Gabrielle Andersen-Scheiss. Un ejemplo de superación

gbandersen

Eran los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. La prueba que se estaba celebrando era la maratón. La ganadora de aquella prueba fue la estadounidense Joan Benoit. Sin embargo, pasadas 5 horas y 44 minutos apareció en el Estadio Olímpico de Los Ángeles la figura de una atleta de dicha prueba que se encontraba visiblemente cansada. Se tambaleaba de manera dramática acusando gravemente el esfuerzo realizado. El calor que se cernía sobre la ciudad ese día era asfixiante. A eso hay que sumarle que sufría un calambre en su pie izquierdo que le venía dando problemas para andar desde los últimos 200 metros. En aquella época estaba prohibido que los concursantes fueran asistidos por médicos en mitad de la carrera o de lo contrario eran descalificados. La atleta lo sabía y, a pesar de ser requerida en numerosas ocasiones por los médicos que la seguían incrédulos durante los últimos metros de la prueba, incluso llamándola con altavoces para que parase y fuese atendida, ella no pretendía hacerlo pues conocía el fatal desenlace que esto tendría a tan pocos metros de la meta.

La atleta en cuestión se llamaba Gabrielle Andersen-Scheiss y era nacional de Suiza. Tenía en aquella fecha 39 años y se situaba en el puesto 37 de un total de 49 atletas que habían comenzado la prueba. Sin embargo, como más tarde ella misma señalaría, esta sería la última oportunidad que tendría para finalizarla dada su avanzada edad. El problema radicaba en que esta era la primera vez que se disputaba la maratón femenina y por lo tanto, Andersen no había tenido nunca la oportunidad de competir en la misma con anterioridad. El público asistente ese día no pudo contener la emoción al verla entrar y se puso inmediatamente de pie para agradecerle el esfuerzo realizado y alentarla a llegar a la meta final de la cual distaba solamente de pocos metros.

Los jueces y médicos la seguían y observaban en el césped junto a la gravilla en donde se arrastraba hasta la meta el débil cuerpo de Andersen, quizás preparados para que esta se desvaneciera en cualquier instante. Sin embargo, con una ovación que superó incluso a la otorgada a la ganadora de la prueba, Joan Benoit, Gabrielle Andersen-Scheiss cruzó la meta e inmediatamente se desvaneció en los brazos de los médicos y fue trasladada al hospital más cercano, en donde, tras varias pruebas, pudo recuperarse y volver a casa. Tras ser entrevistada con posterioridad a esta hazaña, la propia Andersen señalaría que no pensaba en otra cosa que no fuera en terminar aquella prueba, a pesar de que su cuerpo se encontraba en un estado muy deteriorado.

Con posterioridad a las imágenes que nos ha dejado Gabrielle Andersen, la Federación Internacional de Atletismo (I.A.A.F) promulgó una normativa que lleva su nombre, en la cual se  determina que los atletas pueden recibir asistencia médica mientras se lleva a cabo dicha prueba sin ser descalificados. Desde luego que la actitud de Gabrielle Andersen de no tirar la toalla aún en las circunstancias más desfavorables es un gran ejemplo de superación que merece ser alabado y recordado. Andersen puede decir con orgullo que consiguió terminar la prueba de maratón en unos Juegos Olímpicos.

ANDER JAVIER AGUIRRE CARRION

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