Aquellos maravillosos años 90

Ay… Aquellos maravillosos años 90. Tampoco voy a engañar a nadie, entonces yo era más bien un crío, un chaval que jugaba con clicks de Playmobil y no viví aquel fútbol en su total plenitud, por lo menos no hasta que tuve cierta edad.  Pero sí recuerdo por ejemplo la primera vez que fui a un estadio de fútbol allá por 1994, el Santiago Bernabeu, y también recuerdo que era un Real Madrid – Mérida de Liga, que ganaron los blancos 4-0 y que supuso la despedida de Michel como jugador madridista.

Pero en todo caso, muchos podréis recordar algunos de los momentos que he rescatado en este pequeño post, sobretodo ahora que con Youtube y portales de vídeo similares, se puede acceder a casi cualquier contenido, por muy antiguo y olvidado que parezca. Aunque tienen más o menos gracia o son más o menos serios, todos crecimos deportivamente con ellos y los hemos comentado en alguna ocasión.

La peculiar forma de defender de Michel

“¡Michel, Michel, maricooon!” Cuántas veces se pudo escuchar ese cántico en los estadios de primera división españoles. Hasta la saciedad. Soniquete que por cierto heredó Guti con el paso de los años y que tiene su curioso origen en un partido de liga de un lejano 8 de septiembre de 1991.

Aquel día se enfrentaban en el Bernabeu Real Madrid y Valladolid. El encuentro acabó 1-0 sin demasiada historia que contar excepto por una increíble estampa que se produjo en un saque de córner. Carlos Valderrama, emblemático jugador colombiano de inconfundible aspecto físico con su espectacular melena rizada rubia (que aún hoy luce) sube a rematar y Michel, mítico miembro de la “Quinta del Buitre” opta por una peculiar forma de descentrar a su rival: tocarle los genitales. Una vez y luego otra ante la mirada incrédula de Valderrama que finalmente opta por “ofrecerse” ante la insistencia del jugador madridista. La gracia le costó a Michel su hombría en los terrenos de juego y 500.000 pesetas de multa por conducta poco decorosa.

Jesús Gil en estado puro

Si hubo un personaje estrella que marcó el fútbol de aquella época, principalmente fuera de los terrenos de juego, ese fue Jesús Gil, el polémico ex Presidente del Atlético de Madrid y ex alcalde de Marbella. Era más bien complicado no verle montar algún lío con su verbo fácil, su “excesiva sinceridad” y en general sus malos modos. Eso si no andaba metido en líos con la justicia española en donde tenía siempre unos cuantos frentes abiertos.

La verdad que este vídeo se explica por sí solo pero para aclararlo bien del todo, la bronca se produce entre el propio Gil, el presidente de la S.D Compostela José María Caneda (el hombre moreno repeinado) y José González Fidalgo, gerente del club gallego y quien recibe el puñetazo inicial. Todo viene porque unos días antes Caneda había dicho ante los medios de prensa que los votantes de Marbella que habían votado a Gil eran “tontos” lo cual, como se ve, no le sentó nada bien. Así que, con ese panorama, el 9 de marzo de 1996, a la entrada de la sede de la L.F.P, en Arturo Soria, Madrid, aprovechando que se reunían los equipos de Primera División para tratar algunos temas principalmente los ingresos televisivos y la reducción de 22 a 20 equipos en la categoría, se lió la mundial.

El cruce de declaraciones se mantuvo después de la reunión. Caneda consideró premeditada la agresión de Gil. “Me estaba esperando. Se ha aprovechado de que va rodeado de guardaespaldas. Pero ¿qué voy a hacer si me espera con pistolas? Si voy con metralletas, se arma la de Dios”. El presidente del Compostela aseguró que pidió disculpas, pero no a Gil. “El fútbol español es algo más que el esperpento que se ha vivido hoy [por ayer]. Sería ridículo dar la mano a Gil, que, tras la agresión, siguió envenenando la reunión”.

El presidente del Compostela indicó, además, que el hijo de Gil le pidió que no fuesen al juzgado a denunciar los hechos y que después hablarían. “Todo tiene arreglo, pero hay que dejar pasar el tiempo. Tengo que pensar si denuncio o no los hechos en el juzgado. No quiero ir con pistolas, pero tampoco que nadie me marque el paso. ¿Cómo parar a Gil? Como lo hago yo. No amilanándose. Nadie me va a meter en el hoyo por la fuerza”

Una portería de Champions

Esta historia viene al pelo esta semana con la semifinal de Champions, una reedición de la disputada en 1998 entre Real Madrid y Borussia Dortmund. Si el Borussia actual parece buen equipo, aquel era una verdadera máquina: Michael Zorc, Chapuisat, Matthias Sammer, Andreas Moller, Jurgen Kohler… Casi me lo se de memoria. Y el Madrid de Heynckes (hoy en el Bayern), aquel equipo que caminaba con paso firme a por la Séptima, que finalmente lograría con el célebre gol de Mijatovic frente a la Juventus de Turín.

Pero para llegar ahí tuvieron primero que pasar una dura semifinal de Champions que, desde luego, les puso las cosas difíciles a los blancos, tanto dentro como fuera del campo. En el partido de ida, disputado en el Bernabeu el 1 de abril de 1998, cuando el colegiado holandés Van der Ende va a dar el pitido inicial advierte que algo no marcha bien. Más bien ocurre algo surrealista que por poco casi suspende el encuentro. La portería del fondo sur se ha venido literalmente abajo. Los Ultras Sur se han encaramado a las vallas de protección donde está anclada la portería y éstas han cedido por el peso de los aficionados tirando todo el conjunto al suelo. Un hecho lamentable que casi le cuesta un disgusto al Real Madrid.

Pero la aventura no termina ahí. Resulta que en el Bernabeu no había ninguna portería de recambio y ahí surge el héroe de esta historia, y que aparece en el vídeo, Agustín Herrerín, ayudante del delegado de campo que tuvo que vivir una auténtica odisea para conseguir una portería nueva.

Mientras tanto, los jugadores se habían marchado al vestuario por orden del árbitro a la espera de una solución. Y dicha solución se encontraba a dos kilómetros de allí, en la antigua Ciudad Deportiva en el Paseo de la Castellana. Herrerín salió pitando en su coche con la intención de llevarse una portería de entrenamiento al Estadio pero resulta que al llegar allí no le abre nadie. Ni corto ni perezoso, saltó la valla de seguridad, se rompió incluso los pantalones y dentro se encontró a un camionero que estaba cenando. A cambio de 85.000 pesetas de entonces, consiguió convencerle para trasladar en su vehículo una de las porterías de entrenamiento.

Y por si los problemas no fuesen pocos, la portería casi no cabía por los túneles de acceso al césped del Estadio. Pero al final fue instalada. Van der Ende probó los anclajes y cuentan que la portería se tambaleó, pero cansado de la situación y de la presión de los miembros del Dortmund, que pedían la suspensión, decretó el comienzo del partido, más de una hora después de lo previsto, y que terminó con victoria 1-0 para el Real Madrid.

“Rafa no me jodas”

Es posiblemente, o seguro, la frase más famosa jamás dicha por un árbitro en España. Y eso que, para colmo nunca se pronunció, por lo menos no con esas palabras. Aquel famoso “Rafa no me jodas” que quedó inmortalizado por las cámaras de Canal Plus que se encontraban en la Romareda siguiendo el encuentro del Campeonato nacional de Liga entre Zaragoza y F.C Barcelona de la Temporada 96-97 que terminó 3-5 para los catalanes. En concreto, la polémica jugada suponía el empate a tres goles, transformado de penalti por Gica Popescu.

Los protagonistas, Mejuto González, que por entonces casi se estrenaba en Primera División, (lo había hecho un año antes) y Rafa Guerrero, desde entonces el linier más famoso de España. El bueno de Rafa se come el piscinazo de Fernando Couto que claramente se deja caer en el área contraria por un pequeño manotazo del ex madridista Jesús Solana. Y lo que es peor, con el barullo se equivoca de jugador zaragozista y pide la expulsión del seis, Aguado, cuando la acción había sido protagonizada por el propio Solana. En definitiva, un lío. Mejuto, árbitro de aquel encuentro, no ve nada y tiene que consultar con su asistente (con buen criterio, las cosas como son), Rafa Guerrero que, a juzgar por su cara, no debe tenerlo tampoco muy claro. Tanto como que pide penalti, que no lo es, expulsión, que tampoco es merecida, y encima al jugador equivocado, Xavi Aguado, que se marcha cariacontecido a los vestuarios.

Las caras de los jugadores del Zaragoza son un poema, y con razón. Hasta el propio Solana le confesaba al linier que no había sido Aguado. Pero bueno, finalmente penalti y expulsión. Todo un clásico de nuestro fútbol.

O Baixinho manda en el Camp Nou

Por último cierro este artículo con un regate clásico que he visto y han repetido hasta la hartura: la “cola de vaca” de Romario a Rafa Alkorta. El pobre todavía está buscando su cintura en el Camp Nou.

En ese momento Romario demostró en aquel partido que era uno de los mejores delanteros del mundo. Y no sólo por el espectacular regate sino por el gol, y en general, por el hattrick que le marcó al Real Madrid en aquel partido de la Temporada 93-94 de doloroso recuerdo blanco con una inapelable victoria por 5-0 en el año de la última liga de Cruyff.

No es que el jugador brasileño inventara la “cola de vaca” pero sin duda la puso de moda en todo el mundo.

DAVID ABELLÁN FERNÁNDEZ

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