivo Nate Odoms, consiguiendo así una nueva intercepción para los Bills a escasas yardas de la zona de anotación de los Oilers, lo que hacía presagiar lo peor para Houston. Y así lo fue. Los Bills no tuvieron más que centrar el balón para dar lugar a la patada de Christie que sentenciaba el partido y traía las pesadillas a Houston mientras hacía creer en milagros a la afición de Buffalo. Este es uno de los partidos más emocionantes que se recuerdan en la historia de la NFL y sin duda la mejor de las remontadas de la Competición

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