Milagro sobre el hielo

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Una de las mayores hazañas que se recuerdan en el deporte tuvo lugar el 22 de febrero de 1980 en Lake Placid, Nueva York, durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno del año 1980. Es importante recalcar el contexto histórico en el que tuvo lugar esta hazaña, que no es otro que el trasfondo político de la Guerra Fría en especial ebullición debido al hecho de que el gobierno de Breshnev había llevado a cabo una invasión sobre Afganistán apenas unas semanas antes de la celebración de estos Juegos, lo que había dado paso a que el gobierno de Jimmy Carter anunciara que boicotearía los Juegos Olímpicos de Verano que iban a celebrarse en Moscú sólo unos meses después. Por si fuera poco, el equipo de la Unión Soviética se presentaba en los Juegos Olímpicos como vigente campeón en esta modalidad desde 1964, además de ostentar recientemente una superioridad incontestable sobre el resto de equipos. Tanto es así que sólo un año antes de la celebración de los Juegos Olímpicos, el mismo combinado soviético se había enfrentado a un equipo de estrellas de la Liga Norteamericana de Hockey (NHL) y las había derrotado con un contundente marcador de 6-0.

A pesar de que en los Juegos Olímpicos no estaba permitido utilizar deportistas profesionales, el régimen de Breshnev financiaba a los equipos que participaban en estas convocatorias y la edad de los jugadores era bastante avanzada a comparación con el resto de países. Así, jugadores del equipo de la Unión Soviética como el histórico guardameta, considerado el mejor en esa época, Vladislav Tretiak, que acudía a la cita con dos oros olímpicos a la espalda y con 28 años de edad, o el atacante Valeri Kharlamov, quien acudía también con dos oros olímpicos y con 32 años de edad, aventajaban con mucho a los jugadores del resto de países, en especial a los Estados Unidos que acudía a esta cita con jugadores universitarios, no mayores de 22 años, salvo algunas excepciones como el capitán  Mike Eruzione, quien con 25 años de edad, no había sido drafteado por ningún equipo de la NHL, debiendo retirarse al año siguiente. Al frente de este equipo poco experimentado estaba Herb Brooks, ex jugador de la selección norteamericana en dos Juegos Olímpicos, y entrenador de la Universidad de Minnesota en la década de los 70, en donde había conseguido tres títulos de la Asociación Colegial (NCAA). Este entrenador fue una pieza importante en la consecución de este logro puesto que llevó a cabo técnicas muy duras de entrenamiento, tanto física como mentalmente. Antes de la celebración de los Juegos Olímpicos, se llevó a cabo un partido de preparación entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en el cuál no hubo opción para los norteamericanos, quienes perdieron por un contundente marcador de 10-3. El entrenador Brooks comentó antes del inicio de los Juegos Olímpicos que poder obtener el bronce sería un magnífico logro para el equipo.

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El torneo se dividía en dos grupos, quedando Estados Unidos encuadrada con Suecia, Checoslovaquia, Noruega, Rumanía y Alemania. El primer partido contra los suecos fue complicado, pero un gol de Bill Baker en el último minuto daría el empate a Estados Unidos. El siguiente juego lo vencerían por un marcador de 7 a 3 ante los checoslovacos. Posteriormente vencerían a Noruega, Rumanía y a Alemania para pasar de grupo, a Alemania incluso le remontarían un marcador adverso de 4 a 2 para alzarse con la victoria. La Unión Soviética por su parte había vencido en sus cuatro duelos, aunque habían tenido que venir de atrás para ganar sus duelos contra Finlandia y Canadá, sin embargo, esto no parecía una señal de preocupación para el experimentado equipo soviético. Tras estos partidos, se clasificarían a la fase final Estados Unidos, la Unión Soviética, Finlandia y Suecia, en un grupo donde se enfrentarían todos contra todos y el campeón saldría de la mayor puntuación obtenida en estos enfrentamientos. El primer partido encuadraría a Estados Unidos y la Unión Soviética.

El partido fue trepidante desde el inicio. El primer tanto fue obra de Vladimir Krutov, adelantando a los soviéticos. Sin embargo, este fue contrarrestado por un tanto de Buzz Schneider cinco minutos más tarde. Sergei Makarov volvió a adelantar a los soviéticos y, con sólo segundos para llegar al final, el experimentado guardameta Vladislav Tretiak cometió un fallo al no detener completamente un disparo de Dave Christian y dejar el puck muerto cerca de la portería para que Mark Johnson, ante la atónita mirada de los defensas soviéticos, que estaban pensando más en el final del primer tiempo que en despejar el puck, marcara a placer el empate a dos. La jugada fue analizada por los árbitros para conocer si el tanto se había llevado a cabo con tiempo en el reloj y, tras una ardua deliberación, y mientras los jugadores esperaban el veredicto en el túnel de vestuarios, se llegó a la conclusión de que el tanto había sido legal. Ambas escuadras tuvieron que volver al hielo a realizar el cara a cara, o face-off, y gastar así los últimos segundos de tiempo que quedaban por jugarse. Para sorpresa de los aficionados, Tretiak no saltó al hielo a disputar estos últimos segundos y, aunque pensaron que esto sólo lo hacían los soviéticos para no perder tiempo de descanso, resultó a la postre que el entrenador había decidido sentar en el banquillo a su laureado portero para dar entrada al joven Vladimir Myshkin, como castigo a Tretiak por su error en el segundo tanto estadounidense. Lo lamentarían a la postre.

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En el segundo tiempo parecía que la Unión Soviética había espabilado puesto que salió desde el principio con sus jugadores de mayor talento como el joven Vladimir Krutov o el experimentado Boris Mikhailov y consiguió ponerse por delante una vez más en el marcador de manera rápida, tan sólo 2:18 segundos tras comenzar esta segunda parte. Por su parte, los estadounidenses tan sólo realizaron en este periodo dos tiros a puerta. Sin embargo, fueron capaces de aguantar el asedio soviético en especial gracias a su portero Jim Craig, quien realizó varias paradas de gran nivel y no permitió que la ventaja se ampliara, lo cuál hubiese supuesto un golpe moral del que posiblemente el joven equipo norteamericano no se hubiese levantado.

Con este resultado favorable a la Unión Soviética se llegaba al último y definitivo tercer periodo. En este, el entrenador Brooks decidió explotar una de las principales armas que tenía el equipo, la velocidad. Sobre el hielo, la Unión Soviética mantenía a sus jugadores de edades más avanzadas, como Kharlamov y Mikhailov, mientras que los jóvenes jugadores de Estados Unidos podían utilizar su velocidad para atravesar la defensa experimentada pero lenta de los soviéticos. En un momento de power play, o mayoría de jugadores en el campo debido a la exclusión de un jugador rival por una conducta antideportiva, Mark Johnson consiguió anotar de un disparo lejano para poner una vez más las tablas en el marcador. Posteriormente, a falta de diez minutos para el final, un error en el pase de Vassily Pervukin dejó el puck en zona muerta apareciendo Mike Eruzione para, con las miles de gargantas norteamericanas jaleándole, atravesar terreno soviético y realizar un disparo soberbio que se colaría en la portería de la Unión Soviética y daría por primera vez la ventaja al equipo estadounidense. Los aficionados no se lo podían creer. El milagro parecía tomar forma. Sin embargo, habría que aguantar las feroces acometidas de los soviéticos durante diez largos minutos. Comentan los jugadores de Estados Unidos que, por primera vez podían ver los nervios en la piel de los jugadores de la Unión Soviética. Los últimos minutos del partido fueron trepidantes, como legendarias fueron las palabras del comentarista de la televisión Al Michaels que, faltando diez segundos para el final del partido comenzó la cuenta atrás y tras estallar en júbilo con el pitido final decía: “¿Creéis en milagros? ¡Yo sí!”

Tras este fantástico triunfo todavía hubo de refrendar la hazaña pues quedaba el partido contra Finlandia. Dado que la Unión Soviética había vencido sus correspondientes partidos de la fase final, los estadounidenses debían hacer lo propio o de lo contrario no habría servido de nada ganar a la Unión Soviética, pues estos se alzarían con el oro. El entrenador Brooks quiso hacer énfasis en la importancia de su duelo contra Finlandia señalando antes del inicio del tercer periodo y con marcador adverso de 2 a 1 que si perdían este partido esta derrota les perseguiría por el resto de sus vidas como la vez que dejaron escapar una hazaña que estuvo al alcance de sus manos. Los Estados Unidos le darían la vuelta al marcador para alzarse con la victoria con un marcador de 4 a 2 y así conseguir el oro olímpico.

 

ANDER JAVIER AGUIRRE CARRION