El día que un tipo saltó raro. Dick Fosbury

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El atletismo es para muchos la piedra angular de unos juegos olímpicos: Por tradición, por historia y aderezado por momentos increíbles (muchos, que dan para escribir bastantes lineas). Este sería uno más. En este caso, para poder entender completamente esta historia recomiendo ver primero el vídeo que se encuentra a continuación.

Lo se, no habéis notado nada raro. Lógico. Pero sólo decir que a partir de ese 20 de octubre de 1968 el salto de altura cambió para siempre.

Los Juegos Olímpicos de México dejaron algunos momento históricos del atletismo. En salto de longitud Bob Beamon desafió a la gravedad y antes de que se desatase una gran tormenta sobre el Estadio Olímpico, asombró al mundo con un salto increíble de 8,90 metros. Para comprobar tal hazaña, la plata fue para el alemán Klaus Beer con un salto de 8,19. En velocidad, Jim Hines paró el crono en los 100 metros lisos en menos de diez segundos por primera vez en todas la historia: 9,95. Y en salto de altura Dick Fosbury asombró al mundo con una nueva técnica de salto que le valió el Oro Olímpico.

Aunque pueda parecer extraño, en aquellos Juegos Olímpicos se introdujo un elemento que, pese a su obviedad, no había sido utilizado hasta entonces. La colchoneta. Hasta la fecha, el foso de arena esperaba pacientemente las caídas de los saltadores por lo que obviamente la técnica de salto quedaba muy supeditada al aterrizaje posterior. Nadie quiere competir a costa de dejarse la salud.

Lo cierto es que Richard Douglas Fosbury, más conocido como Dick, llevaba practicando su propia técnica de salto desde los dieciséis años al resultarle difícil imitar las técnicas convencionales de salto que se utilizaban en aquella época. A los veintiuno ya estaba totalmente perfeccionada y pronto recibiría el nombre de “Fosbury flop”. Su nueva técnica consistía en correr hacia el listón en dirección transversal y tomando una trayectoria curva, para una vez encarado el listón, saltar de espaldas al mismo con el brazo más próximo extendido y arqueando todo el cuerpo. Esta forma de saltar resulta más efectiva desde un punto de vista biomecánico, ya que permite dejar menos espacio entre el centro de gravedad del saltador y el listón a superar, con lo que se gana mayor altura.

En 1968, Fosbury ya comenzó a sorprender en los campeonatos universitarios estadounidenses donde se llevó el Título y posteriormente se clasificó para los Juegos Olímpicos ganando las pruebas de acceso. Aunque obviamente ya le habían visto competir con su técnica del “Fosbury flop”, todavía no había sido mostrada a los ojos del mundo. ¿El escaparate ideal? Las 70.000 personas del Estadio Olímpico  y las cámaras de medio planeta.

Fosbury optó por comenzar en 2,03 y los saltó sin problemas. La gente acababa de conocer de primera mano su revolucionaria técnica aunque como todo en la vida, había infinidad de escépticos que no confiaban en su efectividad. Dicho y hecho. Saltó a la primera 2,09, 2,14, 2,18, 2,20 y 2,22. Para cuando falló por primera vez un salto atacando los 2,24, ya se había asegurado la medalla de plata. Sólo su compatriota Ed Caruthers podía robarle el oro. Pero Dick seguía a lo suyo. Segundo intento sobre 2,24. Falla. Sólo le queda un intento, un intento que vale el oro, el Record Olímpico y la Marca Mundial del año. Entonces se prepara, mira fijamente el listón, aprieta los puños, se mentaliza, comienza la carrera, encara, salta, arquea el cuerpo y… ¡Lo consigue! ¡Ha saltado!

Un resultado realmente impresionante con una técnica nunca vista antes. Se quedó a cuatro centímetros del Record Mundial en manos del soviético Valery Brumel con 2,28.  Su técnica se extendió como la espuma y hoy en día nadie discute su efectividad. Fosbury por su parte, se retiró muy joven poco después al no clasificarse para los Juegos Olímpicos de Munich de 1972.

En verdad, no se le recuerda como el mejor saltador siquiera de su época pues posiblemente no lo era y sus marcas hoy día están ampliamente superadas (el Record Mundial se encuentra en manos del cubano Javier Sotomayor con 2,45 cm), pero lo cierto es que todas esas marcas se han realizado utilizando su técnica así que su contribución al salto de altura sigue siendo impagable.

1968 presentacio

DAVID ABELLAN FERNANDEZ

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