Tres cuartos poniendo a prueba a la Selección Azzurri

Que no se mosquee el lector, no hay ningún tipo de rencor o malicia hacia la Selección italiana de rugby. Al contrario, pero una serie de casualidades han traído a la mente del que escribe tres ensayos encajados por los Azurri en los últimos años que más que por demérito suyo tienen un valor enorme por la calidad de los jugadores que los han conseguido. Continue Reading

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All Blacks – Barbarians. El día que el rugby escribió su nombre con letras de oro

 

Kirkpatrick to Williams. This is great stuff! Phil Bennett covering chased by Alistair Scown. Brilliant, oh, that´s brilliant! John Williams, Bryan Williams. Pullin. John Dawes, great dummy. To David, Tom David, the half-way line! Brilliant by Quinnell! This is Gareth Edwards! A dramatic start! What a score!!…..Oh that fellow Edwards…If the greatest writer of the written word would´ve written that story no-one would have believed it. That really was something.

Cliff Morgan, comentarista de la BBC casi no se lo cree y casi se deja la voz narrando el ensayo. El Estadio ruge como si hubieran ganado un título mundial. Igual sí. Estamos en Arms Park, en el mismo corazón de Cardiff, Gales. Tal vez por eso las piezas van encajando poco a poco.

Es un frío 27 de enero de 1973, los Barbarians F,C acaban de fabricar un ensayo de una calidad incuestionable que ha dejado hecha añicos la defensa de los All Blacks. Y sólo es el principio de lo que muchos consideran el mejor partido de rugby de todos los tiempos. Los All Blacks, la Selección de rugby de Nueva Zelanda no necesitan demasiada presentación. Como es costumbre entonces, y ahora, se encuentran en Europa de gira y como suele ser habitual, llevan veintisiete partidos desde mediados de octubre del año anterior y han ganado veintidós de ellos. La Selección de Irlanda les sorprendió una semana antes con un empate a 10 en Lansdowne Road y sólo resta este partido del que hoy hablo, y que pasará a la historia dejando una huella imborrable en la retina del aficionado antes de que los All Blacks pongan rumbo a Francia y terminen allí su extensa gira.

Los Barbarians F.C por su parte, son un invento del rugby de antaño con sabor añejo que existe desde 1890. Es un equipo al que sólo se accede por invitación en base a las cualidades demostradas dentro y fuera del campo por lo que no juega cualquiera. Y a decir verdad, los equipos que convoca son de una calidad espectacular.

Por ello, volviendo a las gradas del viejo y hoy día demolido Arms Park, ¿Por qué la grada jalea el ensayo que Cliff Morgan acaba de narrar hasta casi quedarse sin aliento? En mi post sobre la Haka de los All Blacks no dudaba en considerar a la Selección de Nueva Zelanda como la mejor selección de rugby de la historia salvo honrosas y esporádicas excepciones. Bien, una de ellas es Gales. El XV del Dragón de principios de los 70 era una Selección impresionante. Dicen los expertos que de haberse celebrado mundiales desde esas fechas, posiblemente Gales tendría uno o puede que más. Por eso, era imposible que los Barbarians dejasen pasar la oportunidad de reunir a la columna vertebral de esa gran Selección para armar un equipo digno de acabar con los mismísimos All Blacks. Y para conseguirlo, algunos de los mejores jugadores galeses de la historia: John Peeter Rhys (J.P.R) Williams, Phil Bennett y el autor del ensayo, Gareth Edwards.  Y para ratificar el poder de la Tierra del Dragón: Derek Quinnell, John Bevan, Tom David y el capitán John Daves. Siete titulares galeses en los Barbarians, siete insolentes patilludos de pelo largo a los que les sobraba calidad suficiente (junto con el resto del equipo por supuesto) para infligir  sin tapujos ni medias tintas una de las derrotas más sonadas de los All Blacks en su historia. Los galeses mismos querían desquitarse además de la derrota sufrida frente a ellos unos meses antes, el 2 de diciembre de 1972 por un escueto 16-19. Y la grada lo entendía también así.

En general, el partido estuvo a la altura del honor que merece de ser el mejor nunca visto por la retina del aficionado. La endiablada velocidad del juego de los Barbarians junto con el saber hacer de los All Blacks produjeron sobresalientes jugadas como los dos ensayos logrados por el ala neozelandés Grant Batty. El ritmo fue frenético, digno de la calidad de sus jugadores. Hay que tener presente que en aquella época los ensayos todavía valían 4 puntos, no se permitía elevar al jugador (hacer el ascensor) en los saques de touch y la melé no se encontraba reglaba como ahora en las fases que dicta el referee.

Por los Barbarians jugaron, además de los ya nombrados, Mike Gibson (Irlandés de Ulster), David Duckham (inglés), Ray McLoughin (Irlandés de Connacht), John Pullin (Inglés), Sandy Carmichael (Escocés), Willie John McBride (Irlandés de Ulster), Bob Wilkinson (Inglés) y Fergus Slattery (Irlandés de Leinster).

Por Nueva Zelanda jugaron Joe Karam, Bryan Williams, Bruce Robertson, Ian Hurst, Grant Batty, Bob Burgess, Sid Going, Graham Whiting, Ron Ulrich, Kent Lambert, Peter Whiting, Hamish Macdonald, Alistair Scown, Alex Wyllie y el gran capitán de aquella Selección, Ian Kirkpatrick

El resultado final fue de 23-11 para los Barbarians F.C. Sandy Carmichael y J.P.R Williams sacaron a hombros a Ian Kirkpatrick, capitán All Black, nada más finalizar el partido. Gesto noble cuya razón de ser se debe exclusivamente a ese código de honor que posee el rugby y lo hace un deporte tan especial, característico y diferente. Era su recompensa por un trabajo bien hecho. Da igual ganar o perder.

Por cierto que no me quería dejar a Cliff Morgan, comentarista y narrador del partido y, qué curiosidad, veintinueve veces internacional por Gales entre 1951 y 1958. Ese triunfo también lo sentía como suyo. Al igual que Arms Park, Cardiff y por extensión, toda Gales.

El día que el rugby escribió su nombre con letras de oro.

DAVID ABELLAN FERNANDEZ

Cuando el rugby se convirtió en algo más. La haka All Black

Son el orgullo de una nación. La expresión perfecta de que el rugby es más de lo que se ve. De que es muchísimo más que eso. Es un color que inspira muchos sentimientos: temor, respeto, admiración. El color negro, el negro más absoluto, según dicen para guardar luto por su rival. Y un símbolo, el helecho plateado en el pecho. Muchas, muchas defensas han retrocedido impotentes frente a su avance. Se trata de los All Blacks, la Selección de rugby de Nueva Zelanda, el mejor equipo de rugby del mundo y presumiblemente de la historia del deporte oval salvo honrosas y esporádicas excepciones.

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Jonny cogió su fusil. Un drop, un Mundial

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Se lo debían. Estas heridas escuecen y tardan en sanar. Por eso, hace ya dos horas que el God Save the Queen sonó en el Telstra Stadium de Sidney y los 82.000 espectadores tienen la garganta afónica de gritar. Martin Jonhson, el capitán de Inglaterra lo tiene claro. Neil Back saca el oval de un ruck y Martin sabe que tiene que ganar metros. Recibe y trata de avanzar pero Jeremy Paul es más rápido y le frena con un buen placaje a los pies. Faltan quince metros para el ensayo. Los backs de Inglaterra llevan varios segundos formados convenientemente: Josh Lewsey, la bala Jason Robinson, Mike Catt, Will Greenwood y Ben Cohen. Pero todos saben que no van a recibir ningún balón, no les toca a ellos. Australia también lo sabe pero nada puede hacer, no puede romper la línea del fuera de juego. Quién sabe. Está lejos, tal vez falle, pensarán. Pero no. Jonny Wilkinson lleva 110 puntos en todo el Mundial, todos ellos con el pie. Que nadie espere que falle, no lo hará.

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