Jonny, Jonny…. Y mil veces Jonny Wilkinson

¿Quién demonios pensó que este chico estaba acabado? Vaya temporada lleva el bueno de Jonny Wilkinson. Hace ya un tiempo, en su enésima lesión, y era la número…. ¿cuál? dijo basta y cambió de aires. Abandonó el frío de Newcastle y se marchó mucho más al sur, a la Costa Azul. Le esperaba Toulon, el hogar del R.C Toulonnais, un extraño club de rugby “adquirido” hace menos de una década por Mourad Boudjellal, magnate francés del comic que lo ha convertido en su particular entretenimiento. Es algo así como el extinto New York Cosmos norteamericano sólo que sin Pelé, Neeskens o Beckenbauer. Más bien Giteau, Lobbe, Sheridan, Botta, Hayman, Michalak… Muchos de ellos en el ocaso de sus carreras deportivas (y demostrando día a día que están muy muy lejos de su retirada). Sea como fuere, la batuta, el timing de Toulon lo lleva como no podía ser de otra forma Jonny Wilkinson: placa, dirige, coloca y tira a palos como si el pateo lo hubiese inventado él. Y tiene ya casi 34 años.

Toulon, un equipo en Pro D2 (Segunda división) con graves problemas económicos ha pasado a estar en lo más alto, aspirante al Top 14 francés y flamante finalista de la Heineken Cup, la Champions League del rugby. Y todo gracias en buena medida a Wilko que nos dejó en la vuelta de las semifinales frente a los Sarracens una estampa que removió los cimientos del rugby inglés. Los Sarries jugaban en casa, en el templo de Twickenham, el partido de vuelta. Aspiran a todo porque son a día de hoy el mejor equipo británico con permiso de Leicester y la batuta desde el puesto de apertura la lleva en la mano el jovencísimo Owen Farrell: 21 años y físico portentoso, 1.88 m y 96 kg. En Inglaterra, ávidos de encontrar un nuevo Jonny que tome las riendas del XV de la Rosa, han fijado sus miras en él. No hay duda para muchos, es el sustituto natural, el nuevo Wilkinson. Una losa de responsabilidad que se dibujó en su cara hace menos de dos semanas. Pero claro, ¿qué se puede esperar de Farrell? Es un crío, tiene que crecer y desarrollarse como jugador. Cuando Jonny debutó como titular en Inglaterra se llevó 76 puntos contra Australia, una derrota bochornosa en la Cook Cup que todavía escuece en las Islas.

La cuestión es que el morbo estaba servido. Ambos frente a frente en un mismo estadio, la casa del rugby inglés y hogar de Wilkinson durante mucho tiempo. El partido lo manejó Toulon a la perfección, sin más. Y la imagen llegó en el minuto 73, Toulon forma un maul a la salida de una touch y avanza pegado a la banda. Cuando ven que no avanza abren el juego y el oval llega a Bastareaud que percute y gana unos metros cruciales, nueva apertura, nuevo ruck y…. pase a Wilkinson. El partido está 12-18 así que con tres puntos más Sarracens se quedará virtualmente sin tiempo de remontar el marcador. Por tanto, lo dicho, pase a Jonny que recibe, se zafa perfectamente del placaje de…. Owen Farrell y chuta a palos. Se produce entonces una imagen que me parece bellísima, digna de lo que es el rugby y que tanto aprecio.

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Lo he tenido que ver varias ocasiones y por cierto, no hace falta decir que el drop pasa entre los palos. Responsabilidad-pie-Wilkinson es un trinomio que nunca falla. Farrell y Wilkinson caen al suelo y miran fijamente cómo vuela el oval, vuela, vuela y el gesto de desesperación de Owen… simplemente impresionante. Jonny le acaba de ganar en su Estadio (otrora el suyo), ante su gente así que siente que no puede hacer más que hundir la cabeza en el hombro de Wilko presa de la más absoluta frustración. Wilkinson sin embargo le da unas palmadas paternalistas en el hombro, un gesto de alguien que no ha pretendido ofender a nadie. Sólo hay consuelo y respeto, pero el 10 sigue siendo el 10, y no hay lesión ni edad ni contratiempo que lo impida.

 

Por cierto que aprovechando esa bella estampa pude ver el otro día la otra cara de la moneda para el pobre Wilkinson en el partido de liga que su equipo disfrutaba frente a Agen. El partido en sí era franco para Toulon pero Jonny se buscó mal rival para intentar percutir: Opeti Fonua, un angelito tongano de 146 kilos de peso y casi dos metros de estatura. Creo que el vídeo se explica por sí sólo así que no hace falta comentar mucho más. Daros cuenta también que Fonua se lleva puestos también a David Smith y a Daniel Rossouw. Madre mía qué portento físico. Al menos Wilko no tuvo que lamentar ninguna lesión.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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