Pirlo y la singularidad del caballero del fútbol

Cuando Neymar remató a la Juventus en el agonizante descuento algo se rompió dentro de Pirlo. No es que las apuestas jugasen a favor de la vecchia signora pero el fútbol es así de inescrutable, como los caminos del Señor. Seguramente en el fondo él mismo tenía esa firme convicción de que serían Campeones de Europa y de que tendría el grandísimo honor de levantar la pulida copa. Pero la vida es así, el fútbol es así, Pirlo lo sabía y rompió a llorar.

Algo tiene el jugador italiano que encandila a propios y extraños. Las cámaras le buscaron desde el pitido final. No era el protagonista pero todo el mundo le vigilaba por el rabillo del ojo buscando su reacción que fue precisamente esa misma, lágrimas en los ojos, lágrimas que por algún motivo traspasaron a todos los aficionados que las observaron, culés incluidos. Pirlo es un jugador que llega a la gente de una manera distinta a lo que lo hacen el resto de jugadores. Pirlo es clase, Pirlo es elegancia, toda ella desprovista de otras emociones. No sabes si es simpático, arisco, miedoso o polémico, y te da igual pero sí que sabes que balón que pasa por sus pies, balón que llegará a su destinatario de forma milimétrica. Tiene ese algo que transmite, que seduce y que trasciende el fútbol. Si Pirlo se deja barba, no hay mejor barba que la suya ni una barba tan llamativa en Europa desde la que lució Sócrates en la Fiorentina de los ochenta. Todo en él es así, un mediatismo que ha generado oleadas de fans y ovaciones allá donde pasa. Además, divorciado, con dos hijas, y una vida privada que tampoco permite sacarle una sola pega. Intachable.

Con él llegó, como dicen muchos, el jogo bonito a Italia con su rol de centrocampista en el Milan y que posteriormente ha continuado desarrollando en la Juve. Ayer no entró demasiado en juego ni fue su mejor partido pero estuvo presente en la medular, tal y como se espera de él. Corre poco (treinta y seis años le contemplan ya) pero distribuye sin problemas y gestiona el balón con la seguridad de un estratega militar. Cuando Pirlo funciona, el fútbol lo hace a su alrededor. Buscaba poner el broche de oro a su carrera con otra Champions, la tercera, pero el honor se lo llevó la cuarta de Xavi Hernández, otro enorme merecedor del trofeo. La diferencia con el catalán es que hay Pirlo para rato el cual ha insistido en que todavía no tiene fecha fija para colgar las botas, algo que visto lo visto, es siempre una buena noticia.

El sábado pasado, las lágrimas del italiano en el césped berlinés fueron las lágrimas de miles de aficionados al fútbol. Simply Pirlo.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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